"El sentido de respeto y autoridad se había evaporado en horas". Dieciocho meses después, la agente de la Guardia Civil W86153J parece que todavía no se puede explicar que pasó aquel 1 de octubre del 2017 en Sant Martí Sesgueioles. Hoy, pero ha expuesto su versión en la sala de plenos de Supremo. Momentos antes, el tribunal había escuchado la entrada del teniente G57387Z en el colegio de Sant Joan de Vilatorrada. "Lo que vi no se me borrará nunca de la cabeza. Una muestra de odio, desprecio...", ha relatado.

El 1-O ha irrumpido hoy de lleno en la sala del Supremo que juzga el procés. Lo ha hecho, de manera inesperada, a través del relato de dos Guardias Civiles citados para explicar los registros previos al referéndum, en busca de urnas y papeletas, pero que también estuvieron en la jornada electoral.

El tribunal ha asistido a un relato tenso, de violencia. Mucha violencia, según los agentes, y –de nuevo- rabia. "Actitud pacífica no había por ningún sitio", ha explicado el sargento G57387Z, que ha resultado ser, además, uno de los padres de l'IES Sant Andreu de la Barca que denunció a los profesores por las protestas al día siguiente del 1-O. "Mi hijo está orgulloso de la profesión de su padre, quiere seguir la profesión de su padre. No puede ser que lo hagan salir a protestar por lo que" ha "hecho", ha argumentado.

La versión de los Guardias Civiles no se ha podido contrastar con los vídeos, ni siquiera con los que hicieron los mismos agentes. El tribunal ha dejado claro que las imágenes no se podrán visionar hasta que no se pase a la fase de pruebas documentales. Y eso no ha hecho más que subir aún más la temperatura de la sala.

"Se masticaba el odio, la rabia. No sé cómo aquellas personas habían podido contener tanta rabia", ha llegado a asegurar el teniente G57387 en medio de un relato de patadas y puñetazos. ¿Y los Mossos? Les exigían la orden judicial y los tuvieron que apartar con el escudo y las manos, para chocar a continuación con que la primera línea de resistencia era de bomberos uniformados.

 

"¿Le ha afectado personalmente?", ha preguntado el fiscal. "Y tanto. Estás acostumbrado a oír de todo, pero acaba afectando hasta el punto de plantearte pedir un nuevo destino", ha explicado.

A preguntas del abogado Benet Salellas, el teniente ha asegurado que no vio que se produjera lesiones a nadie, que el uso de las defensas fue proporcional y oportuno, que no vio a nadie arrastrado por una escalera...

"¿Recuerda haber visto compañeros suyos golpeando a personas que gritaban somos gente de paz?", ha preguntado Jordi Pina. "No". Es más, ha asegurado que los vídeos que ha visto de los hechos eran de agentes haciendo uso "legítimo de la violencia". ¿Cómo se explica que con esta violencia que describe un cordón de 10 agentes fuera suficiente para sacar las urnas frente a la resistencia de 300 o 400 personas sin que nadie intentara recuperarlas?, ha preguntado Pina, en un interrogatorio tan intenso que el presidente de la sala, Manuel Marchena, le ha frenado: "No riña al testigo. Está intentando dar su versión".

No obstante, ha tenido que ser el propio Marchena quien acabara preguntando: "Es muy sencillo, ha descrito una masa de 400 personas, alguien ha intentado cogerle las urnas?". "No".

Antes de marcharse el teniente todavía ha tenido que explicar que la Fiscalía no elevó la denuncia que planteó contra los profesores del instituto de su hijo.

El mismo tono y la misma intensidad se ha repetido con la agente que le ha seguido. La última de la tarde y la segunda mujer del cuerpo que comparece. La Guardia Civil W86153J ha hablado de los hechos de Sant Martí de Sesgueioles, de una masa concentrada, de una situación muy hostil, de mesas y sillas formando una barricada. De insultos... y de obstinación.

 

La agente ha hecho un relato de empujones hasta conseguir entrar en el despacho donde estaba la urna que resultaría ser de cartón y con un listado falso de votantes. "Era una simulación", explica, mientras la testigo y el fiscal especulan sobre las razones del montaje. Las urnas de verdad estaban en el garaje de un particular.

Y, de nuevo, el turno de las defensas. "¿Es cierto que en las mesas había zumos, Cacaolats, latas, como si fuera una merienda?", interroga el abogado Andreu Van den Eynde. "Yo zumos no vi", replica la agente. Tampoco ha confirmado las grabaciones de audio de las propias cámaras del cuerpo. "¿Si faltan escudos damos pinchazos, qué quiere decir pinchazos"? pregunta Van den Eynde en relación a las voces de los agentes que se escuchan en las grabaciones de la propia Guardia Civil. "No sé". "Metía la porra hasta dentro como si no hubiera mañana. Oyó eso"?. "No". "Oyó la conversación que decía si a uno no le he roto la costilla, poco le falta"?. "No".

Cuando el abogado Jordi Pina le ha preguntado si había visto las imágenes en que se ovacionaba desde diferentes puntos de España a los guardias civiles al grito del a por ellos, la agente ha tardado unos instantes en responder hasta admitir "sí he visto estas imágenes". Cuando ha llegado el turno de Benet Salellas, al principio la agente de larga melena caoba ni siquiera se giraba.

Esta tarde, el tribunal del Supremo que juzga el procés ha tenido una cata de lo que será los interrogatorios del 1-O. Los vídeos, llegarán después.

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