Ante el silencio del presidente del PP, Mariano Rajoy, por el caso Barberá, el Partido Popular se ha dividido en dos mitades asimétricas pero reveladoras.

La número dos del partido, María Dolores de Cospedal, y la histórica Celia Villalobos representan a la minoría ruidosa que, apelando a la presunción de inocencia, defiende el derecho de Barberá a no renunciar al acta de senadora.

Nueva hornada

En el otro lado, las declaraciones de otras primeras espadas del PP, líderes de nueva hornada, reconocen que Barberá es un lastre y que no es suficiente con que se dé de baja de militancia en el PP.

"No es ejemplar mantenerse en el escaño exclusivamente para disfrutar del aforamiento", apuntaba el jueves desde el País Vasco al vicesecretario sectorial, Javier Maroto, ante un Pablo Casado que asentía con la mirada.

"No cumple ninguna de las dos cosas y lo lamento profundamente porque en su comunicado y en sus expresiones dice que no quiere hacer daño ni al partido ni a las instituciones y, desgraciadamente, hemos comprobado que no está siendo así", insistía.

Es más, Maroto subraya que, si Barberá no hubiera pedido su baja del PP, el partido lo habría suspendido de militancia, igual que ha hecho con el resto de exconcejales valencianos investigados en este caso.

Maroto ha dejado claro que sus palabras expresaban la posición del partido, no sólo la suya.

Y en esta misma línea está la presidenta de la comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, que apunta que hay que hacer alguna cosa para evitar que los tránsfugas como Rita Barberá se escondan en el Senado.

El vínculo con Rajoy

La gran pregunta es por qué Rajoy calla y la secretaria general del partido, Maria Dolores de Cospedal, sale en defensa de Barberá. Algunas voces remarcan el estrecho vínculo de Rajoy y Barberá. Es decir, cómo las mayorías que consolidaba Barberá en el País Valencià, la convirtieron en una aliada decisiva por la cual Rajoy conservaba el timón del partido en condiciones adversas. Incluso, con el huracán de Esperanza Aguirre disputándole la capitanía.

València 2008

Hace falta remontarse hasta el cónclave que el PP celebró en València en el 2008 y en el que Mariano Rajoy consiguió hacerse con la dirección del partido y cerrar el ciclo Aznar.

Rajoy no lo tenía fácil y por ello decidió que el congreso se celebrase en la capital valenciana bajo la batuta de su "amiga" Rita Barberá.

Allí consiguió el apoyo del PP de la comunidad liderada por Barberá y Francisco Camps, que se pusieron del lado de Rajoy ante el ninguneo de Aznar y los embates de Esperanza Aguirre que, con la vieja guardia, aspiraba a relevar a Aznar.

La comunión de Rajoy con los valencianos, y también con los canarios liderados por Jose Manuel Soria, dejó manos libres al gallego para confeccionar una dirección a su gusto y de consenso con María Dolores de Cospedal como número dos.

Cuatro años más tarde, Rajoy sacaba los mejores resultados electorales y llegaba al Congreso de Sevilla en plena forma.

Municipales 2014

La segunda gran prueba de fidelidad de Barberá con Rajoy se remonta a octubre de 2014. Por primera vez, las encuestas apuntaban a una derrota en las urnas de Rita Barberá en las elecciones municipales. Ella, que había ganado con solera en las últimas cinco convocatorias.

Barberá no estaba dispuesta a encarar una derrota en las urnas pero Rajoy, en una reunión personal, insistió. Y Barberá se presentó y perdió la alcaldía.

Rajoy no ha hablado

Con estos antecedentes, es fácil imaginar que la relación entre Rajoy y Barberá no es fácil.

Este jueves, el vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez-Maillo, explicaba que los dos políticos no hablaron directamente pero que Barberá sabía que Rajoy estaba de acuerdo con que tenía que dejar el partido: "Ella lleva muchos años en el partido y sabe cómo son estas cosas".

Martínez-Maillo ha admitido que, desde que supieron que el Tribunal Supremo abría una causa para investigarla por blanqueo de capitales, en el partido se pusieron a trabajar para "buscar una solución".

"Es doloroso para ella y el PP", ha afirmado después de insistir que Barberá "les ha dado mucho".

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