Recién salidos del estado de alarma y con elecciones ya a la vista. El próximo 12 de julio, vascos y gallegos irán a las urnas, no se sabe si masivamente pero sí con mascarilla y distancia de seguridad. Fue uno de los compromisos que arrancó el lehendakari Íñigo Urkullu y rápidamente se apuntó el presidente Alberto Núñez Feijoó. En el actual contexto, los comicios tendrán trascendencia más allá de estos territorios. Serán el primer gran examen tanto para el presidente Pedro Sánchez como para el líder de la oposición Pablo Casado. El primero podría respirar más aliviado, mientras el segundo podría llevarse una doble bofetada.

En el País Vasco, para el lehendakari Íñigo Urkullu, la pandemia ha sido un revulsivo. Los cuerpos enterrados y todavía no encontrados en el vertedero de Zaldibar han quedado bien olvidados, y su gestión del estado de alarma, arrancando cesiones de La Moncloa, ha reforzado su liderazgo. Tanto es así que el CIS es categórico. Los nacionalistas vascos, con el 40% de los votos, subirían entre 4 y 6 escaños. Sus socios, el PSE-EE, subirían entre dos y cuatro. El PNV y los socialistas podrían revalidar con comodidad su alianza en Ajuria Enea. Lo mismo pronostican otras encuestas publicadas en las últimas semanas.

El mismo presidente español visitará este domingo San Sebastián, para participar en un mitin al lado de Idoia Mendia. También se desplazarán la vicepresidenta Carmen Calvo o el ministro Fernando Grande-Marlaska. El Gobierno puede consolidar en tierras vascas su autoridad interna el PSOE. Después del porrazo en las últimas vascas y gallegas, Sánchez dimitió como secretario general. Ahora corren otros tiempos. La victoria le daría un poco de aire, reforzando la alianza con el PNV también en Madrid.

Por si faltaban dudas, a horas del inicio de la campaña electoral, la comisión de transferencias entre el Estado y el País Vasco ha acordado este jueves traspasar tres nuevas competencias por un valor de 7,5 millones de euros. Urkullu ya tiene peix al cove que ofrecer a los votantes.

En cambio, para Pablo Casado, las cosas van mal dadas en el País Vasco. En su momento, la cúpula estatal decidió apartar al exministro Alfonso Alonso, del sector moderado, para imponer a Carlos Iturgaiz, del ala más dura de los populares y de la cuerda de Casado, como cabeza de cartel de una coalición con Ciudadanos. Los pronósticos no les son favorables. La alianza no sumaría, sino que restaría. Del 10,2% de las elecciones del 2016 al 5,9% que prevé el CIS. De los actuales nueve escaños en el Parlamento vasco a un horquilla entre 3 y 6 diputados.

La estocada, sin embargo, podría venir por Galicia. El CIS y otros pronostican una nueva mayoría absoluta del PP, con entre 40 y 42 escaños (ahora tiene 41), duplicando en votos al PSOE. Dejaría  aCiudadanos, con quienes Feijoó se negó a compartir candidatura, fuera del Parlamento gallego una vez más. Sería su cuarta mayoría absoluta, igualando el récord establecido por Manuel Fraga. Debería ser un gran éxito para Casado si no fuera porque Feijoó es el principal opositor interno al estilo crispado de la dirección estatal. Es la amenaza eterna sobre su cabeza. Sumado al fracaso del experimento vasco, sería una enmienda a la totalidad a la estrategia de Génova.

Las izquierdas independentistas

En el País Vasco, según el CIS y la mayoría de encuestas publicadas, EH Bildu se consolidaría como segunda fuerza en el Parlamento con unos resultados más o menos estables. La incógnita es qué pasa con Elkarrekin Podemos, especialmente después de la rectificación sobre la investigación de los GAL. En Galicia, el BNG recuperaría terreno después de su regreso al Congreso de los Diputados y su papel protagonista en la investidura. Podría duplicar su representación y ser la tercera fuerza, a costa de Galicia en Común, que se desplomaría.

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