23 de julio del 2009. Cuando medio país estaba a punto de marcharse de vacaciones y cuando quemaba Horta de Sant Joan descontroladamente. Cuando en el Govern de la Generalitat había un tripartito con José Montilla de president y José Luis Rodríguez Zapatero gobernaba el estado español. Cuando todavía no se había recortado el Estatut, punto de partida del procés independentista, y cuando los casos de corrupción no salpicaban Catalunya y el 3% se había tapado. Cuando el oasis catalán todavía parecía real, estalla el caso Palau.

 

Jordi Basté, El Món a RAC1. 23 de julio del 2009

El 23 de julio a las 10 horas, los Mossos d'Esquadra entran en el Palau de la Música. El golpe al Palau lo fue en todos los sentidos. Golpe a la institución por el saqueo a sus arcas. Golpe a los cimientos de la burguesía catalana. Golpe a la sociedad y la cultura catalanas. El golpe al oasis catalán fue irreversible. Y el impacto mediático, brutal.

La sentencia, 8 años más tarde, condenaba y confirmaba el fraude: Fèlix Millet y Jordi Montull condenados a 9 años y 8 meses de prisión, y 7 años y 6 meses de prisión, respectivamente. Además, multa para Millet de 4.120.540 euros por blanqueo de capitales y delito contra la hacienda pública. Y Montull, 2.998.284 euros. Además de la multa, Millet y Montull tienen que devolver el dinero que se quedaron al Consorci del Palau de la Música, la asociación Orfeó Català y a la fundación Orfeó Català-Palau de la Música, en total 23 millones de euros. También tienen que pagar a Hacienda 677.904 euros. Y CDC fue condenada a pagar las ganancias que obtuvo de toda la expoliación, que están valoradas en 6.676.105 euros. Su extesorero Daniel Osàcar ha sido condenado a 4 años y 5 meses de prisión y a una multa de 3.796.555 euros.

En el recuerdo queda la imagen de Fèlix Millet saliendo del Palau de la Música en pleno registro escoltado por los Mossos y con un paraguas azul marino. Paraguas en pleno verano para taparse de los flashes y las cámaras. Después, empezaron las filtraciones que daban todos los detalles de un caso que empieza en la mesa de la fiscalía gracias a dos anónimos que alertaban del expolio. Cuatro días después, Millet dimite, y el Palau se tambalea. El Palau de la Música y el país entero, porque el caso destapa una trama de corrupción que salpica al antiguo gobierno de Jordi Pujol. Todavía no se sabía. Pero los implicados vieron a venir el desastre. Si Fèlix Millet cantaba, todo se iba al garete.

Y Fèlix Millet cantó. Después del verano más caliente de su vida, se presenta en el despacho del abogado Pau Molins. Allí Molins y Jordi Pina escuchan por primera vez la confesión del presidente del Palau de la Música y deciden darle forma de escrito inculpatorio y carta que el 17 de septiembre publica La Vanguardia.

 

 

Millet confiesa un fraude de 3,3 millones de euros. Pero la investigación sube la cifra hasta los 35.

Caía el oasis catalán. Y con él una parte de la burguesía catalana, de los pilares de Catalunya y de Convergència, que empezaba el declive político que ni ha salvado el procés independentista.

'La traviata'

El año 2017, con el juicio, todo resurge. El mismo año que unos convergentes reconvertidos en PDeCAT impulsan, dentro de Junts pel Sí con ERC, el referéndum del 1 de octubre, Fèlix Millet y Jordi Montull vuelven. Y lo hacen con la amenaza de cantar La traviata entera.

Y justamente, 24 horas antes del estreno de La traviata en el Palau de la Música el año 2017...

... Fèlix Millet declara como acusado en el juicio.

Fèlix Millet confirma que la empresa Ferrovial hacía donaciones a Convergència a cambio de obra pública. "No lo dije en mi confesión, pero era verdad. Ferrovial me daba el dinero y yo lo pasaba a CDC. Yo el detalle de las obras lo desconozco. Las obras que hacían era un tema entre CDC y Ferrovial", confesó el mismo Millet en el juicio.

El expresidente del Palau entró en el detalle de la trama sin problemas poniendo en marcha el ventilador en un juicio que se televisaba en directo: "La cantidad a pagar la pactaban Ferrovial y Convergència. Las comisiones eran de un 4%: el 2,5% para CDC, el 1% para mí y el 0,5% para Montull". Y fue más allá: "Intentar dar cobertura legal al dinero extra que cobrábamos cada año también fue un error".

Millet dirigió el ventilador en dirección a sus cómplices, también: "Los temas fiscales los llevaban Jordi y Gemma Montull bajo el control de Mariona Carulla". "La reunión del 11 abril del 2005, en la cual estaban los señores [Jaume] Camps, [Germà] Gordó, [Jordi] Montull y yo, no estaba relacionada con este tema".

Apunta directamente al tesorero de CDC: "El Daniel que figura en las anotaciones es el extesorero de CDC Daniel Osàcar".

Y admite todo el provecho personal que sacó del Palau tanto él como Jordi Montull: "Nos beneficiamos de los fondos del Palau para cuestiones personales. No recuerdo si yo recibía 800.000 euros al año en 'bonus' y el señor Montull, 200.000. Existía la figura del colaborador del Palau, que cobraba en efectivo porque eran jubilados y no podíamos ponerlos en nómina. Algunos de los viajes que hice con mi familia también los sufragó el Palau, pero hay uno que se cita en la acusación [a México] que sí que fue por trabajo. Todos estos viajes los organizaba Jordi Montull y no sé cómo se financiaban".

Los empresarios que comparecieron en el juicio también confirmaron que habían llegado a falsificar facturas para Convergència.

La dimensión desconocida

El caso Palau, o el caso Millet, adquirió una dimensión desconocida desde la primera semana. A las cifras del fraude y al hecho de que fuera el mismo Fèlix Millet que con su mano derecha, Jordi Montull, estuvieran mercadeando con la institución, junto con altos cargos de CDC, el despropósito de actuar con total inmunidad cada vez se hizo más grande.

Millet casó a sus hijas en el Palau, y no sólo no pagó nada, sino que le cobró al consuegro parte del gasto. Millet se hizo una réplica del auditorio en su casa de l'Ametlla del Vallès. Todo pagado por las arcas del Palau, claro. Millet hizo desaparecer dinero y documentación mientras los Mossos registraban el edificio y mientras las cámaras lo grababan. Millet hizo comprar a un conserje del Palau lingotes de oro. Y así hasta un montón de historias y un desfalco de 35 millones de euros, de los cuales, muchos no se han podido llegar a localizar, ni se localizarán nunca.

Millet todo lo justificaba pensando en el bien del Palau: "Sí, las bodas de mis hijas se pagaron con fondos del Palau. Lo hice mal y me equivoqué, pero había un motivo. Necesitábamos publicidad para el Palau de la Música y que la gente supiera que allí también se podían celebrar bodas. Después de las de mis hijas se celebraron 5 más". Y lo justifica todavía en esta entrevista en exclusiva para ElNacional.cat.

Pero al margen de las excentricidades del personaje y la historia rocambolesca, el caso Palau destapa una trama de comisiones a cambio de obra pública que salpica de lleno al Govern de la Generalitat de Jordi Pujol. Y este es el punto de inflexión que marca el antes y el después y que años más tarde cierra el círculo con la carta, también en La Vanguardia de Jordi Pujol, confesando el fraude de la deja.

El juez caracol y el fiscal incombustible

El culebrón interminable se alarga gracias a un juez que parecía no tener prisa. Lo que por una parte hacía alargar la agonía, por otra hacía ganar tiempo a los principales acusados del expolio, Fèlix Millet, Jordi Montull, Gemma Montull y Daniel Osàcar, extesorero de CDC. Pero como también pasa en las películas, la peor parte se la iban llevando los muertos. Los extesoreros de CDC son inculpados por los testigos.

Juli Solaz, el titular del juzgado de instrucción 30 de Barcelona, nunca vio necesario encerrar a Millet y a Montull en prisión. Lo que hizo aún mayor la indignación de la sociedad ante un fraude confeso que salpicaba a la Generalitat. El juez tarda 3 años en registrar la casa de Fèlix Millet en l'Ametlla del Vallès y la de Jordi Montull en Teià. Tiempo suficiente para hacer desaparecer pruebas y dinero.

Después de la confesión de Fèlix Millet, el otoño del 2009, la fiscalía pide prisión preventiva para evitar que huya y que destruya pruebas, pero el juez caracol hace como si nada y los deja en libertad. Por primera vez la fiscalía convoca a los medios de comunicación. El otoño del 2009, la fiscal jefe Teresa Compte se presenta ante la prensa con todo su equipo, entre ellos, Emilio Sánchez Ulled, el fiscal anticorrupción que lidera la investigación del caso a partir de los anónimos que le llegan. Sánchez Ulled va sacando las capas de la cebolla hasta llegar al núcleo y acaba presentando toda la trama.

Fèlix Millet y Jordi Montull pisaron la prisión en dos ocasiones.

La primera vez, por el caso del hotel del Palau, una trama en paralelo que se abrió y la jueza Míriam de Rosa Palacio envió a Can Brians a Millet y Montull durante 15 días. La salida de la prisión fue uno de los momentos más mediáticos del caso.

Y el otro momento es cuando se conoce la sentencia. La fiscalía pide el ingreso inmediato en la prisión y la magistrada Montserrat Comas dicta la entrada en prisión. Millet sale en ambulancia de la Audiencia de Barcelona y aquella misma noche entra en Can Brians. Pero el ingreso dura sólo 18 días. Millet paga una fianza de 400.000 euros y junto con Jordi Montull, Daniel Osàcar y CDC recurren al Tribunal Supremo la sentencia que los absuelva de sus pecados.

Y los hechos confirman en gran parte la impunidad de los culpables, que exhibían y que acabará siendo real. Porque entre los años que han pasado y su edad, quizás nunca acaban entrando en la prisión para cumplir la condena.

Del caso Palau se han hecho libros, musicales y gags brillantes en el Polònia. Ahora sólo falta la película...