El actual salario mínimo interprofesional (SMI), 1.221 euros, lo fija el Gobierno y es el mismo para todo el Estado. El SMI establece la cantidad mínima y legal que cualquier persona trabajadora debe percibir por una jornada laboral completa, independientemente de su profesión, del sector o del tipo de contrato. Este baremo es importante porque también establece el cálculo base del salario, así como el rango a partir del cual se dan muchas ayudas sociales (por ejemplo, las becas comedor).
Ahora bien, el SMI no tiene en cuenta ningún tipo de distinción territorial. Estos 1.221 euros son los mismos para todo el mundo, viva donde viva en el Estado. Y, en consecuencia, no tiene en cuenta la diferencia del coste de la vida entre una persona que vive en Barcelona y una que vive en Badajoz. En la capital catalana, un menú de restaurante cuesta de media 16 euros, mientras que en la ciudad extremeña, 13. Un 18,8 % más caro. Si tenemos en cuenta que un mes tiene unos 20 días laborables, el ahorro mensual es de 60 euros y anual (descontando vacaciones) de 660 euros. Es decir, con lo que te cuesta comer en Barcelona todo un año, en Badajoz comerías noviembre y diciembre gratis. Un café con leche cuesta, de media, 2,79 euros en Barcelona y 1,77 en Badajoz. Una entrada al cine no baja de 10 euros en Barcelona y no llega a los 8 en Badajoz (20-25 % más barato dependiendo de las salas).
Hace años se intenta que en Catalunya haya un índice de referencia propio e independiente del resto del Estado. Es una medida de la que se empezó a hablar en 2019 y desde entonces los sucesivos gobiernos han ido haciendo informes para analizar cuánto cuesta vivir en Catalunya
Pero es que —y aquí ya entramos en precios públicos— un billete sencillo de transporte en Barcelona cuesta 2,90 euros y en Badajoz 1,20, una diferencia del 65 %. Y si vamos escalando a precios de servicios más básicos que ir al cine o tomarse un café, una plaza privada de escuela infantil para niños de 0 a 3 años es de 835 euros en Barcelona y 317,50 en Badajoz. Se puede continuar con otros costes de la vida, pero donde está la auténtica brecha es en la vivienda. El precio del metro cuadrado para compra de un piso sobrepasa los 6.000 euros en Barcelona y no llega a los 2.000 en Badajoz. Y esto, trasladado a alquileres, hace que un apartamento de una sola habitación supere los 1.300 euros en Barcelona y en Badajoz no llegue a los 600. En cambio, el salario mínimo interprofesional de Badajoz es de 1.221 euros y el de Barcelona es de 1.221 euros.
Es por eso que desde hace años se intenta que en Catalunya haya un índice de referencia propio e independiente del resto del Estado. Es una medida de la que se empezó a hablar en 2019 y desde entonces los sucesivos gobiernos han ido haciendo informes para analizar cuánto cuesta vivir en Catalunya y qué diferencia hay respecto al resto del Estado. No hace falta decir que, año tras año, y sobre todo impulsados por vivienda, transporte y alimentación, el coste es siempre superior. Por eso es una muy buena noticia que esta semana, en una decisión eclipsada por el clima preelectoral, por Pedro Sánchez en La Revuelta y por Javier Milei en Madrid, el Parlament de Catalunya haya salvado el primer escollo para que esta proposición de ley de Junts sea, además de una realidad, una ley de obligado cumplimiento.
A diferencia de los 1.221 euros mensuales, se propone que este salario mínimo referencial para Catalunya tenga una cantidad mínima de 1.400 euros en 14 pagas anuales, una cantidad que seguro quedará pequeña si tenemos en cuenta la velocidad a la que sube el IPC. Para que el texto normativo siga adelante era imprescindible que hubiera una mayoría en la cámara catalana, cosa que se ha conseguido porque, además de Junts, le han dado apoyo PSC, ERC, Comuns y Aliança. El PP y Vox votaron en contra. Es el coste, literalmente el coste, de llevar la igualdad entre españoles al extremo.
