La apuesta de una parte del independentismo de persistir en la estrategia de confrontación con el Estado choca frontalmente con la vía por la cual transita Esquerra Republicana, que ganó las elecciones en Catalunya con la bandera del pragmatismo. La CUP ha decidido sumarse a la avalancha de críticas contra el pacto de ERC con el PSOE que capitanea desde el Govern el president Quim Torra. En un comunicado hecho público esta mañana avisan que "facilitar la gobernabilidad al Estado no aportará soluciones ni para frenar la represión ni para el ejercicio del derecho a la autodeterminación".
Los anticapitalistas lamentan que "dar apoyo a la investidura de Pedro Sánchez está lejos de resolver el conflicto político del Estado con Catalunya, ya que no sitúa el derecho a la autodeterminación, la amnistía para las personas represaliadas y los derechos sociales como ejes principales para su resolución". Consideran, además, que el programa común que han hecho público el PSOE y Podemos y que dibuja las líneas maestras del futuro gobierno progresista, no ofrece "políticas sociales que estén a la altura de las necesidades de las clases populares de todo el Estado".
Es por todo ello que los dos diputados de la CUP en el Congreso votarán que no a Pedro Sánchez y alertan de que "este acuerdo contribuirá a dar aire a la represión, a reforzar la deriva recentralizadora del Estado y a la vulneración sistemática de derechos, impidiendo avanzar hacia la liberación nacional, social y de género".
La crítica no se detiene aquí. En la misma línea, acusan a los republicanos de sumir al independentismo en un "riesgo de estancamiento y desmovilización evidentes", desplazando el debate del ejercicio del derecho a la autodeterminación. Los cupaires insisten en que el único camino es el de la desobediencia civil "como motor de cambio colectivo".