La crisis del coronavirus puede significar un antes y un después en el modelo de ciudad que Barcelona ha seguido en las últimas décadas. Con la incertidumbre todavía en el aire, se prevén meses en los que el turismo y la restauración sufrirán como nunca los efectos de la Covid-19. En este contexto, y dentro del marco de las conversaciones organizadas por el Club del Nacional, hemos podido hablar con Ernest Maragall (Barcelona, 1943), jefe de la oposición en el consistorio barcelonés y líder de ERC en la capital catalana. Esta entrevista, que tenía que ser emitida en directo por Youtube pero no ha sido posible por problemas técnicos, se ha hecho a través de las preguntas de nuestros lectores.

Antes de pasar a las preguntas de los lectores, la primera es casi obligada en estos tiempos. ¿Cómo lleva el confinamiento?
Como todo el mundo, me temo. Con esta mezcla de impaciencia, adaptación y paciencia, pero los que se lo pasan mal son los que están en la primera línea: los enfermos, los familiares y todos los profesionales. Yo lo vivo bien de cerca, tengo familiares y tengo una hija trabajando y todos tenemos amigos y gente próxima que están en otro grado de tensión. Estos sí que son los que lo pasan mal o con mucha tensión. Nosotros estamos en casa, estamos tranquilos y bien, y eso no quiere decir que no tengamos toda la impaciencia para volver a la vida, al contacto, al abrazo, la mirada, etcétera.

La primera pregunta de los lectores de El Nacional es: ¿qué puede hacer Barcelona como ciudad para aliviar el golpe de la crisis provocada por el coronavirus?
Tendremos que aplicar varias medidas. Harán falta una actuación y medidas concretas a todos los niveles de responsabilidad pública. En el terreno económico y fiscal quien tiene más responsabilidad es el Estado, y en parte el Govern de la Generalitat, pero también el ayuntamiento. Aunque tiene un ámbito de fiscalidad propia menor, en algunos sectores específicos puede ser relevante. Pero en la ciudad lo que nos corresponde es crear las condiciones de ambiente, clima, corresponsabilidad, y de decisión compartida sobre como reanimamos la economía, como nos comprometemos a adoptar criterios que permitan redistribuir mejor la riqueza y los efectos de la crisis. La situación de partida es muy difícil porque hay una parte significativa de la población que ha recibido muy fuerte en términos de trabajo perdido, en términos de capacidad de subsistencia y retribución no recibida. Hay mucho que hacer para mantener los mínimos de cohesión social. Y, en este punto, creo que el ayuntamiento puede jugar un papel muy relevante. Y después tiene que haber medidas de estímulo. Una de las lecciones de la crisis también es que el ayuntamiento tiene que tener un rol más explícito desde el punto de vista económico y competencial.

¿Cómo?
Plantearemos al Estado y a la Generalitat una reforma de estos entornos de financiaciones. El ayuntamiento tiene demasiado poca responsabilidad, queremos tenerla. La carta de Barcelona nos la da, pero no acaba de estar del todo desplegada. Y responsabilidad quiere decir mayores ingresos para fiscalidad y transferencia del Estado y quiere decir mayores obligaciones. Creo que la ciudad tiene que apostar fuerte por un cambio de modelo productivo en una nueva tendencia exclusiva del turismo y de la hostelería. Tenemos que apostar por más formación, profesionalidad, más cohesión social, en definitiva, y creo que podemos hacerlo. Barcelona es de las ciudades que está en las mejores condiciones para hacerlo.

Tenemos una asignatura pendiente con el turismo interior, hay que volver a promoverlo

Habrá sectores muy afectados por esta crisis. Especialmente el comercio, el turismo, la restauración... ¿Cómo se les puede ayudar?
No sólo podemos suspirar por la cantidad perdida, sino que nos tendremos que adaptar a la situación, que también tiene oportunidades, claramente. Turismo, hostelería y restauración son los sectores más directamente afectados. Tendremos que saber ajustar la oferta, promoverla, estimularla y tomar medidas muy concretas para aquello en que pueda haber demanda y consumo. Los ciudadanos de Barcelona tienen que poder moverse, comprar, consumir y disfrutar de nuestros magníficos restaurantes y de los bares. Con el turismo tenemos una asignatura pendiente de turismo interior. Tenemos que volver a promoverlo y recuperarlo con una cierta intensidad, visto que será más largo recuperar niveles anteriores de turismo externo. Estamos un poco obligados, pero yo diría que felizmente obligados a hacer eso. Tendremos que saberlo hacer, pero eso requiere también un ritmo y hacen falta medidas de estímulo fiscal y activo. Más promoción y más ajuste a la demanda afectiva.

¿Y cómo se promociona este modelo?
Pues lo tenemos que hacer juntos. El lunes nos reunimos con los restauradores y nos pedían valentía, complicidad y empatía. No es una cuestión que el ayuntamiento se invente. Tenemos que poder trabajar, debatir y decidir actuaciones conjuntas y con corresponsabilidad. Tenemos que hacer promoción en el sentido clásico, en el sentido de difusión, en el sentido de definición de oferta adecuada y apuntar a la reconversión del propio sector. Tenemos que ir a una mayor profesionalidad, a un mayor nivel de formación y un mayor nivel retributivo. Eso pide un cierto tiempo, pero hay que ponerlo en marcha inmediatamente, no podemos esperar mucho. También se tienen que cambiar y actualizar todos los procedimientos y trámites que hoy tenemos y que son cargantes, lentos y a veces desesperantes. Hay mucho trabajo y la gracia será hacerlo juntos y con responsabilidad.

El sector del turismo se tiene que reconvertir. Hay que ir a una mayor profesionalidad, un mayor nivel de formación y más retribución

Otro lector nos pide que valore unas declaraciones de la segunda teniente de alcalde Janet Sanz, que el otro día defendió que después del coronavirus la industria automovilística de la ciudad no se reactivara y que se optara por sectores "más limpios". ¿Qué piensa de ello?
Es evidente que en la forma fueron desafortunadas y en el fondo también. Ahora, aquí hay una reflexión que hay que hacer, que es de modelo productivo, de ciudad, del papel de la movilidad y de la industria automovilística. Pero es un debate que la propia industria ya estaba teniendo, porque es consciente de las exigencias de cambios que les plantea el cambio climático. El mundo de la industria automovilística ya estaba queriendo afrontar este debate antes de la Covid-19. Yo he tenido conversaciones con la Seat y recuerdo su actitud abierta a la adaptación y a la innovación del contenido de su producción en la buena dirección. Creo que tenemos que estimular esta industria y estar a su lado. ¿Podemos prescindir de este potencial industrial? ¿Podemos prescindir de Seat o Nissan o de toda la industria que los acompaña? Lo que tenemos que hacer es saber dónde estamos ahora y saber cuál es el camino de cambio, de innovación y renovación que piden, pero lo tenemos que hacer con una actitud absolutamente positiva y estimulante, no restrictiva, y aún menos de exigencia crítica.

¿Cuál tiene que ser este cambio de movilidad? ¿Más carriles bicicleta y más espacio transitable? Ahora que se tendrá que aplicar una distancia social, ¿no hay más posibilidades de que los ciudadanos opten por el transporte privado, como el coche, para evitar las aglomeraciones de metros y autobuses?
La crisis del coronavirus, además de las consecuencias críticas y de efectos negativos muy evidentes, nos aporta también un conjunto de oportunidades. Aquí hay una exigencia que es también una oportunidad, en el terreno de la movilidad. Tenemos que tener un debate de fondo sobre qué quiere decir espacio público y qué quiere decir coexistencia de intereses, de roles y de protagonismos. Ahora es muy evidente que tiene que ser para el ciudadano, para la persona, y para la movilidad sostenible. Nos estamos quedando cortos y lejos. Tenemos que hablar de transporte público y de urbanismo ambicioso y nos tenemos que adaptar a las nuevas condiciones de convivencia que la situación exige. De hecho, quiere decir más metros cuadrados por persona. Tenemos que conseguir que cada ciudadano pueda tener más metros cuadrados de verde y de espacio disponible, de movilidad individual sostenible, y de movilidad colectiva sostenible también.

Tenemos que conseguir que cada ciudadano pueda tener más metros cuadrados de verde y de espacio disponible, de movilidad individual sostenible, y de movilidad colectiva

¿De más transporte público, quiere decir?
Es la hora del transporte público sostenible basado en energías renovables y con las condiciones adecuadas de densidad y de capacidad. Hará falta más capacidad, pero tendremos que cambiar los parámetros. Hasta ahora decíamos que un autobús podía transportar a tanta gente y ahora cada autobús podrá llevar a un poco menos de gente y tendremos que decidir cuándo y cómo haremos estas cosas y lo tenemos que hacer colaborando con la industria de la movilidad automovilística. No es un trabajo de unas semanas y sólo útil para la emergencia. Eso va mucho más lejos.

¿Hará falta, por lo tanto, ampliar la frecuencia del transporte público para evitar aglomeraciones y permitir la distancia social?
Tendremos que ver cómo quedan las medidas de las autoridades sanitarias. Pero algunos protestan, y con razón, porque le llamemos distancia social. Es distancia física, pero tenemos que vigilar justamente para no perder la proximidad social. Tendríamos que conseguir que ciudad quiera seguir diciendo ciudad, que en este viaje no resulte que perdamos la ciudad como capacidad de convivencia y como realidad de apropiación colectiva. Eso tiene que seguir siendo posible. Y, por lo tanto, tenemos que decidir todos juntos, evidentemente, cuáles son los nuevos parámetros, límites y exigencias. Más allá del espacio público a mí me preocupa también la cultura. Cómo podemos compartir existencia de cines, espectáculos, procesos creativos, grupos de ciudadanos actuando y creando colectivamente. Hay toda una nueva situación de complejidades que tendremos que seguir afrontando. Hay muchas posibilidades de hacerlo y hacerlo bien, y precisamente en ciudades como Barcelona, donde tenemos talento, capacidad y conciencia de querer seguir siendo ciudad con todo lo que implica... Seamos referencia en todo eso, no esperemos que nos lo enseñen.

El cambio de época es cierto, pero tenemos una oportunidad de cambiar las condiciones del modelo productivo, de convivencia y de movilidad

Parece que hable de una nueva era. Esta es una de las preguntas que nos hace llegar otra lectora del diario, que pregunta si estamos ante una nueva crisis, como la de 2008, o ante un cambio de época.
Es evidente que no es una crisis como la del 2008 y hay elementos que nos tendrían que acercar a este concepto de cambio de época. Pero yo me resisto bastante a decirlo porque parece que por el solo hecho de decirlo ya estás sustituyendo la complejidad añadida de lo que quiere decir cambio de época. Prefiero no hablar tanto y hacerla, practicarla. El cambio de época o cambio de paradigma es cierto, pero tenemos una oportunidad también en él, de cambiar las condiciones del modelo productivo, de convivencia, de movilidad, que quiere decir vivienda sostenible y energías renovables. Es decir, hemos hablado muchos años de globalización y de cambio climático y hoy tenemos que hablar de pandemia, pero en el fondo los tres conceptos son en alguna medida lo mismo. Tendremos que actuar. A partir de ahora lo que es público tiene que recuperar espacio y poder democrático. La globalización se tiene que contrastar con muchas de las cosas y de las lecciones que hemos aprendido. Una de ellas es que ahora tenemos que aprender a producir y distribuir y tenemos que saber crear las condiciones de salud pública y convivencia que nos enseñen a no caer en los errores que la pandemia actual nos ha demostrado.

Lo que seguro que dejará esta crisis es más desigualdades. ¿Qué puede hacer el ayuntamiento de Barcelona para ayudar a las familias más vulnerables?
La pandemia lo que ha hecho es que las desigualdades que ya denunciábamos y criticábamos, pero que no se habían tomado las medidas adecuadas para afrontarlas, ahora se hayan agravado y se hayan añadido consecuencias, gravísimas en muchos casos. El ayuntamiento tiene que poder recuperar músculo para poder ocuparse de esto. Ahora tiene muchas competencias sobre aquello que es físico, pero hacen falta más sobre el aspecto humano y el servicio a las personas. El ayuntamiento tiene que poder hacer lo que no hacen los grandes sistemas. Tenemos que aumentar nuestra capacidad y los recursos que podemos dedicar. Ayuntamiento quiere decir proximidad a las personas, y los servicios sociales que tenemos hoy día piden a gritos una revisión, como concepto, como modelo. Si alguna cosa ha quedado clara, es que la mejor respuesta no es de unos servicios sociales concebidos desde una delegación de funciones de unos servicios externos. No puede ser que los servicios sociales sean una entidad económica más, un puro sector de actividad empresarial. Tiene que haber garantizada y regulada una responsabilidad pública.

Todavía en clave barcelonesa estrictamente, le preguntan si usted hubiera actuado diferente de Ada Colau en caso que actualmente ostentara la alcaldía de la ciudad.
Dicho ahora es demasiado fácil. No sé si se puede plantear en términos de mérito, en absoluto. La maquinaria municipal ha funcionado muy bien, entendida como la institución, los servicios, la gerencia, los trabajadores... En este terreno no hay mucho que decir. Ahora, creo que donde hay más distancia o diferencia es en el cómo se ha gobernado en el ámbito de la política, en las condiciones de lo que había que hacer y también en el ámbito de la relación con la sociedad barcelonesa.

¿Qué quiere decir?
Creo que el ayuntamiento ha fallado estrepitosamente en el sentido de cómo se relacionaba con la sociedad. Hemos perdido una oportunidad magnífica de establecer este tipo de relación de confianza y de responsabilidad entre sociedad y ayuntamiento. Este martes, sin embargo, se ha puesto en marcha la Taula de Ciutat, que tiene alguna posibilidad de corregir esta ciudad. Es la propuesta que desde ERC pusimos hace días sobre la mesa. ¡Saquémosla adelante! Pero no puede ser un escenario de compartir gesticulación, ni una pura escenografía. Tiene que ser para trabajar y para hacerlo eficazmente. Tendremos que hablar de muchas cosas, del sistema productivo, de los servicios públicos, de la regulación de la administración, de la fiscalidad, de la animación económica de estímulos que harán falta... El gobierno de Colau haría muy mal, como han hecho estas últimas semanas, de hacerlo en solitario.

Colau ha actuado en solitario, con absoluta unilateralidad

¿Han sentido en los últimos días que se actuaba al margen de la oposición?
Hasta ahora no se ha reunido el ayuntamiento, no hemos podido actuar como institución. Hemos estado más de un mes largo sin hacer reuniones ni plenarios. Sí que hemos tenido relaciones bilaterales e información, pero no hemos podido aportar criterios ni compartir decisiones o participar de la toma de decisiones. Eso se ha hecho con absoluta unilateralidad.

También han llegado preguntas sobre cómo tiene que ser el desconfinamiento y quién lo tiene que gestionar.
El Govern empezó tarde y mal el confinamiento y ahora con el desconfinamiento estamos repitiendo el mismo proceso. Hay una oportunidad perdida de proximidad y de sentido común. El mal confinamiento tuvo consecuencias muy evidentes en la intensidad y en la gravedad de la epidemia y la gestión del desconfinamiento puede dar también situaciones de gestión de la pandemia con mayores dificultades o mayores consecuencias activas. Por lo tanto, por proximidad, la responsabilidad tiene que ser del Govern de Catalunya y compartida en buena medida por los propios ayuntamientos y administraciones más próximas en el territorio. Desde el punto de vista urbano tienen que tener un papel los propios ayuntamientos, con sus capacidades y conocimientos y con su responsabilidad, claro está.

Este lenguaje bélico se podría quedar en anécdota, pero creo que es una muestra de su concepción de Estado

Cambiemos de tema. Otro lector del diario le pregunta si cree que los partidos nacionales españoles aprovechan la crisis del coronavirus para unir fuerzas y reinstaurar un estado "predemocrático, centralista, militarista".
Sí, sí, todo eso es bastante evidente. El espectáculo al cual nos han tenido sometidos hasta hace dos días desde el punto de vista de la actitud del propio gobierno y del lenguaje con el cual se han dirigido a nosotros. Este lenguaje bélico se podría quedar en anécdota, pero yo creo que no, creo que es una muestra adicional de una determinada concepción de lo que quiere decir Estado. Se ha aprovechado la situación de exepcionalidad para volver a crear un rol central y casi exclusivo en la toma de decisión. Hablan mucho de coordinación, pero lo que hacen en definitiva es tomar todas las decisiones y, además, negarse sistemáticamente a tener en cuenta el conocimiento, la capacidad y la proximidad que el gobierno de Catalunya y las administraciones territoriales tienen sobre su propia realidad. Y eso es muy mala señal. Y si lo contrastamos con las prácticas y evidencias que llevan otros países europeos con estructuras más federales, nos daremos cuenta del error grave que se ha cometido en este sentido inmediatamente. Lo peor es que no es sólo un error. Es también una advertencia.

La gestión del coronavirus de Sánchez nos carga de razones para la independencia de Catalunya

¿Qué quiere decir?
El Estado se ha encasillado en ser Estado. Un Estado que sabe mandar, pero no sabe gobernar. Sabe ejercer el poder, pero no es capaz de hacerlo, ni de compartirlo ni de administrarlo correctamente. Ni de acertar, primero con el diagnóstico y después con las decisiones de la situación. En estas condiciones se está agravando la calidad democrática. Sin embargo, esto puede ser una oportunidad porque nos aporta un elemento adicional y nos carga de razón para expresar nuestro proyecto de emancipación como país y como sociedad aquí en Catalunya. Es una evidencia añadida de lo que significa no ser Estado o estar obligados a aceptar la integración en un Estado que se manifiesta de esta manera. Es un estímulo magnífico para nuestro proyecto de libertad.

Última pregunta de lectores. ¿Por qué los partidos independentistas no rehacen su unidad para consolidar la soberanía y la república catalana?
Eso es un estímulo y una oportunidad en proyecto de futuro, pero también reclama o plantea exigencias ante la acción conjunta de las fuerzas soberanistas y que estamos a favor de la independencia. De eso se trata, efectivamente. Pero no se trata tanto de negar la pluralidad y la diversidad de opiniones y de ideologías que es el que nos define y de la que no queremos ni podemos prescindir. Se nos tiene que exigir que esta pluralidad la pongamos al servicio de una acción conjunta o de una unidad de fondo con respecto al proyecto compartido y esa es la misma cuestión ahora que hace un año y medio. Ahora con nuevas condiciones y exigencias. También es cierto que en estos momentos lo que la ciudadanía reclama y espera de nosotros, también de los partidos independentistas, es que apliquemos la unidad y la misma capacidad de generar puentes y consenso para la gestión de la crisis en sí misma. Lo primero que nos pide la ciudadanía es que salgamos bien de esta crisis, en el sentido de minimizar las consecuencias negativas lo más rápido posible. Y es evidente que en el marco de estas salidas de la crisis también aparecerán diferencias, porque las hay.

¿Cuáles?
Hay diferencias sobre cuál tiene que ser la estrategia económica, o la estrategia fiscal, sobre qué quiere decir Europa, que quieren decir los Estados, las naciones y los pueblos y las ciudades. Ahora todo eso está sobre la mesa y lo que nos piden los ciudadanos es eso. Tenemos que tener la capacidad de sacar adelante el país, desde la situación en la cual estamos y después, inmediatamente sí, poner en pie el proyecto de libertad. Ahora, todavía con más razón y más convencidos, tenemos que empezar por obtener la libertad de los presos políticos, que es increíble y todavía más absurdo y cruel que en esta situación en la cual estamos de salud pública, no se hayan tomado ya decisiones en este sentido, como por ejemplo la amnistía como evidencia inmediata. Aquí tenemos una agenda de trabajo muy amplia y muy exigente para todos los partidos soberanistas. Adelante, lo haremos.

Barcelona es capaz de protagonizar el mejor resurgimiento y construir un futuro con las mejores condiciones

Hasta aquí las preguntas que los lectores nos han enviado. No sé si tiene algún último mensaje que trasladar a nuestros lectores, y a los barceloneses en general.
Tenemos que enviar un mensaje de que, a pesar de todo, tenemos que mantener la confianza en nosotros mismos. Tenemos que mantener un nivel de exigencia alto, en nuestra responsabilidad colectiva y en nuestras instituciones. Tenemos que esperar, ahora hablo como ciudadano, que nuestro ayuntamiento esté a la altura y consiga crear esta mezcla de complicidad y responsabilidad que han definido nuestra ciudad durante mucho tiempo. Ahora se tiene que actualizar, la tenemos que hacer más fuerte, la tenemos que multiplicar y tiene que ser más ambiciosa. Pero podemos hacerlo. Podemos ser referencia. No se trata de quedar bien en la foto, se trata de ser referencia europea. Estoy convencido de que si hacemos bien este ejercicio de conversación profundizada y útil, no sólo para tenerla sino para tomar decisiones, efectivamente estaremos en condiciones de conseguir resultados visibles y que todo el mundo entienda que Barcelona es una ciudad capaz de protagonizar el mejor resurgimiento, la mejor capacidad de resurgir y reimpulsar y construir un futuro con las mejores condiciones posibles.

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