Día 12 de julio, hace mil días que Jordi Cuixart y Jordi Sánchez están privados de libertad. El líder de Òmnium y el presidente de la Crida Nacional per la República entraron en la prisión el 16 de octubre del 2017, y durante estos casi tres años han pasado por el centro penitenciario de Soto del Real, a Madrid, y de Lledoners, en Sant Joan de Vilatorrada. El 16 de enero de aquesy año se los concedió el primer permiso penitenciario al cumplir una cuarta parte de la condena por el delito de sedición.

Desde entidades sobrianistes como la Asamblea, Òmnium, La Forja o Arran, se han convocado concentraciones de apoyo mañana domingo en denuncia de "la vulneración de derechos humanos por parte del Estado".

La protesta central se hará a las seis de la tarde a la subdelegación del Gobierno a Barcelona, al cruce entre las calles de Mallorca y de Roger de Llúria en Barcelona.

Durante el acto, que se alargará hasta las 21 horas bajo el nombre 'Mil raons per la llibertat', los organizadores recogerán mensajes para hacerles llegar a los encarcelados.

Pendientes del tercer grado

Las juntas de tratamiento de las prisiones de Lledoners, Wad-Ras y Puig de les Basses propusieron en princpis de mes, por unanimidad, conceder el tercer grado a los nueve líderes independentistas presos, de manera que en principio sólo tendrían que ir al centro penitenciario a dormir entre semana.

Con la propuesta de las juntas de tratamiento, que en un plazo máximo de dos meses tiene que ser ratificada por la Secretaría de Medidas Penales, Reinserción y Atención a la Víctima para hacerse efectiva, los presos del procés tendrían que ir únicamente a dormir a la prisión, del lunes al viernes, y pasarían el fin de semana en su casa. Los reclusos podrán acceder a la libertad cuánto lo ratifique la Generalitat, aunque el tercer grado puede ser recorrido por la Fiscalía -que hasta ahora se ha opuesto a todas las flexibilizaciones penitenciarias de los presos- ante el juzgado de vigilancia y, a diferencia del 100.2, la última palabra la tendría el Supremo, como tribunal sentenciador.

Con el tercer grado, los nueve internos podrían ir a dormir en centros penitenciarios abiertos, a los renombres "unidades de dependientes" -viviendas compartidas para presos en semilibertad bajo supervisión- o incluso en casa, si se les aplicara en un futuro el artículo 86.4 del reglamento penitenciario que se utilizó para excarcelar reclusos durante la pandemia.

A diferencia del pasado mes de diciembre, en que las juntas de tratamiento propusieron el segundo grado a los líderes del procés en contra del criterio de algunos de sus miembros, la decisión de hoy ha sido acordada de forma unánime por la treintena de técnicos que integran los equipos de Lledoners, Wad-Ras y Puig de les Basses.

Los líderes del procés tienen la posibilidad de acceder al régimen de semilibertad cuando llevan internos entre dos años y medio y tres y, desde el pasado mes de febrero, disfrutan de salidas semanales para trabajar, hacer voluntariado o cuidar familiares dependientes.

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