El arquitecto Santiago Calatrava ha mostrado a lo largo de su extensa y exitosa trayectoria una gran variedad de planteamientos estéticos que, junto con la calidad de su obra y los costes ajustados, lo han convertido en un referente. Lamentablemente, la envidia de gente sin sentimientos ni criterio también le han convertido en un referente para la injuria y la descalificación.

Una obra tan preciosa como la Ciutat de les Arts de València ha recibido duras críticas. Total, porque el revestimiento de la cúpula del Palau ha sufrido algún pequeño problema. Nada, que se caía todo el trencadís, pero por culpa de un clima poco respetuoso con la inspiración del maestro. Y total, con sólo 3 millones de euros ha sido posible retirar todo el material y solucionar la cosa.

También difamaron al artista diciendo que en la cubierta ya aparecieron arrugas y abombamientos sólo 7 años después de la inauguración. De verdad, ¡¡¡cuánta ignorancia!!! Estamos ante una obra viva y, como tal, se va modificando. De la misma manera que, cuando dicen que el edificio se inunda al llover, aquello no es ninguna inundación. ¡¡¡Que inundación ni que niño muerto!!! Es una simpática alegoría sobre la influencia del agua de la mediterránea en la cultura levantina. Y eso de que de las cuatro salas, una no ha llegado a abrir nunca, otra está cerrada por su acústica deficiente y que en la principal tuvieron que retirar 200 butacas porque no tenían visibilidad, pues son aquellas pequeñas cosas que hay que ajustar sobre la marcha... Ah, y la patética acusación de que el proyecto global ha sufrido un sobrecoste del 260%, ya que de los 84 millones de euros iniciales se pasó a los 304 finales, sólo una reflexión que compartirá totalmente: ¿Usted ha hecho obras en su casa? ¿Sí? Y, ¿verdad que los presupuestos siempre se desvían un poquito?

¿Y, qué me dice del puente de Zubizuri, que atraviesa el Nervión en Bilbao? Su suelo de vidrio, situado en un lugar donde nunca en la vida hay humedad ninguna (¿humedad en Bilbao?), lo convirtieron en una práctica pista de patinaje para disfrute de la población local. Lamentablemente, una vez más la envidia y la poca cultura permitieron que el Ayuntamiento de la ciudad se gastara 140 mil euros cambiando todas las piezas que se iban rompiendo y 6 mil euros instalando unas moquetas destinadas a evitar más accidentes. Pero lo más bonito de este puente es que la rampa que tenía que conectarlo con la calle que lleva al centro de la ciudad... bueno, quedó corta. Vaya, que no llegaba. Y cuando el Ayuntamiento se dio cuenta de ello, encargó a otro arquitecto, Arata Isozaki, añadir una pasarela que llegara. Por supuesto, Calatrava se indignó con este atentado contra la integridad de su creación. Y fue a juicio y... y... LO GANÓ!!! Lamentablemente, la Audiencia provincial de Bizkaia condenó al Ayuntamiento a pagarle al maestro sólo 30 mil miserables euros, en vez de los 3 millones solicitados. ¡Una injusticia!

Pero en Bilbao también pudieron disfrutar durante 7 años de su nuevo aeropuerto precioso y con la sala de espera al aire libre. Una gran idea porque en Bilbao llueve poco y hace un clima tropical. Era tan bonito ver a la gente esperando el vuelo abrigada y con el paraguas abierto... Hay quien dice que cubrirlo costó 3,3 millones de euros. ¡Una ganga!

No menos interesante es lo que pasó en el Puente de la Constitución de Venecia, también de vidrio como el de Bilbao y también sin acceso para minusválidos, con una cuarentena de denuncias por los accidentes causados por los resbalones y con una pequeña desviación de los 3,8 millones previstos a los 11,2 finales. O el caso del también resbaladizo puente de Vistabella en Murcia, con 160 mil euros gastados en moqueta anti Hollyday on Ice y reposición del material que se rompía. O el rascacielos del Turning Torso de Malmö (Suecia) y su sobrecoste de 85 millones de euros. O el Palacio de Congresos ovetense con su visera móvil que acabó fija por motivos de seguridad. O el auditorio de Tenerife, sin acceso para minusválidos y con grandes goteras. Y...

... Y no continúo porque este tiempo perdido aquí será tiempo que perdemos para poder admirar la nueva maravilla del genio: El Oculus, o fachada exterior del vestíbulo de la nueva estación del World Trade Center de Nova York. Sí, porque a pesar de las críticas de los principales diarios de la ciudad y del país, con este gran currículum expuesto, todavía hay a quien confía en Santiago Calatrava.

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