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Cuando me topé con el famoso vídeo hiperviralizado de la concejala de la CUP de Moià, Lakshmi Roset, mi primera reacción espontánea, así como la de la práctica totalidad de los hombres (aún más específicamente, heterosexuales) catalanes y de todo el planeta Tierra, fue la de asombrarme ante una señora de extrema belleza, con la consiguiente volada de imaginación erótica. Cuando digo que este fue el instinto primario de todos los machos del universo entero, queridas camaradas, me refiero a todos; esto incluye también a aquel amigo vuestro que asiste a talleres de deconstrucción y que, hace unos cuantos días, os acompañó a la Filmo para ver las películas de Jane Fonda y, al salir, os dijo frases del tipo: "Es admirable cómo esta señora sobrevivió la cosificación de los hombres para alcanzar una sexualidad libre". Sí, este amigo, como la mayoría de los miembros de la CUP y ecosocialistas, también desvió los ojos hacia el pecho.

Esto no es necesariamente malo ni nos convierte en abusadores de señoras por definición. Los catalanes somos de raza mediterránea y lo suficientemente capaces de captar el mundo a través de la piel; a partir de ahí, muy al contrario del puritanismo tan propio de las culturas del norte (de un amor espiritista dramáticamente castrador y, como tal, muy peligroso), podemos abstraernos o aprovechar la belleza de un cuerpo para apreciar mejor las palabras; en este sentido, nos complace aferrarnos al reducto de la corporalidad, justamente porque sabemos reírnos de ella o admirarla. Siguiendo el hilo, y por mucho que pueda no ser el caso, tendría todo el sentido del mundo que la CUP aprovechara la belleza de su nueva amazona (o sus orígenes culturales) para propagar mejor un determinado mensaje; de hecho, el partido ya lo practica con gente comunicativamente brillante y de apariencia atractiva como el mediático Guillem Surroca, alcalde de Cervià de Ter.

Si nuestra cultura, insisto, es infinitamente superior a la de otros lugares del mundo es justamente porque podemos aceptar sin taras mentales que un mensaje tenga más aceptación a causa de la belleza (o la pericia gestual) de su emisor

Evidentemente, si nos atenemos a las reacciones de la mayoría de los orangutanes del país, ha quedado patente que el vídeo de una señora genera muchos más comentarios sexualizantes que el equivalente en un hombre; y hay que decir que Lakshmi tiene todo el derecho a estar hasta el coño. Dicho esto, también debería saber que hay gente crecida en tiempos de la manosfera (y aquí no me atrevo a hablar de porcentajes) que, después de exaltarnos por su condición de bien plantada, hemos procedido a escuchar lo que decía en el vídeo en cuestión. Y no solo eso, sino que —gracias a hacerlo— muchos pixapins como servidora no solo hemos descubierto la existencia de una entidad llamada Moià, sino también del proyecto de ampliación abusiva de su matadero y la consecuente instalación de una planta de biogás, además de la práctica más bien islámica de pasear animalitos por el pueblo en camiones nauseabundos de los cuales salen chorros de sangre que ensucian la villa.

Si nuestra cultura, insisto, es infinitamente superior a la de otros lugares del mundo es justamente porque podemos aceptar sin taras mentales que un mensaje tenga más aceptación a causa de la belleza (o la pericia gestual) de su emisor. Hay países que niegan la estética como un arma política importantísima... y vuelvo a decir que no solo acostumbran a ser más perversos, sino también mucho más conservadores. Así también lo es la CUP, que ha pasado de aprovechar a sabiendas el appeal ancestral de sus portavoces a escandalizarse por el hecho de que las manadas de tontos solo les alaben las tetas. A mí todo esto me da cierta pereza, no solo porque la izquierda cada día se parece más al papado, sino también porque muchas de sus portavoces, oso volver a ello, se aprovecharon de su fuerza mediática para vendernos muchas tabarras comunistas que se acabaron buscando maromo en el Congreso o viajando de Erasmus a Suiza.

Yo estoy encantado, en definitiva, de que los cupaires (a quienes nunca agradeceremos lo suficiente haber jubilado a Artur Mas; ¡por eso les dimos el voto!), con tal de revertir las encuestas que muestran una desbandada de sus votantes hacia Aliança, vuelvan al recto camino del glamour, la estética y la propagación del mensaje a través de los espacios que nos ha regalado el capitalismo, como las redes sociales. Pero los cupaires deben pensar que el procés ya ha pasado y nos ha regalado muchas lecciones; y no os lo creeréis, pero hemos visto diosas que reclamaban mucha dignidad y que han acabado tocando el bombo español del guarro de Évole. Lo digo, estimades camarades, porque ya sabéis que todo aquello personal... es político. También el escote, faltaría más.