El suicidio es la primera causa de muerte no natural en Catalunya, especialmente entre los jóvenes. En 2024, en la provincia de Barcelona, 390 personas experimentaron la tentación de no seguir viviendo. La detección y la prevención a menudo pasan por espacios como las parroquias, a donde cada vez llegan más personas que explicitan las ganas de acabar con la propia vida.

La diócesis de Barcelona ha ideado el “Spe Salvi”, el Servicio de Prevención, Detección y Abordaje de las conductas suicidas. Es un servicio pionero en todo el Estado español. Este nuevo programa quiere ser una red de detección y acompañamiento con toda la comunidad cristiana. El papa León XIV se ha pronunciado y pide que los cristianos se impliquen en la prevención del suicidio. Barcelona se ha puesto en marcha y ha ideado este plan, que lleva por nombre “Spe Salvi” y que se inspira en la segunda encíclica del papa Benedicto XVI, centrada en la esperanza que salva. Es una nueva parte de la pastoral de la Iglesia que cuenta tanto con un teléfono de atención directa como con el apoyo de la extensa red de comunidades parroquiales del Arzobispado de Barcelona. Todos los curas y laicos que colaboren lo harán como “centinelas en la detección y acompañamiento de conductas suicidas”. El plan no es una iniciativa pastoral propia y suficiente, sino que se ha coordinado con la administración.

Los sacerdotes y agentes de pastoral de la archidiócesis tienen una guía específica, realizada con el apoyo del Departament de Salut de la Generalitat de Catalunya y de entidades especializadas, para prevenir, detectar comportamientos de riesgo y para atender peticiones de apoyo. Las parroquias también repartirán información. La iniciativa de la Iglesia de Barcelona está avalada por la Generalitat, que la ha incluido dentro del Plan Nacional de Prevención del Suicidio de Cataluña (PLAPRESC).

El estigma y el desconocimiento de que el suicidio es esencialmente un problema de salud son barreras que retrasan el acceso a una ayuda efectiva

Según la Organización Mundial de la Salud, de hecho, cada año en el mundo se quitan la vida unas 720.000 personas, es decir, poco menos de 2.000 al día. Más de la mitad de los suicidios globales (56%) ocurren antes de los 50 años, y la franja de edad de 15 a 29 años se ve particularmente afectada: para este grupo de edad, el suicidio es la tercera causa de muerte, y entre las chicas y las jóvenes adultas es incluso la segunda. El 73% de las personas que se quitan la vida viven en países de ingresos bajos y medios, pero las naciones más ricas no están exentas del riesgo: en Estados Unidos, por ejemplo, la tasa de suicidio actual es un tercio mayor que la del año 2000.

El primer Plan de prevención del suicidio en Catalunya 2021-2025 (PLAPRESC), tiene como lema: “#TriolaVida” y se marca un doble objetivo: por un lado, reducir, para 2030, la tasa de tentativas y muerte por suicidio en más de un 15%; por otro, reducir el estigma social.

El estigma y el desconocimiento de que el suicidio es esencialmente un problema de salud son barreras que retrasan el acceso a una ayuda efectiva. Catalunya cuenta con un teléfono, 061.

Es un servicio especializado en la atención telefónica a personas con conducta o ideación suicida, y a sus familiares o personas cercanas. El servicio está formado por un equipo especializado en salud mental: profesionales de enfermería, psicología y psiquiatría. Todos ellos son expertos en conductas suicidas y en las consecuencias derivadas (ideación, tentativa y muerte por suicidio). Los expertos explican que detectar el suicidio es posible y, hablando de ello, se favorece la prevención.