Como ciudadana catalana tengo la sensación de vivir en una pesadilla constante; una pesadilla esperpéntica, grotesca, ridícula, absurda, perversa (y todos los adjetivos que se os ocurran menos coherente, razonable y empática). Cuando parece que ya no se pueden hacer peor las cosas, llega un iluminado y hace una propuesta aún más absurda, retorcida y maquiavélica. No les podemos negar que de imaginación no les falta: "Lo tenemos muy cerca", "El mundo nos mira", "Si me dais 68 diputados, proclamo la independencia", "Es imposible cualquier acuerdo político con el PSC", "Si no nos votas, eres de extrema derecha", "Solo sabéis quejaros; aún gracias que hacemos un tren orbital, peor sería que os quedarais con esta Catalunya desmantelada, arruinada, castellanizada e islamizada sin un tren orbital"… Muchas gracias por vuestros esfuerzos, pero no son necesarios, de verdad. Creo que tendríamos mejores resultados si nadie hiciera nada. Y sí, meto dentro del mismo saco a todos los partidos procesistas, porque tienen un denominador común: parole, parole, soltanto parole (pero sin el encanto de Mina Mazzini y Alberto Lupo).
¡Quién nos iba a decir que el dinero que pagamos a tocateja cada año con nuestros impuestos se giraría en nuestra contra y nos haría vivir cada día más miserablemente!
Que si DANAS y muertos sin culpables; que si sanidades destruidas; que si sistemas educativos saturados y fallidos; que si aumento de la criminalidad, de los robos con violencia y de los asesinatos con pistolas (pero nada que ver con la inmigración masiva); que si muertos en accidentes ferroviarios por una mala gestión; que si ahora soy independentista y al día siguiente españolista; que si infiltraciones en asambleas educativas; que si presos políticos que apoyan a los que los han encarcelado… Y no, no hablo ni del Far West ni de El hombre que mató a Liberty Valance; hablo de una Catalunya masoquista dentro de una España que solo tiene ganas de hundirla y de humillarla. No sé vosotros, pero yo estoy agotada de ir esquivando mentiras, manipulaciones, tergiversaciones… y de ver cómo todo lo que cobro a final de mes se va a los bolsillos de unos cuantos a cambio de nada o de un empeoramiento de la situación. ¡Quién nos iba a decir que el dinero que pagamos a tocateja cada año con nuestros impuestos se giraría en nuestra contra y nos haría vivir cada día más miserablemente!
Cuando dicen que tienen que buscar una solución a uno de los tres mil problemas que acumulamos, ya tiemblo; me dan más miedo que una combinación de más de dos pronombres febles. Para ellos la palabra solución significa: 'Asfixiemos un poco más al personal, a ver si con cuatro tuits aún les basta para desahogarse o ya tienen ganas de dar un paso más'. Saben que el cabreo nos dura menos que un suspiro y que después ya pueden volver a aportarnos otra solución ornamentada con miradas al infinito y frases épicas y emotivas de algún libro de autoayuda de hace veinte años y hacer lo que les dé la gana.
Los culpables siempre somos nosotros, los ciudadanos, que no sabemos votar; ellos siempre son víctimas de alguna conspiración estrambótica, de gente chiflada que los acusa de mentir día sí, día también, de verse involucrados en corrupciones que nunca saben de dónde bajan… A veces, no sé si os pasa, tengo más la sensación de estar en el patio de una escuela de payasos de película de terror que en un país serio. Los catalanes somos unos desagradecidos; deberíamos darles las gracias por destrozar nuestra lengua y por hacer creer a los recién llegados que nuestras tradiciones son imposiciones fascistas. La tolerancia, en este país llamado España, es aceptar cualquier cultura menos la catalana; es de primero de imperialismo, de colonialismo y de supremacismo. Porque todo el mundo sabe que la cultura catalana siempre se ha querido imponer a las culturas minoritarias como la española para hacerlas desaparecer, y que, por eso, actualmente la lengua española se debate entre la vida y la muerte. Pero no estoy aquí para hablaros de toda esta decadencia ni para victimizar; estoy aquí para deciros que "Lo volveremos a hacer", que "Lo tenemos muy cerca" y que por fin ya estamos en la última etapa de la hoja de ruta que nos habíamos marcado: entregar las llaves de Catalunya a los extranjeros y abrir la puerta de par en par a la españolidad. Gracias a todos los que lo habéis hecho posible; sin vosotros Catalunya nunca habría podido ser una colonia española como Dios manda.
