El informe anual de Amnistía Internacional denuncia el abandono que sufrió el personal sanitario en España durante los primeros meses de la pandemia, el "desproporcionado" número de ancianos muertos en las residencias —especialmente en Catalunya y Madrid— y las actuaciones "arbitrarias" de los diferentes cuerpos de policía para hacer cumplir el estado de alarma. Pero no se espera que nadie dimita. Son sólo tres puntos que demuestran lo que Fareed Zakaria, doctor en Gobernanza Política por Harvard, explica en Diez lecciones para el mundo de la postpandemia: que no importa la cantidad de Estado, sino su calidad. Y aquí, sea el mucho estado español o el poco (o mucho) estado catalán, han tenido un nivel de buen gobierno perfectamente descriptible. Lo que en el caso de Catalunya es aún más dramático, porque han gobernado los que quieren un estado propio y han demostrado que son más bien lamentables. Y no lo digo yo. Ni Amnistía Internacional (que sí lo dice). Lo admite el propio Quim Torra. Sí que fueron graves las horas, sí. Y los días y los meses. Malvados contra miedosos, lo ha definido Oriol Mitjà. A este paso, libro a libro, el relato de la gestión de la pandemia será aún más escalofriante que el de octubre del 2017.

De hecho, en la Catalunya sin president, ya hace meses que la pandemia la gobierna un ente de nombre Procicat, una especie de Dios nuestro señor que decide hasta los detalles más insignificantes de nuestras vidas, incluido lo que hacemos dentro de casa. Pues bien, hace unos días, Arturo Puente explicaba en ElDiario.es que aunque entre 10 y 30 representantes de administraciones y organismos catalanes se reúnen cada dos días desde hace un año para decidir sobre nuestra salud y nuestros derechos fundamentales, "no hay actas del comité técnico del Procicat". No se sabe el orden del día, ni qué gente participa, ni qué documentación se ha consultado, ni a qué expertos, ni qué informes se hacen sobre la efectividad de las medidas. Son las reuniones a las que Quim Torra confesó en FAQS que se llegó a conectar en secreto. Unas valoraciones que se trasladan a los consellers de Salut e Interior para que decidan.

En un mundo cada vez más complejo, necesitaremos cada vez más expertos, lo que les convertirá, si no lo ha hecho ya, en una élite, con unos conocimientos que les darán autoridad y poder

Ahora el Procicat ha decidido que la medianoche del jueves al viernes, Catalunya volverá al confinamiento comarcal. Hombre, no se podía saber. Y nos lo imaginábamos, francamente. Ya nos avisó el conseller de Interior hace 8 días, antes de ver cómo había ido la Semana Santa. Cosa, por cierto, que era un incentivo para largarse, antes que no nos volvieran a encerrar. Una llamada con megáfono a crear aglomeraciones, en lugar de repartir las salidas. De hecho, sólo había que mirar un poco. A los países de alrededor. A los datos de ocupación de las UCI. Y a lo que ocurrió en Navidad. La lógica decía, tal como admiten en privado los responsables de Salut, que si dentro de pocas semanas, la vacunación permitirá dar un garbeo, sólo había que aguantar un poco más con las medidas que había. Pero, no. Nos dijeron que necesitábamos aire y nos dieron un caramelito, cuando todos sabemos que quisieron salvar la Semana Santa como quisieron salvar la Navidad. Y venga, todos como un rebaño a tomar el aire y otras cosas. Lo peor no es dar marcha atrás ahora, lo peor es que nos traten de idiotas.

En un mundo cada vez más complejo, necesitaremos cada vez más expertos, lo que les convertirá, si no lo ha hecho ya, en una élite, con unos conocimientos que les darán autoridad y poder. La alternativa, que es el instinto y la ignorancia, no lleva a ninguna parte. Ahora bien, vuelvo a Zakaria. Dice que la gente debe escuchar a los expertos, sí. Pero que los expertos tienen que escuchar también a la gente. Y La yenka no ayuda mucho a la salud mental.

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