El Congreso de los diputados se ha convertido este sábado en una auténtica olla de grillos. Ha crujido literalmente mientras se debatía la investidura de Pedro Sánchez, el primer candidato que se presenta al frente de un gobierno de coalición desde la Segunda República, fruto de un acuerdo entre PSOE y los diputados morados de Pablo Iglesias. Todo ello, el fin de semana de Reyes, el día siguiente de la última intervención de la Junta Electoral y gracias a la abstención de fuerzas independentistas. De lo que menos se ha hablado a lo largo de la jornada de hoy ha sido del programa que debia defender el candidato.

Ha resultado una sesión peculiar. Con la tribuna de invitados medio vacía, sin presidentes socialistas apoyando al candidato, como se ha encargado de señalar el líder de la oposición, Pablo Casado. Con la ultraderecha de Vox en la primera fila de escaños de diputados y Santiago Abascal a la misma altura que Casado.

La estructura política española ha ilustrado hoy un ruidoso cambio. "Un cambio de paradigma y potencialmente un cambio de ciclo", en palabras de Aitor Esteban del PNV, que ha evocado al empezar su intervención a Susan Sarandon en Thelma y Louise para asegurar que no tiene que ser un salto al vacío y al acabar ha citado Robin Williams en El Club de los Poetas Muertos para advertir que "hay momentos para la valor y momentos para la prudencia". "Es un momento trascendental, sepamos leerlo", ha reclamado Esteban.

De momento, cada uno ha interpretado el momento a su manera. PSOE y PP no han dudado a tirarse los platos a la cabeza. Casado ha responsabilizado a Sánchez de dejar España sin el socialismo constitucionalista, mientras el candidato socialista ha advertido el PP que "está en riesgo su existencia como partido de centro derecha".

Desde Ciudadanos, una Inés Arrimadas electoralmente encogida y lastimada por la indiferencia en que se ha visto condenada, ha querido reivindicar el centro ante el riesgo del "resurgimiento de las dos Españas". Sánchez –mucho más tranquilo por la tarde una vez ERC ha afianzado la abstención- la ha apartado de una manotazo sin contemplaciones: "El PP es tapa blanda, VOX, tapa dura y usted, edición de bolsillo".

Poco a poco a lo largo de la jornada se ha ido levantando a ambos lados del hemiciclo un muro casi inexpugnable, mientras los diputados de PP, Vox y Cs rugían incansables. Han cargado contra cada una de las intervenciones de Sánchez por la mañana, y han continuado por la tarde con las de los grupos que apoyan al PSOE.

"Los elementos reaccionarios se han puesto en contra de esta investidura. Eso no tendría que ir en contra, tendría que demostrar cómo es de necesaria", ha sentenciado Alberto Garzón, que ha intervenido en nombre d'IU.

La reacción de los diputados ha llegado al paroxismo cuando Pablo Iglesias, después de dirigirse a "la derecha, la ultraderecha y la ultra ultra derecha", ha agradecido desde la tribuna a los presos y exiliados que han trabajado por el acuerdo que tiene que hacer posible la investidura. Ha sido uno de los hits del griterío. "¡Qué vergüenza!", se escuchaba entre los escaños.

No obstante, todavía tenía que llegar el republicano Gabriel Rufián con la fábula de Félix María de Samaniego y el cascabel al gato -de la derecha-.

El diputado ha leído desde la tribuna una carta de Oriol Junqueras garantizando la voluntad de diálogo permanente pero también ha advertido que si el PSOE no cumple el compromiso de hacer una mesa de negociación se acabará la legislatura. "Señora presidenta, a mí me echaron por mucho menos", se ha quejado Rufián ante el griterío constante de los escaños de la derecha, una "derecha asilvestrada", según el diputado.

Desde JxCat, Laura Borràs ha denunciado el movimiento de la JEC para inhabilitar al presidente, Quim Torra, y para arrevatar el acta de diputado al vicepresidente Oriol Junqueras, y ha anunciado que una vez su grupo acabara la intervención, abandonarían el pleno para apoyar al president en Barcelona. Mañana, sin embargo, los diputados volverán a estar en el pleno para votar en contra del candidato.

La imagen más gráfica de la tensión de la jornada la ha aportado Joan Baldoví desde Compromís. "Hay algunos a los cuales les encanta el olor de napalm por la mañana, en gasolina, a tierra quemada, son aquellos que no dudan en incendiar España cuando no es suya", ha ironizado. Pero el valenciano ha aportado también su receta ante esta afición a crear un "Apocalypse Now cada día". "Una bolsita de tila en cantidades moderadas hacen auténticos milagros. Resígnense", ha recetado mientras enseñaba un saquito de infusión desde la tribuna.

A pesar del olor de tierra quemada y antes de acabar la sesión, Sánchez ha querido hacer un llamamiento a los grandes consensos. "Me gustan estos retos, me gustan estos desafíos y estoy deseando salir en el terreno de juego", ha confesado al candidato después de más de doce horas de debate.

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