No, no quiero hacer un artículo contra los italianos en particular. Sino contra una especie de hombres que por desgracia sigue existiendo por todo el mundo. "No son pervertidos, son machistas", leo en un diario sobre el caso "Mia Moglie", la página de Facebook donde 32.000 usuarios enseñaban, sin consentimiento, material sensible de sus parejas. Personalmente, creo que es una mezcla de infantilismo consentido, chulería al más puro estilo macho alfa y romanticismo tóxico.
Los hombres (y las mujeres) que han sido educados como si fueran semidioses se convierten, de mayores, en unos dictadores. He oído demasiado decir por parte de las suegras: mio figlio é un santo. Que conste en acta que la de mi exmarido fue mi última historia de amor en Italia, pero que no fue ni mucho menos la primera, ni la segunda, ni la tercera pareja que he tenido de aquella península. Lo digo porque, por suerte, hay muchos hombres corresponsables y con inteligencia emocional en la patria de Leonardo da Vinci, pero estoy hablando de este tema de actualidad en concreto y con el conocimiento de causa de quien ha vivido allí demasiado tiempo. La cuestión trata sobre el típico uomo que piensa más en llevar los zapatos limpios que en la pulcritud de su moral. Es el resultado de idiotizar a los hijos para que no hagan nada en casa, porque es cosa de mujeres. Ellos tienen que estudiar o trabajar, que ya es mucho. Cosa que ha acabado derivando en el hecho de que muchas de mis conocidas y parientas italianas no trabajen (fuera de casa). Casalingue le dicen allí y para ellos es el máximo de la Donna Angelicata de Dante. Es decir, el tópico renacentista de la perfección femenina de la armonía y la proporción. La misma mujer que ama tanto a su familia que renuncia a su vida profesional. Si fai la mamma, fai la mamma. Para los que se pueden permitírselo eso es el plus. Seguramente porque mi análisis se centra en la clase alta de Italia del Norte, porque sé que esta no es la realidad, ni mucho menos, del país con más arte del mundo. Me refiero a aquellos que votaron dos veces a Berlusconi y le reían las gracias. Y si encima su mujer se puede cuidar como una supermodelo y pueden presumir ya es el súmmum. Poverino, labora tanto! Sí, sí, eso de comprar el material escolar ya lo puede hacer la moglie, que ellos no pueden rebajar las tres horas de bici (y vicio). Después, claro está, a nadie le gusta fornicar con un ángel y se buscan amantes fellinianas. Para concluir el apartado del infantilismo, se utiliza el término "patatina" (también muchos de los adultos) para referirse a la vulva. No hay nada más que añadir, simplemente que hicieron una publicidad de patatas fritas con Rocco Siffredi y fue un éxito porque decía "yo de patatas he comido tantas, pero como esta ninguna", poniendo cara de vicio mientras comía las Amica Chips. Si buscáis en YouTube el vídeo veréis que hay una piscina llena de mujeres y no tiene desperdicio.
El escándalo quedará reducido a un chismorreo de verano en época de Meloni por una razón muy italiana: "al final no se trata de una mala persona, es solo un juego entre hombres". Parole de aquellos y aquellas que aseguran que el feminismo es una lucha absurda que ya no hace falta
Venga, vamos a hablar de la otra parte de la mezcla. La que bautizo como pa chulo mi pirulo. Sí, el mismo individuo que se hace una fotopolla comparándola con un objeto normal para que entiendas perfectamente el tamaño, es lo que podría perfectamente compartir imágenes de su amante en cerraduras menores. ¿Por qué? Esta es la pregunta que me hice a lo largo de la docena de veranos que pasé en Italia viendo el bañador que llamo "marco-paquetini". Ahora ya son moda en muchos lugares del mundo los slips, pero hace veinte años sabías cuándo había un italiano por eso y por las gafas último modelo. Y algunas de las italianas porque iban con tacones y maquilladas a la playa. Los italianos, en general, besan muy bien. También hacen bien el arte de la conquista llenándote de galanterías hasta llegar a la cama. En aquella fase todo cambia: no sé si porque están demasiado cerca de donde vive el papa de Roma, pero los católicos suelen ser demasiado clásicos. El mismo que se mira en el espejo cuando le hacen una felación, es incapaz de devolver el sexo oral a los tubérculos. Recuerdo que cuando hice el Erasmus en Florencia el 2002-2003 solo había un bar gay en la ciudad stendhariana por excelencia. No digo LGTBIQ+ porque si parecía que había pocos gais en Italia, las lesbianas o los otros todavía eran más difíciles de encontrar. Demostrar la virilidad era y está en esta región del mundo algo primordial. Por eso, salvando las distancias con el caso Pellicot, sentir que el cuerpo de tu chica te pertenece y puedes presumir se puede acabar normalizando talmente como esta página que acaban de cerrar después de seis años funcionando. Una de las esposas que compartía 16 años y tres hijos con uno de los especímenes, no se lo puede ni creer. Estos delincuentes son hombres normales que hacen ver en su día a día que no son tan machistas. Pero cuando nadie los ve en las redes pueden exprimir toda esta masculinidad tóxica que les ha provocado tener que hacerse la cama|lecho algún día o tener que pasar por el súper por alguna urgencia. "¡Es el mejor padre que he visto jamás! ¡Mira como juega con los niños!". Sí, claro está, cuando no se hace ni el brote en casa tienes mucha más energía para las cosas importantes. En el curso preparto que hice en Vicenza nos dijeron, textualmente, la doula: "Cuando hayáis parido estaréis amamantando y muy cansadas, pero tenéis que satisfacer a vuestro marido porque si no se acabará yendo con otra". En fin, creo que hace diez años ningún profesional en Barcelona se hubiera atrevido a decirlo.
Y el tercero, el bendito romanticismo tóxico. Aquel posesivo que tanta ilusión nos hacía cuando nos creemos princesas Disney que había que rescatar y nos gustaba que fueran un poco celosos porque significaba que estaban muy enamorados. O cuando te dicen que "sei mia" y a ti te parece tan precioso y único que anhelas pasar por el altar. Hasta que ya no es tanto bello, sobre todo cuando suben tus fotos desnudas. Muchas tendrán que olvidar que su marido también es aquel nickname borrado porque si la justicia aquí es lenta, en Italia (y solo lo digo por el caso de maltrato de Juana Rivas) es todavía más estrepitosamente patética. El escándalo quedará reducido a un chismorreo de verano en época de Meloni por una razón muy italiana: "al final no se trata de una mala persona, es solo un juego entre hombres". Parole de aquellos y aquellas que aseguran que el feminismo es una lucha absurda que ya no hace falta.