Barcelona se mantendrá hoy por hoy en la Red española de Juderías, según informa El Punt Avui citando fuentes municipales. El Ajuntament ha indicado que todavía está "analizando" la propuesta de que le hizo el Ajuntament de Girona para integrarse a una red de calls catalanes independiente de la española, y quiere analizar los pros y contras.
Girona, Besalú y Castelló d'Empúries ya decidieron hace tiempo abandonar la Red española, para crear una red propia de juderías catalanas. Y esperan que Barcelona se añada a ella, lo que se tiene que aprobar en un pleno municipal.
En el mes de julio se celebrará en la capital catalana el primer encuentro de calls catalanes, y Barcelona sólo participará en él como observadora.
En el trasfondo de las tensiones con la Red española hay que en ésta las juderías se interpretan cada vez más desde un punto de vista turístico, mientras que en Catalunya hay una visión más ligada a la investigación y el conocimiento. A todo ello se ha añadido una tendencia a la centralización de la Red, que los calls catalanes no aceptan.
La historia de las juderías es muy antigua. El III Concilio de Laterano de 1179 dictaminó que los judíos tenían que vivir en sus barrios y a partir de aquí se crearon las juderías, que forman parte de la estructura medieval de las ciudades. Las juderías tenían una cierta autonomía de funcionamiento, pagaban impuestos y dependían directamente de la Corona.
El nombre catalán de call proviene de la palabra hebrea kahal, que significa grupo o comunidad. En español se usa la palabra judería, mientras que en Venecia apareció la expresión gueto. Proveniente del dialectal veneciano borguetto (pequeña ciudad), la palabra se convirtió muy pronto en guetto, y ha acabado transformando su significado inicial como sinónimo de judería, para designar desde el siglo XX toda segregación y concentración de un grupo étnico o social diferenciado.