Es muy importante entender cómo funciona la mente humana para entender cómo funciona la política (o cualquier otra cuestión en la que el ser humano esté involucrado). Básicamente porque todo lo que hace el ser humano está condicionado por su inconsciente; algo que, como muy bien dice la palabra, no es consciente y que, por lo tanto, no podemos controlar. Y se nota. Vemos claramente este descontrol cada vez que leemos las noticias: acosos sexuales, corrupción, agresiones, políticos de izquierdas que cobran sueldos desorbitados mientras la mayoría de la población no llega a fin de mes… Pero si parecía un santo, pero si era la bondad personificada, pero si es de izquierdas…, ¿cómo puede ser? Nos preguntamos a menudo con toda nuestra inocencia. La mayoría de la gente no sabe por qué actúa como actúa ni por qué hace lo que hace. Los hay que tienen la suerte de tener un inconsciente que actúa con una cierta coherencia y bondad; a otros, en cambio, les ha tocado un inconsciente mucho más cabrón y perverso. Por supuesto, el inconsciente no los excusa de nada, pero sí explica sus incongruencias.
Nuestro inconsciente habla, a través de actos, a través de somatizaciones corporales, a través de lapsus (que pueden parecer casualidades, pero no lo son), a través de bromas o chistes… Un presidente que, cuando le toca actuar, le fallan las piernas, por ejemplo, o que cada vez tiene un aspecto más demacrado. ¿Cuántas personas hemos visto que se muestran felices en las redes sociales, pero no paran de tener síntomas físicos extraños, que —como ellos dicen— no tienen ninguna explicación lógica? Sí tienen una explicación lógica, pero no la ven; han puesto demasiadas capas delante para poder verla. ¿Cómo puede ser que no me encuentre bien si soy —supuestamente— tan feliz? Pues, básicamente porque tu cuerpo habla por ti, porque tu inconsciente almacena toda la verdad que tú no quieres aceptar, que niegas, que rechazas, que reprimes... y a través de metáforas la saca a la luz, para ver si reaccionas de una vez y te enteras de lo que realmente deseas.
¿Y por qué os explico todo esto? Pues porque, si hacéis el trabajo de entender cómo funciona el inconsciente, veréis la realidad con otros ojos: veréis que todas las chorradas que hace la mayoría de la gente no son nada más que un intento torpe de intentar tapar una falta, un vacío existencial (dejemos aparte el caso de los psicóticos), que nunca se podrá tapar, porque forma parte de nosotros desde el momento en que nacemos (¡por suerte!, y gracias a esto solo somos neuróticos o, en el peor de los casos, perversos), y que, afortunadamente, también es nuestro motor, lo que nos permite salir del goce y desear. Si no tuviéramos ninguna falta, si lo tuviéramos todo, si viviéramos en el goce absoluto, no nos haría falta levantarnos nunca más de la cama. Algunos hombres creen que estando con chicas cuarenta años más jóvenes que ellos conseguirán tapar esa falta; otros, que la solución es tener millones de euros en el banco o ser la persona más poderosa del mundo. Esto debe satisfacer temporalmente al ego, pero, tapar, no tapa nada. ¿Qué hace que elijamos una manera de actuar u otra? Pues eso depende de cada persona, somos únicos e irrepetibles; todos nos hemos configurado de maneras diferentes, porque todos hemos tenido un contexto diferente, ni siquiera los gemelos idénticos han tenido el mismo contexto. Incluso en el caso de que dos personas actúen exactamente igual, no quiere decir que compartan la razón por la cual han elegido actuar de aquella manera; puede ser por razones completamente opuestas. Un ejemplo de esto sería el hecho de que un españolista muy español y un catalanista independentista voten a la misma persona: a Sílvia Orriols. Por razones diferentes, actúan de la misma manera: votan a la misma persona.
¿Por qué no se hacen tests psicológicos a los políticos para poder optar a un cargo?
La mayoría de la gente nunca se hace preguntas; viven de certezas inamovibles (dependen de ellas para estar tranquilos). Yo me las hago: ¿por qué nuestros políticos procesistas nos prometieron la independencia y cuando la tenían en las manos salieron (literalmente) corriendo?; ¿por qué a menudo, cuando tenemos lo que deseamos en las manos, lo hacemos fracasar?; ¿realmente corrían peligro nuestras vidas?; ¿realmente ha sido mejor no declarar la independencia?; ¿realmente hubiéramos perdido más cosas de las que hemos perdido no declarándola y no haciéndola efectiva? Sinceramente, lo dudo: Catalunya se ha consolidado como uno de los territorios más pobres de Europa; la gente se está muriendo porque las listas de espera en la sanidad pública son interminables (¿habría habido más muertes haciendo efectiva la independencia?); hay tanta inmigración que pronto la Moreneta bailará sevillanas (¿estaríamos tan superpoblados siendo independientes?); el catalán ya se encuentra en cuidados paliativos (¿nos habrían sustituido lingüísticamente con la independencia?); el sistema ferroviario sería tan ineficaz?... y tantas otras preguntas sin respuesta.
Nos gobiernan inconscientes desbocados. Otra pregunta que me hago: ¿por qué no se hacen tests psicológicos a los políticos para poder optar a un cargo? No bromeo: el bienestar de todos nosotros depende de esta gente. Hacen tests psicológicos para acceder a cualquier trabajo menos para ser político. Y hablo de tests psicológicos decentes, que detecten de verdad desequilibrios psicológicos. Tenemos que potenciar a la gente válida, resolutiva, honesta y empática de verdad (me niego a pensar que ya no quedan); no a los demagogos que se cuelgan medallas de honradez solo para escalar cargos y llenarse los bolsillos. Y ya no hablo solo del mundo de la política, hablo de todas las profesiones, porque todas las profesiones son igual de válidas y necesarias para el bienestar de todos nosotros. Seríamos muy inconscientes si no lo hiciéramos.