No ha sido una semana fácil para Santiago Abascal. El húngaro Viktor Orbán —uno de los pilares más fundamentales de la extrema derecha continental y referente de Vox— ha caído ante el europeísta Péter Magyar. Y, además, los ultraderechistas han vuelto a chocar con el muro de contradicciones que les supone ser los embajadores del trumpismo en España. Ya les pasó lo mismo el año pasado cuando el presidente de los Estados Unidos anunció una guerra arancelaria contra el resto del planeta. Ahora el magnate norteamericano ha atacado duramente al Papa y a Giorgia Meloni por su oposición a la guerra en Irán. Y el partido español ha vuelto a situarse entre dos aguas: mantenerse como aliados de Trump y defender su ultracatolicismo a pesar de que el Santo Padre sea progresista, así como mantener buenas relaciones con la presidenta italiana.
El Papa León XIV —el primer pontífice norteamericano de la historia— ha hecho llamamientos por la paz en Irán inequívocamente dirigidos a Trump. Y esto ha provocado que el presidente de los Estados Unidos, en su habitual tono, haya cargado contra el Santo Padre acusándolo de ser “débil ante la delincuencia y nefasto en materia de política exterior”. Según el magnate norteamericano, el líder de la Iglesia católica debería “dejar de complacer a la izquierda radical” y “considerar aceptable que Irán posea un arma nuclear”. En plena tensión entre la Casa Blanca y el Vaticano, Trump colgaba en su red Truth Social una imagen generada por inteligencia artificial en la que él mismo aparecía a imagen y semejanza de Jesucristo curando a un enfermo, con la bandera norteamericana de fondo y un águila volando en un cielo en el que aparecen aviones, militares y la estatua de la libertad.
Después de los ataques de Trump a León XIV, Meloni salió en su defensa. "El Papa es el jefe de la Iglesia católica; y es justo y normal que invoque la paz y que condene cualquier forma de guerra", aseveró la presidenta italiana en un comunicado. "Considero inaceptables las palabras del presidente Trump con relación al Santo Padre", enfatizó la dirigente de extrema derecha. Hasta ahora, la relación entre los dos mandatarios había sido buena. Hace unos meses, Trump alabó a Meloni, tanto por su fuerza política como por su belleza; "es muy guapa", dijo Trump durante la presentación del Acuerdo de Paz en Gaza. Después de la defensa de la presidenta italiana al pontífice, Trump aseguró que "es Meloni quien es inaceptable, porque no le importa si Irán tiene un arma nuclear y podría hacer volar a Italia por los aires en dos minutos". Meloni, sin embargo, ha reiterado desde un principio que ni Europa ni Italia se pueden permitir que los ayatolás tengan este tipo de armamento a su disposición; a pesar de repetir que esta no era su guerra.
Vox, entre la alianza con Trump y la defensa del Papa y Meloni
Cuando el cónclave de cardenales eligió hace casi un año a un nuevo Papa, Vox optó por mantenerse fiel a su ultracatolicismo y abrazarlo, a pesar de poder lamentar que el nuevo Santo Padre es progresista. Ahora también ha puesto por delante el respeto a su base de votantes católicos que su alianza con Trump, líder mundial de la extrema derecha. Vox, además, tiene la intención de capitalizar la visita que hará el Papa en el Estado español el próximo mes de junio.
Santiago Abascal ha marcado distancias con el presidente de los Estados Unidos meses después de que lo hicieran sus homólogos europeos. Comenzando por Francia, Marine Le Pen, cuando Trump asaltó Venezuela para capturar a Nicolás Maduro, denunció que la soberanía de un Estado es inviolable, y que no le toleraría eso a Trump porque eso podría implicar en un futuro legitimar un ataque a Francia. Su partido, Reagrupación Nacional, tampoco avaló las amenazas a Groenlandia. De la misma manera se pronunciaron los alemanes de AfD o la misma Giorgia Meloni, que más tarde aseguró que la guerra en Irán estaba fuera del derecho internacional.
En cambio, Abascal legitimó la captura del presidente de Venezuela, hizo la vista gorda con Groenlandia asegurando que es un tema que “no es de la competencia” de Vox y el pasado febrero se mostró con “gran esperanza” de que “pudiera caer el régimen de los ayatolás”. Cuando arrancó este nuevo conflicto en Oriente Medio, Abascal aseveró que la posición adoptada por el Gobierno con el lema No a la guerra “ponía en peligro a España”. “Parece que Pedro Sánchez está obstinado en ser el último ayatolá, el último traidor de Occidente”, manifestó en un acto de la campaña electoral de Castilla y León. Se refirió a él como “el ayatolá de la Moncloa”.
Ahora, el secretario general del grupo parlamentario de Vox en el Congreso, José María Figaredo, una de las caras más visibles de la formación, se ha visto obligado a criticar a Trump. “Quiso hacerse el gracioso y se pasó de frenada” en sus referencias al Papa, dijo en declaraciones a Telecinco. Y en una atención a los medios de comunicación, la portavoz de los ultras en la cámara baja, Pepa Millán, dijo que las críticas del presidente estadounidense al pontífice y su homóloga italiana son “poco comprensibles”. “Meloni es una de las políticas más valientes, diría que de todo el mundo”, recalcó sobre una “aliada y amiga” de su partido.
A pesar de que Abascal apostara en 2024 por pertenecer a Patriotas por Europa (el grupo de Viktor Orbán) y no a Conservadores y Reformistas donde pertenece Meloni, los líderes ultras español e italiana tienen una buena relación. “Las naciones tienen derecho a proteger su soberanía, es el deber de todos los presidentes de cualquier gobierno occidental”, añadió. Sobre León XIV, dijo que la misión del Papa “no es someterse a ningún político; él y la Iglesia están para otras cosas, y los políticos tampoco deben controlarlos a ellos”.
