El drama humano pasará y dará paso al drama económico. La cifra de muertes es, ahora ya, aterradora y todo apunta a España como uno de los focos principales de infección y mortalidad. Si las cifras en Catalunya son alarmantes, en Madrid son devastadoras. Madrid puede pasar por delante de la Lombardía y de Wuhan. El mismo New York Times ya lo ha advertido esta semana. Madrid puede ser la zona cero mundial de los afectos por el Covid-19.

La situación no puede ser más dramática. Ciertamente. Ahora bien, no nos puede hacer menospreciar los efectos económicos de esta crisis humanitaria que está haciendo estragos, sobre todo, entre las personas mayores. Y que amenaza el bienestar y el futuro del conjunto de nuestros servicios públicos, los mismos que hoy elogiamos, desde la sanidad, a las residencias, a los Mossos d'Esquadra y las policías locales, a los servicios de limpieza o muchos otros. Los mismos que la derecha catalana castigó con sus decisiones y los mismos a los que castiga el Estado con su política económica y el déficit sistémico al cual somete la sanidad catalana y el conjunto de nuestra economía y sociedad.

El vicepresident económico, Pere Aragonès, no deja de hacer propuestas y presentar iniciativas. En ausencia de medidas contundentes por parte del Gobierno, que sigue obstinado en proyectar una imagen castrense y un discurso patriótico por encima del cívico, parece que Aragonès ha tomado la batuta optimizando las pocas competencias de la autonomía financiera catalana. No tenemos el concierto de los vascos, ni el fuero de Navarra, ni la insularidad canaria. Catalunya es una autonomía financiera de segunda división a pesar de disponer de un tejido socioeconómico de primera y de bastante talento en todos los ámbitos.

Mientras Merkel dialoga con los länder, Sánchez nos ha querido someter torpemente rodeado de militares

La propuesta de Aragonès sobre la puesta en marcha de un grupo de trabajo para impulsar la movilización de la industria catalana recuerda a aquello de las industrias de guerra de la Generalitat republicana, de Lluís Companys. El objetivo es el aprovechamiento de todo el tejido productivo del país en la línea de producir suministros desde dentro para afrontar el coronavirus.

En este sentido —y es una de las buenas noticias de las últimas horas— la homologación de los respiradores hechos con 3D en Catalunya. Estos respiradores 3D se han potenciado desde Catalunya para atender a pacientes graves de coronavirus y se espera que lleguen esta misma semana a las unidades de cuidados intensivos (UCI) de los hospitales catalanes. Es una medida que parece inspirada en el Decreto Companys-Tarradellas de creación de una Comisión de Industrias de Guerra, para que fábricas diversas produjeran materiales de autoprotección para los profesionales de la salud y asistenciales. La iniciativa republicana inspirada en el ingenio de la República efímera de los años treinta.

Esta es una diferencia sustancial respecto del enfoque castrense que exhibe el Gobierno, así como su incapacidad para afrontar la crisis solidariamente y cooperando. Mientras Merkel dialoga con los länder, Sánchez nos ha querido someter torpemente rodeado de militares. Por eso es cada día más inadmisible e imperdonable la actitud pasiva, a veces cómplice, de esta derecha catalana con el enaltecimiento del franquismo. Como en Tortosa. O el vergonzante pacto de socialistas y convergentes para impedir que se investiguen las fechorías a la sanidad, lucrativos negocios que quieren opacos. Ya lo decía Gabriel Rufián en el Congreso, que el gobierno más progre de la historia de España —a ver si los comunes son ahora igual de exigentes— recorte el gasto militar —nada que no hiciera Alemania en la crisis del 2008— y lo destine a Sanidad o a incentivar la economía productiva, en vez de militarizar patrióticamente la respuesta a la pandemia.

Ahora toca prepararnos para esta semana que, según el pronóstico, será la más dura, la de más nuevos casos y, desgraciadamente, también la de más bajas. El esfuerzo del Govern con el Departament de Salut al frente es titánico. Y cuando haya pasado la pandemia de este maldito virus, que llegará, recordemos este momento para aprender de los errores del pasado y para construir una sociedad mejor y más justa con la vida de las personas en el centro y con la salud pública como lo que siempre tendría que haber sido, el pilar del estado del bienestar.