Salvador Illa se ha convertido en uno de los principales puntales de Pedro Sánchez desde que llegó a la presidencia de la Generalitat. Igualmente, hace dos años también el presidente español fue protagonista de la campaña electoral que llevó a Illa al Govern. Justo dos días antes del inicio de aquella campaña, Sánchez anunció a través de una carta a la ciudadanía que cancelaba su agenda para reflexionar sobre su futuro a raíz de la apertura de diligencias judiciales contra su mujer, Begoña Gómez. Fueron cinco días de paréntesis que mantuvieron con el alma en vilo a la militancia socialista, que incluso montó manifestaciones ante la sede del PSOE al grito de Pedro quédate. La noticia polarizó el inicio de la campaña electoral al Parlament y marcó aquellos comicios. Una vez regresado y con la militancia todavía en shock, Sánchez se volcó en la carrera de Illa, que de rebote se convertía en su propia carrera. La victoria del PSC en aquellos comicios le tenía que servir para apuntarse una victoria e inyectar optimismo en las filas de un PSOE ya muy golpeado. Pero fue un parche temporal porque la inmersión de Sánchez en el abismo de acusaciones de corrupción de su entorno no había hecho más que empezar.
Dos años más tarde, el asedio judicial ha continuado cerrándose alrededor del presidente español, que ha tenido que sufrir una nueva semana horribilis. Y el PSOE se remueve inquieto. A pesar de que el comité federal cierra filas con su secretario general, el expresidente Felipe González ha repetido la exigencia de convocar elecciones. En cambio, el apoyo de Illa a Sánchez continúa inalterable. El president de la Generalitat y primer secretario del PSC mantiene su aval sin tapujos. En el último consejo nacional del PSC, a finales de mayo, describió a Sánchez como un "referente moral y de dignidad". La semana pasada en la sesión de control en el Parlament, el president tampoco dudó cuando el popular Alejandro Fernández lo desafió a poner la mano en el fuego por Sánchez. "El mejor presidente del Govern que ha tenido España", sentenció ante el hemiciclo. Por si alguien tenía alguna duda, este sábado ha escenificado su apoyo ante el Comité Federal del PSOE.
Del Chilli a los gastos electorales
Todo ello a pesar de que el president ha sentido caer muy cerca los obuses judiciales que asedian a Sánchez. PP y Vox han intentado vincular a Illa con insistencia en el caso Mascarillas a través de una empresaria china Xiaojuan Li, en busca y captura por haber vendido material defectuoso al Ministerio de Sanidad cuando el president ocupaba aquella cartera. "No tengo ni puñetera idea de quién es el Chilli", llegó a responder Illa al popular Alejandro Fernández.
A finales de mayo fue el juez del caso Leire, Santiago Pedraz, quien hizo estremecer a los socialistas catalanes cuando reclamó toda la información sobre los gastos de la última campaña electoral del PSC en el Parlament, la que llevó a Illa al Govern el 2024. El juez investigaba si la campaña de Illa se había convertido en la vía del PSOE para un supuesto pago a la periodista Patricia López de Crónica Libre, una de las implicadas de la trama de Leire Díez. La investigación concluyó posteriormente que el pago a la periodista de Crónica Libre se hizo a través de una agencia de medios de Barcelona, IKI Group, en el marco de la campaña electoral de las elecciones europeas que se celebraron en junio de aquel mismo año. El PSC desmintió a través de una nota de prensa que aquella empresa fuera una de las agencias de medios que utiliza.
A pesar de todo, PP y Vox no han aflojado la presión y el martes de esta semana han vuelto a llevar a la Mesa del Parlament la petición de que Illa comparezca para dar explicaciones sobre los casos de corrupción. PSC, ERC y Comuns han evitado que la petición de comparecencia prosperara. No es la primera vez. También tuvieron que bloquear otra petición en el mismo sentido en la Junta de Portavoces el pasado 2 de junio.
También el líder estatal del PP, Alberto Núñez Feijóo, ha interrogado este sábado a Illa durante su intervención en el congreso de los populares catalanes sobre su apoyo a Sánchez. Incluso le ha reprochado excesiva subordinación del PSC al PSOE. "No sé qué le debe el señor Illa al señor Sánchez. No sé por qué le apoya incondicionalmente; no lo sé. No sé por qué hace lo que Sánchez le obliga. Lo que sí sé es que cuando se habla mucho de autonomía de Catalunya, hombre, un poco de distancia sobre Sánchez debería adoptar el PSC", ha ironizado.
Presupuestos
Todo ello amenaza con eclipsar la próxima semana uno de los hitos más importantes que conseguirá el Govern de Illa, la aprobación de unos presupuestos de la Generalitat por primera vez desde 2023. Al llegar al Govern en agosto de 2024, Illa desestimó presentar las cuentas para ese año y decidió apostar por impulsar las de 2025. Sin embargo, tampoco lo consiguió en el siguiente ejercicio ni logró cerrar los presupuestos de este año antes del 1 de enero, como marca la ley. Han hecho falta seis meses para conseguir fumata blanca y los presupuestos entrarán en vigor cuando ya se habrá superado la mitad del ejercicio. La razón ha sido la negativa del Gobierno a hacer el gesto que reclamaba ERC a favor de la cesión del IRPF a Catalunya como condición previa para sentarse a negociar los presupuestos. En estos seis meses, Illa incluso planteó un pulso al partido de Oriol Junqueras tramitando el proyecto en el Parlament sin haberlo consensuado previamente con los socios republicanos. ERC aguantó el envite y a mediados de marzo el Govern tuvo que retirar los presupuestos. Nunca había pasado que un Govern retirara del Parlament el proyecto presupuestario para evitar que lo tumbara el hemiciclo. A cambio, ERC renunció al gesto que reclamaba sobre la cesión del IRPF, y un mes más tarde se anunció el acuerdo para las cuentas.
Los presupuestos que el jueves deberá ratificar el pleno del Parlament ascienden a 49.162 millones de euros, lo que representa un 22% respecto a las últimas cuentas aprobadas, hace tres años, y un 10,3% en relación con las cuentas prorrogadas en 2025 y con las ampliaciones de crédito. Sin embargo, más allá de las grandes cifras, representará un balón de oxígeno para el Govern de Illa. La no aprobación de los presupuestos no solo habría agujereado de manera considerable su discurso sobre la normalización y la estabilidad política, sino que habría avivado las voces reclamando la convocatoria de elecciones ante la incapacidad del Govern de sacar adelante sus proyectos. Los de este año aparecen, además, como la última oportunidad para aprobar unas cuentas, dado que el ciclo electoral que se pone en marcha el próximo año con las elecciones municipales y generales hace casi imposible pensar en la posibilidad de que haya nuevos presupuestos en 2027.