El jueves de la semana pasada se celebraron elecciones en Gales para elegir a los 96 miembros del Senedd, el parlamento galés. Las ganó, por primera vez en la historia, el Plaid Cymru, el partido histórico nacionalista galés fundado en 1925. Obtuvo 43 diputados ante el derrumbe de laboristas y conservadores. Los laboristas sufrieron una derrota especialmente severa y pasaron de 29 escaños a solo 9, y hay que tener en cuenta que en estas elecciones el número de diputados de la cámara ha pasado de 60 a 96. Hasta ahora los laboristas dominaban la política galesa y retenían el cargo de primer ministro. El gran beneficiado del hundimiento de los dos grandes partidos unionistas ha sido Reform UK, que ha irrumpido con 34 escaños y es la segunda fuerza política de Gales. El resultado inmediato de las elecciones ha sido que el candidato y líder del Plaid Cymru, Rhun ap Iorwerth, es el nuevo primer ministro del país y ha formado un gobierno monocolor de su partido. Comienza, pues, una etapa nueva en la política galesa, que solo vio devuelto su autogobierno en el año 1999, en el marco de la famosa "devolution". En términos históricos, la autonomía galesa nació anteayer, y hoy ya tiene un gobierno soberanista al frente.
Los galeses han convertido la defensa de su lengua en un eje central de su identidad y de su nacionalismo
La victoria del Plaid Cymru debe ser leída con atención desde Catalunya. Demasiado a menudo los catalanes nos ensimismamos mirando a Escocia e Irlanda del Norte, por la épica que tienen, su estética imbatible y la historia que arrastran. Son lugares que muchos catalanes hemos visitado. Pero, para mí, Gales ha sido siempre mucho más interesante. Por muchas razones, pero hay una particularmente relevante: a diferencia de irlandeses y escoceses, los galeses han convertido la defensa de su lengua en un eje central de su identidad y de su nacionalismo. De hecho, el Plaid Cymru (que significa simplemente 'Partido de Gales', un nombre insuperable) nació hace un siglo con la defensa de la lengua galesa como núcleo central. Se puede concebir el nacionalismo escocés o irlandés en lengua inglesa, pero no se puede concebir el nacionalismo galés en inglés. Lo mismo nos sucede en nuestra casa: el nacionalismo catalán va ligado a la lengua de manera íntima. Es por eso que Catalunya debería mirar más a Gales, y también a Quebec, que a otros lugares, por más épicos que puedan parecer.
Y esto es interesante para Catalunya, porque el Plaid Cymru ha sido capaz de convencer a muchísimos votantes que no hablan galés de la necesidad de proteger y fomentar la lengua propia. Si echamos un vistazo a los datos, veremos que el galés es hablado por casi el 18% de la población de Gales, lo que son unas 540.000 personas. En las elecciones del jueves de la semana pasada, el Plaid Cymru obtuvo 444.665 votos (el 35% del censo). Por lo tanto, es evidente que este partido, que ha convertido la lengua en un eje central, y su líder, que habla habitualmente en galés, han obtenido decenas de miles de votos de personas que no entienden ni una palabra de esa lengua. Porque, a diferencia del catalán con relación al castellano, el galés es absolutamente incomprensible si no se ha estudiado. Y lo han hecho sin complejos, incorporando al programa que el conocimiento de la lengua sea un requisito en la función pública y la propuesta revolucionaria de que solo las personas que hablan galés puedan comprar una casa allí donde el galés todavía es mayoritario, para no romper estos ecosistemas lingüísticos. Una propuesta impensable en Catalunya, pero que tiene toda la lógica del mundo. No en vano, el nuevo primer ministro nació en una familia militante de la lengua galesa y nada más nacer sufrió la represión lingüística cuando en el registro civil se negaron a registrarlo con su apellido tradicional galés y le pusieron Jones, el apellido de soltera de su madre.
Aparte del tema lingüístico, el Plaid Cymru ha hecho bandera de la lucha contra el supremacismo inglés que representa Reform UK, hasta el punto de que plantearon la campaña como un cara o cruz: o ganaba el Plaid Cymru o ganaba Reform UK, arrinconando así el resto de opciones. Fue una estrategia acertada. El otro eje de la campaña fue un amplio programa educativo, habitacional, social y reformista; vale la pena recordar que el partido es socialdemócrata y opera en un país con una gran tradición obrera y minera. Finalmente, aunque el partido se declara independentista desde su fundación, este no fue un eje principal de la campaña. El nuevo primer ministro sabe que un referéndum solo tiene, a estas alturas, el apoyo de un tercio de la población y ya ha dicho que esta primera legislatura del Plaid Cymru no tendrá como objetivo hacer ningún referéndum. Rhun ap Iorwerth sabe leer el momento político y prefiere sembrar y recoger más adelante. El nuevo primer ministro habla a los votantes (a los ciudadanos, al fin y al cabo) como a personas adultas y no como a adolescentes. El nacionalismo de Gales ha empezado ahora un maratón y no un esprint. Y todo el mundo sabe que solo se termina un maratón si se administran bien el tiempo y las energías.