Ya han pasado 55 días desde las elecciones del 14 de febrero y quedan 46 para la fecha límite en que conduciría Catalunya a una repetición electoral. Junts se ha comprometido a que eso no pase y garantiza que si no son capaces de cerrar un acuerdo decente con ERC, se quedarán a la oposición pero investirán Pere Aragonès. Precisamente el candidato, que hasta ahora se ha mantenido más bien al margen, ha querido redoblar la presión sobre los junteros. "No es momento de chutar la pelota adelante". En este sentido les ha pedido que tomen ejemplo de la CUP. Es más, ha apuntado que el documento suscrito con los anticapitalistas es "perfectamente asumible" por Junts.

En una comparecencia en la sede del partido, después de reunirse con el equipo encargado de pilotar las negociaciones con los junteros -Marta Vilalta, Sergi Sabrià, Laura Vilagrà y Josep Maria Jové-, el todavía vicepresidente en funciones de presidente ha urgido a cerrar uno pacta "cuanto antes mejor". En este sentido ha dejado claro que el el acuerdo que ERC mantiene con la CUP se puede ampliar y complementar con las aportaciones de Junts.

El próximo martes hará 15 días del segundo debate de investidura fallido y miércoles, dos meses de las elecciones. Aragonès, que ha adelantado que a lo largo de los últimos días ha tenido contacto con Puigdemont, ha recordado estas dos fechas. "Ya es hora. No nos podemos permitir que haya más dilaciones", ha añadido, poniendo de manifiesto que "con interinaje y un gobierno en funciones", Catalunya no puede hacer frente a las adversidades a las cuales se enfrenta. Por ello se ha mostrado confiado de que los "pequeños matices y disensiones" que puedan existir todavía se pueden superar. Eso sí, no se ha atrevido a hacer ninguna previsión sobre cuando podría ser el tercer intento de investidura. "Ponernos fechas inamovibles no es un buen consejo".

A fuego lento

Los rasguños que dejó la convivencia en el seno del gobierno Torra, y que colean todavía en el vigente ejecutivo en funciones que dirige Aragonès, todavía no están suturados y eso es, en el fondo, lo que más dificulta la negociación entre ERC y Junts per Catalunya. Más allá de la letra pequeña, primordial para poder aventurarse a volver a compartir gobierno, todo pasa para que los dos socios sean capaces de restablecer unos mínimos de confianza mutua.

Las conversaciones han estado durante días en punto muerto e incluso han llegado a retroceder en determinados momentos, por ejemplo cuando ERC cerró el acuerdo con la CUP sin esperar a Junts per Catalunya. Ahora, sin embargo, y según varias fuentes conocedoras de la interlocución, la cosa avanza. Al ralentí, pero se mueve. "A fuego lento, però va", aseguran voces bien informadas.

El salto de la CUP al gobierno

Así como la certeza de que no habrá nuevas elecciones porque antes de eso Junts investiría Aragonès y se quedaría a la oposición, también se da por descontado que la virtual entrada de la CUP en el gobierno no sería inmediata. Los anticapitalistas no descartan sumarse, pero antes quieren que empiece a rodar al ejecutivo para certificar si ERC cumple con los compromisos establecidos en el pacto suscrito con ellos.

El documento pactado prevé que Aragonès se someta a una cuestión de confianza a medio mandato, el año 2023. Es entonces cuando expira el plazo que la CUP se ha avenido a conceder a la mesa de diálogo con el Estado, que no comparten pero respetarán por|para un tiempo. Pasados estos dos años, sería un buen momento para explorar la posibilidad de incorporarse al ejecutivo.

En la imagen principal, Pere Aragonès y Marta Vilalta durante la rueda de prensa. / M. Puig

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