El neurocientífico David Bueno ha escrito un libro para tener a mano. Se llama 100 coses que cal saber sobre el cervell, este órgano tan desconocido y que a veces parece que sólo sirva para llevar un sombrero. La pregunta número 41 es “¿Por qué la adolescencia es tan movida?” e interesará a cualquiera que tenga a un bípedo en casa de entre 11 y 19 años, que según la Organización Mundial de la Salud es la inacabable duración de este transito de niños a adultos de nuestra extraña especie. En esta pandemia hemos hablado mucho de ancianos (y aún tenemos que hablar mucho más) y de niños, pero resulta que tenemos una generación que se está haciendo mayor demasiado aislada y encerrada en casa y, añadiendo también a los sapiens jóvenes, los hemos llegado a criminalizar.

Si la orden que da el cerebro al adolescente es prepararse para vivir de manera independiente cuando termine esta etapa, ¿cómo encontrarán su encaje en una sociedad en la que todo está prohibido?

David Bueno me perdonará el spoiler, pero que sepáis que la adolescencia es la etapa en la que el cerebro prioriza las conexiones neuronales de más larga distancia dentro del cerebro y por eso es la época de los grandes aprendizajes. Simultáneamente, explica Bueno, empiezan a plantearse todo lo aprendido, "y buscan literalmente salir de la zona de confort". O sea, de lo que han aprendido al lado de los padres. "El cerebro busca cosas nuevas, experiencias nuevas, conocimientos nuevos". Más: "anhela romper los límites establecidos". Bueno, pues ahora imaginad a un cerebro adolescente en pleno confinamiento en casa, con los padres, durante largas semanas. O imaginad este cerebro ahora. Con un confinamiento comarcal y con un toque de queda a las 10 de la noche. ¿Dónde quedan las nuevas experiencias y la rotura de los límites establecidos? Donde pueden. Si la orden que da el cerebro al adolescente es prepararse para vivir de manera independiente cuando termine esta etapa —por eso buscan a sus amigos y huyen de los padres—, ¿cómo encontrarán su encaje en una sociedad en la que todo está prohibido? Algunas pruebas hemos tenido, y, diréis que a veces ya no son adolescentes quienes las protagonizan. Quizá no. Pero la adolescencia tiene un inicio biológico y, en cambio, en el final también interviene la cultura. Y si no los aceptamos en igualdad de derechos y responsabilidades, porque esta sociedad los expulsa, por ejemplo, del mundo laboral de manera dramática, entonces la adolescencia puede batir récords de longevidad y la OMS estará equivocada otra vez.

Y si creéis que, muy bien, pero representa que también deben madurar, aprender a razonar y todo esto que se nos supone a los adultos, dejadme acabar con una última reflexión. Se ve que es en la adolescencia cuando madura la capacidad de retrasar recompensas. Un niño no puede aguantar. Figura que los adultos sí, que las podemos retrasar días, meses y años. Que por eso somos capaces de tener proyectos a largo plazo. Muy bien. Esta capacidad del cerebro es la última en madurar. De promedio, no lo hace hasta los 34 años. Pero visto lo que ocurrió durante el puente de la Purísima y que estamos atrapados como idiotas en un invento humano como la Navidad, que queremos celebrar sí o sí, en lugar de estarnos quietecitos y esperar la recompensa de la vacuna, diría que esta es una sociedad perpetuamente adolescente. Si no fuera porque los adolescentes sí que son capaces de romper las convenciones.

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