Las independencias de las tres repúblicas bálticas en 1991, y de Eslovenia y Croacia, en 1992, se hicieron con la oposición de todas las grandes potencias mundiales. Lituania fue la primera en tomar la decisión. Lo hizo el 11 de marzo de 1990 y pasó un año y medio, hasta el 6 de septiembre de 1991, buscando reconocimiento internacional. Entretanto, soportó presiones colosales para que retrocediera, hasta que Islandia y otros países escandinavos se conjuraron para darle los primeros reconocimientos en septiembre de 1991.

Este recorte de La Vanguardia de 1990 es un resumen de lo que le cayó encima a Lituania entre la proclamación de la independencia y el reconocimiento internacional:

A Eslovenia y Croacia les pasó una cosa parecida. En menos de medio año, sin embargo, se impuso la política de hechos consumados de los dos países secesionistas. El resumen, también en recortes de La Vanguardia y de El País:

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