Nunca hemos tenido una generación política con un compromiso tan firme con el país y la gente. Desde la República. Nunca tantos alcaldes y concejales habían estado en el punto de mira de la justicia por su determinación y lealtad al país. Lisa y llanamente: mientras en Catalunya han sido centenares los cargos electos procesados por defender las urnas, por hacer política, en España lo están por corruptos. Por eso es tan nefasto que vuelva la tentación de envolverse con la bandera para hacer pasar gato por liebre y evitar responsabilidades.

Paco Gas es el alcalde de Roquetes. Una buena persona, honesta, ejemplar en actitudes y trayectoria. De los primeros alcaldes independentistas en el Ebre. Paco viene remando de lejos, de cuando esto de ser independentista era casi de locos. En su casa, al principio de los noventa, se hizo alguna de las reuniones más trascendentes para configurar el futuro del movimiento independentista como movimiento de masas. En presencia de Xavier Vendrell, referente inequívoco de compromiso y militancia.

Paco es un hombre afable e inclusivo, detalle que hoy no es menor ante la irrupción de corrientes excluyentes. A pesar de su discreción, es historia viva del independentismo, de las izquierdas. Y de los primeros en apostar por trabajar desde la base, en el municipalismo, de arremangarse y asumir contradicciones para avanzar (era de armas tomar), uno de los primeros en visualizar que se tenía que alejar a esa izquierda independentista, llena de buenas intenciones, de la marginalidad. Paco fue de los primeros en entender que habíamos venido a ganar, no a tener la razón. Y que tras una bandera o hay un proyecto de sociedad, de justicia social y progreso, o no hay nada y lo que es peor, que no va a ningún sitio.

Sencillamente, sin hacer ruido, hizo lo que tocaba, hacer posible el referéndum en Roquetes, liderando, asumiendo la responsabilidad que le correspondía

Cuando literalmente eso del independentismo era de cuatro iluminados, Paco ya estaba. Él, y unos cuantos más como él. Ellas y ellos (pocos, poquitos) sembraron y entendieron que si el independentismo quería salir adelante, tenía que ser un movimiento de base amplia que huyera de los dogmatismos para hacerse más grande, un movimiento decidido a hacer política, que gesticulara menos e hiciera de la eficiencia y la proximidad su razón de ser. Una lección que ahora, más que nunca, toca volver a recordar, cuando hay actores políticos y sociales que parecen empeñados en querer volver atrás, en retroceder a los tiempos en que el independentismo no aspiraba a ninguna hegemonía sino solo a hacer ruido. De ningún modo nos podemos permitir volver a ser una minoría ruidosa, por muy ruidosa que sea.

Paco lleva encima muchas horas de vuelo y está curado de espantos. Cuando fue el día, Paco desobedeció. Sin pensárselo dos veces, ignoró los requerimientos de la justicia española para abortar el referéndum el 1 de Octubre. No amagó con desobedecer, no se llenó la boca con ello, no delegó la responsabilidad sobre otros, no hizo ningún uso espurio de su decisión (que llevó hasta el final) para tirarla a la cabeza de otros compañeros o de otros alcaldes, quizás más miedosos. Sencillamente, sin hacer ruido, hizo lo que tocaba, hacer posible el referéndum en Roquetes, liderando, asumiendo la responsabilidad que le correspondía. Predicando con el ejemplo, con humildad y determinación. Y cuando tocaba.

La jueza de instrucción de Tortosa citó a Paco en marzo del 2019. Por unos presuntos delitos de sedición, malversación de fondos, desobediencia y calumnias. Menos mal que no lo acusaron de un crimen contra la humanidad. Paco (y el resto de inicialmente encausados) se negó a responder a las preguntas de la Fiscalía, tal como también hicieron todas las y los dirigentes políticos que fueron citados el 2 de noviembre del 2017 en la Audiencia Nacional, todos excepto uno.

Si la jueza procesó inicialmente a Paco Gas por sedición, malversación, desobediencia y calumnias por su actitud el 1 de Octubre ―delitos que podían sumar decenas de años de prisión― finalmente la Fiscalía 'sólo' pide inhabilitar a Paco. ¿¡Y una multa de 25.000 euros!? Pues, déjame, amigo Paco, que exprese mi estado de ánimo ante un alcalde ejemplar como tú: ¡25.000 y más (¡millones!) es lo que valen, Paco, tus cojones!

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