Era previsible que el gobierno de Pedro Sánchez nacería con controversia, vistas las ganas de la derecha de crear un clima guerracivilista. Y así ha sido. Primero con la nueva fiscal general del Estado, Dolores Delgado. Y ahora con el flamante vicepresidente Pablo Iglesias, a quien las críticas del Consejo General del Poder Judicial por haber dicho que la justicia española ha quedado "humillada" en Europa le han dado, de hecho, la razón. Pero, la vida es así, resulta que la gran polémica del mundo mundial es que Sánchez ha decidido que los Consejos de Ministros se hagan en martes. Esto trae loca a la oposición, porque la sesión de control al presidente que se hace los miércoles en el Congreso, convertido en un plató de televisión donde se dramatiza la discrepancia, no podrá fiscalizar las decisiones que tome el Consejo de Ministros el día antes. Resulta que las preguntas deben registrarse antes. Bueno, ¿y qué? Ahora ya era así, se debían registrar el jueves, si bien es cierto que se podían retocar el viernes por la tarde. Pero, ¿y qué, igualmente? Ahora también podrán hacerlo.

De hecho, no es obligatorio que el Consejo de Ministros se haga en viernes. De hecho, no siempre ha sido así. Adolfo Suárez ya los hacía el martes. Felipe González los empezó a hacer el miércoles y los terminó haciendo el viernes. Y, desde entonces, ha sido así. Dicen los expertos que en la época en que no había móviles ni internet, iba bien que todo el mundo supiera el día y la hora del Consejo de Ministros. Y que le iba bien al gobierno de turno hacerlo el viernes porque de esta manera cerraba las polémicas de la semana y podía marcar la actualidad durante tres días. Pero, claro, ya hace años que hay móviles, internet y comunicación instantánea. Y ya hace años que una simple declaración a pie de calle puede dar la vuelta al mundo. No es necesario convocar un Consejo de Ministros. Entonces, ¿para qué se seguía haciendo en viernes? ¿Por qué no se decidía hacerlo el lunes para llevar la iniciativa de la semana?

Si tú haces pública una información que te perjudica o no es popular el viernes, tiene mucha menos trascendencia que de lunes a jueves

Ignoro la respuesta. Pero este cambio me ha recordado un episodio de The west wing, traducida como El ala oeste de la Casa Blanca, donde los asesores del mejor presidente que han tenido los Estados Unidos, Josiah Bartlet, discuten sobre cómo hacer pública una información delicada. Y uno de ellos dice: "Expliquemos esto con la basura de los viernes". El viernes está a las puertas del fin de semana, hay cambio de hábitos, y resulta que los sábados, en Estados Unidos, es el día de menor consumo de prensa. De modo que si tú haces pública una información que te perjudica o no es popular el viernes, tiene mucha menos trascendencia que de lunes a jueves. Y fíjense que los Consejos de Ministros hace décadas que son los viernes. La basura de los viernes ha sido perfectamente instalada. Dirán, y es verdad, que esto también perjudicaba al gobierno de turno con las buenas noticias. Y es cierto. Y es posible que esto haya decidido a Sánchez ―o a sus asesores― a hacer el cambio al martes. Seguro que es así. Pero, fíjense también que la revolución tecnológica, por tanto, en la manera de difundir y consumir información, que es cuando al gobierno le habría ido bien cambiar la política informativa (porque la norma de marcar tres días del fin de semana ya no existe), coincidió con la crisis económica. Y ni al gobierno Zapatero ni al gobierno Rajoy, que tuvieron que tomar decisiones impopulares, les interesaba mucho, no sólo la repercusión primera, sino la letra pequeña del BOE del día siguiente. Y, por tanto, esto puede haber retrasado el cambio.

Ahora sólo falta que, además de predicarlo, practiquen la conciliación, y la rueda de prensa deje de ser a la hora de comer.

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