Extracto del capítulo 4 de Per què la independència va fracassar i per què encara és possible, de Adrià Alsina, que se presenta y pone en venta este lunes 1 de marzo.

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Los expertos distinguen dos estilos básicos de negociación. El estilo de negociación "suave" asume un objetivo compartido de generar valor para todo el mundo desde la buena voluntad mediante un acuerdo que sea mejor que la suma de las partes. Para entendernos, es la negociación que haces con los compañeros de piso para decidir cómo os organizáis para hacer las compras básicas y la limpieza, partiendo de un reparto honesto de horas, esfuerzos y dinero. Este estilo de negociación también es típico de comunidades de base comercial —o tendera—, como la catalana.

El reverso del estilo suave es el estilo "duro". El estilo duro se basa al entender la negociación como una competición en la cual el adversario tiene que ganarse tu respeto. Este estilo no busca la creación de valor, sino que plantea un juego de suma cero en que o se aceptan tus condiciones o te levantas de la mesa para preservar tu dignidad, aceptando todas las consecuencias. Esta es la táctica de negociación más utilizada en las relaciones entre estados —también por España, que veta cualquier acuerdo europeo si no incluye la traducción oficial al español, por ejemplo. Si tienes más de 35 años, recordarás el anuncio del juego de mesa Scattergories de 1992, alias "aceptamos barco", un ejemplo perfecto de este estilo. ¿Cuál es el único problema? Que para que esta técnica funcione tienes que hacer creer en los otros que realmente estás dispuesto a levantarte de la mesa y marcharte, justo lo contrario de lo que nos pasa a los independentistas, que hemos abusado tanto del "no lo permitiremos" para inmediatamente después permitirlo todo, que no nos toman en serio.

Tenemos que adoptar el estilo más duro de todos, la táctica Kim Jong-un: convencer el mundo entero de que estamos completamente locos

¿Te parece extremo? Pues no lo pienses, porque lo que queremos conseguir es el premio más extremo del planeta: entrar en el club de los estados soberanos, una fiesta en la cual la mayoría ha entrado dejando un rastro de cadáveres ante la puerta. De hecho, no sólo nos tenemos que acostumbrar al estilo duro, sino que tenemos que adoptar el estilo más duro de todos, la táctica Kim Jong-un, que consiste en convencer el mundo entero de que estamos completamente locos: literalmente, tirar la bomba atómica primero y negociar después.

Corea del Norte hizo cuatro tests de bombas atómicas durante la década pasada: febrero de 2013, enero y septiembre de 2016 y septiembre de 2017. A finales de 2017, Kim Jong-un había demostrado que poseía decenas de bombas de hidrógeno y cohetes y que eran capaces de llevarlas hasta cualquier gran ciudad de los Estados Unidos. Toda la prensa mundial iba llena de la "locura" de Kim Jong-un y de cómo el mundo podía estar al borde de una nueva guerra nuclear.

Los medios han caracterizado a Boris Johnson como un loco peligroso dispuesto a arruinar el Reino Unido para cumplir su fantasía del Brexit

Sin embargo, a finales de 2018, todo cambió: Kim Jong-un anunció que estaba abierto al diálogo con Corea del Sur para participar en los Juegos Olímpicos de invierno. La línea directa Seúl-Pyongyang se reabrió después de casi dos años y, efectivamente, Corea del Norte y Corea del Sur marcharon juntos en la ceremonia de apertura de los Olímpicos y presentaron un equipo femenino unido de hockey sobre hielo. A la cumbre intercoreana de abril del 2018, Kim Jong-un y el presidente surcoreano Moon Jae-in firmaron la Declaración de Panmunjon, comprometiéndose a convertir el Armisticio de la guerra de Corea en un tratado de paz que pondría fin de una vez a la guerra de Corea.

El 12 de junio de 2018, Kim se reunió con Donald Trump y firmó una declaración para la paz, el desarme nuclear y la repatriación de los restos de los muertos en la guerra. Era la primera reunión de la historia entre los líderes de ambos estados. Se han sucedido otros encuentros menos exitosos, pero Kim Jong-un ya tiene lo que quería, que es lo mismo que nosotros: volver a la escena internacional por la puerta grande. ¿Cómo? Convenciendo al mundo que realmente estaba dispuesto a hacer saltar el planeta por los aires, incluido su país. ¿Lo estaba? Por suerte, nunca lo sabremos.

Kim Jong-un y Boris Johnson ganan porque convencen al mundo de que están dispuestos a aceptar las consecuencias del no acuerdo

Otro caso de éxito de la táctica Kim Jong-un es el primer ministro británico Boris Johnson. Durante su mandato, los medios de medio mundo lo han caracterizado como un loco peligroso dispuesto a arruinar al Reino Unido para cumplir su fantasía del Brexit. Lo que no entendían —y no han entendido todavía— todos los periodistas que ridiculizaban a Johnson, era que él contaba precisamente con esta caracterización como táctica para conseguir una negociación favorable con la Unión Europea.

Al final, los líderes de la Unión Europea han aprobado un acuerdo para el Brexit que da pleno acceso al mercado común a los ingleses y que evita el apocalipsis que algunos supuestos expertos contribuyeron a difundir como inevitable, ayudando a Johnson sin saberlo. El primer ministro podrá presentarse a las próximas elecciones habiendo cumplido con la voluntad de la mayoría —corta, en efecto, pero mayoría— de los británicos. El reto del segundo referéndum escocés es otra cuestión, pero en el Reino Unido la cuestión escocesa no se vive con la paranoia con la que España vive la cuestión catalana, así que incluso la independencia de Escocia podrá verse como un precio razonable que pagar para "recuperar el control" —cómo decía el eslogan del Brexit—, o para afianzar la soberanía del Reino Unido.

Todo eso nos prepara para el momento clave en que todos, desde los líderes hasta el 3,5% de movilizados, tendrán que jugársela de verdad

Kim Jong-un y Boris Johnson juegan y ganan porque convencen al mundo de que están dispuestos a aceptar las consecuencias del no acuerdo y, a través de sus acciones concretas, ganan suficiente credibilidad como para asustar a sus interlocutores. Esta es la táctica realista que tenemos que empezar a utilizar desde hoy si queremos llegar vivos y entrenados a la fase clave del próximo embate.

Por eso, durante los años de preparación, los partidos independentistas deberían aprovechar a sus diputados en Madrid con visión de Poder. Eso quiere decir que en cada negociación de presupuestos o ley en que puedan ser decisivos, las únicas opciones deben ser:

  • Acuerdo para el traspaso completo de una institución de Poder, como los aeropuertos o la ficha bancaria para el Institut Català de Finances.
  • Si no hay acuerdo, bloqueo de los presupuestos, leyes y, si procede, elecciones anticipadas. Los partidos independentistas no tienen que tener miedo de un gobierno de "la derecha" o "la ultraderecha", porque lo importante no son los presupuestos ni el traspaso de las instituciones de Poder.

A medida que nos vamos acercando al final, la próxima vez que le pregunten a un líder independentista si está dispuesto a asumir muertos para obtener la independencia, su respuesta tiene que ser:

  • Yo no dispararé primero, nuestra gente no tiene armas. Quien sí tiene armas y un ejército es el gobierno español. Si España dispara primero, declararemos y defenderemos la independencia igualmente y, ademàs, todos los líderes españoles y cada uno de sus votantes tendrán que cargar para siempre con el peso de su error.

Todo eso nos prepara para el momento clave en que todos, desde los líderes hasta el 3,5% de movilizados, tendrán que jugársela de verdad.

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