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"Quien es capaz de hacerte creer absurdos es capaz de hacerte cometer atrocidades"
Voltaire

Una democracia no consiste solo en votar cada cuatro años. Una democracia parlamentaria gira, como su propio nombre indica, en torno a las cámaras. Sánchez es un presidente cuya legitimidad procede de las cámaras, cuyo soporte ahora ha perdido, y de ahí su miedo inmenso a que quede legalmente retratado en una votación reflejada en acta que ya no tiene ese sustento. Tanto miedo le da —con razón, porque sería una evidencia no solo nacional, sino internacional— que ha decidido amordazar al Congreso mediante una trapacería absurda que le desmonta no un letrado, sino un niño de pecho.

La jugada planteada por Junts y asumida por el PP es muy buena. No sé por qué, me gustan las jugadas legales imaginativas tanto como me repele su paralización con malas artes. Será porque me considero una demócrata leal y comprendo que el corazón del sistema no está en un palacete ni en un césar, sino en la voluntad popular expresada por sus representantes. Este incidente no es sino la demostración de que a Sánchez la democracia le tira de las costuras, y eso, señores míos, es algo que acongoja.

Todos sabemos que para derribar a un gobierno la Constitución solo permite una moción de confianza constructiva, y que la incompatibilidad de electorados de todos los grupos que ya saben que no puede seguir en el poder alguien anegado por esta marea de corrupción y manipulación institucional, la bloquea. Esa es la única fuerza de Sánchez. Casi como si tu pareja sigue contigo porque no tiene otras opciones y tú lo aceptas. Esa es la propuesta que nos hace a los electores y a nuestros diputados: traga con todo porque no te queda otra. Cosa distinta son aquellos que han decidido uncirse al yugo de la corrupción y el descrédito como buenos bueyes. Allá ellos. El prestigio no es un chubasquero; es irreversible.

Sánchez debería haber dimitido ya, como poco, sesenta veces, si conservara algo de vergüenza y de respeto a la democracia y al pueblo soberano

Pretendían mediante enmiendas Junts y el PP que se votara en la cámara instar a Sánchez a convocar elecciones: "Instar al presidente del Gobierno a proponer la disolución de las Cortes Generales y a convocar elecciones de acuerdo a la prerrogativa de la legislación vigente, atendiendo al carácter político, sin vinculación jurídica, de la presente iniciativa". Lo copio literal para que se vea que no solo son malos, sino que son tontos y nos lo quieren hacer a todos. Vista la jugada, inteligente e imprevista, a la presidenta del Congreso se le debieron apretar todos los esfínteres, que son más de cuarenta, y decidió reunir a la Mesa del Congreso… por WhatsApp, y en una ronda de chat conseguir la opinión mayoritaria de los suyos y de Sumar de que tal votación no puede producirse "porque invade competencias constitucionalmente reservadas al presidente del Gobierno". Pero meloncillos obedientes, ¿dónde dice en ese texto que convocan elecciones, que es la prerrogativa, si lo que dicen es que le piden o urgen a que lo haga él, que es el que puede hacerlo? ¿El miedo no les permite ni siquiera echar una pensada a lo que dicen? Saben que más de 184 votos hubieran respaldado esa situación y hubieran evidenciado que Sánchez gobierna sin apoyos, que no podrá aprobar nada en el tiempo que sigue y que su fantasía de que aún puede convencer a unos y a otros de que le apoyen no es sino un sueño de Bolaños.

Por esa misma regla de tres, no se podría reprobar a un ministro, dado que la prerrogativa de nombrarlo o cesarlo es propia del presidente. Es más, hace un año y poco, Junts presentó otra PNL para instar a Sánchez a presentar una moción de confianza. Fíjense, atropellando las prerrogativas de presidente, que es el único que puede decidir hacerlo. Ironía on. La diferencia es que aquella se votó porque algo negoció a cambio. Es decir, la legalidad se basa en si Sánchez saca tajada o sale perdiendo. Pura esencia democrática. Por no repetir que esto no hay quien lo soporte, que ya no son unos chorizos, unos puteros y unos aprovechados, que ahora es el propio partido del gobierno extorsionando, acechando y amenazando a jueces, fiscales y policías para lograr la impunidad. Que es la sospecha de que nuestra política exterior haya sido un patio de Monipodio. Que es que Sánchez debería haber dimitido ya, como poco, sesenta veces, si conservara algo de vergüenza y de respeto a la democracia y al pueblo soberano.

Así que las cartas están sobre la mesa. Si la democracia es comparable a un juego al que todos queremos jugar eternamente, ya tenemos claro que a Sánchez no le importa llevarse a casa la pelota cuando las cosas no le gustan. Muy preocupante. En mi último libro (Cómo matan, a mordiscos, nuestra democracia. La Esfera, 2026) ya analicé el uso de las llamadas tácticas duras constitucionales (Constitutional Hardball Tactics) por este gobierno: acciones aparentemente legales, pero contrarias al espíritu de la democracia; movimientos que aparentemente respetan formalmente las reglas, pero las explotan o reinterpretan hasta vaciarlas de sentido democrático.

Ante tamaña jugada, que será recurrida, pero ya ha ocurrido, la portavoz del gobierno solo ha podido dar su gran argumento para continuar aferrados a un poder sin sustento real, solo formal: "Entre las metas, sigue estando como objeto central y permanente el elevar el nivel de vida de los españoles". Por eso no levantamos el culo. ¡Ah, no, perdón, que eso lo dijo Franco en el discurso de Navidad de 1955! Lo que ha dicho la portavoz de Sánchez ha sido: "Buscamos mejorar la vida de la gente y eso hace que merezca la pena seguir adelante". ¡Hala, antifascistas, a gozar!