Con la segunda liga en el bolsillo de Hansi Flick, habría que reflexionar sobre las dificultades vividas por una institución que suele creer que todo camino placentero esconde una trampa, y así se va alimentando un entorno que, sin la inestabilidad emocional del Barça, moriría de inanición.
El caso Negreira fue destapado por lo que podríamos considerar el entorno —en este caso— mediático. Y fue el programa de SER Catalunya “Què t’hi jugues!”, dirigido por Sique Rodríguez, el que sacó —en exclusiva— un supuesto caso de corrupción protagonizado por el Barça y un excolegiado que entonces ejercía como vicepresidente del Colegio Nacional de Árbitros. La información destapada detallaba cómo el Barça había pagado una serie de informes a una empresa vinculada al excolegiado dirigida por su hijo y, abierta la caja de los truenos, estalló un caso que ha llevado al Barça y a Enrique Negreira ante los tribunales. El Barça dice que los pagos correspondían a informes técnicos sobre arbitraje y scouting y, según la Fiscalía, los desembolsos evidenciaban un claro caso de corrupción, administración desleal y falsedad documental. Que el Real Madrid entrara como acusación particular es como meter al lobo a controlar el rebaño.
Destapar el caso Negreira cuando se tenía una información coja dice muy poco del periodismo, ya que, en mi opinión, habría que haber esperado a acumular más documentación y no dejar las portadas y la opinión de los periódicos controlados por el madridismo sociológico a su libre voluntad para ensuciar una de las etapas más brillantes de la historia del barcelonismo, demostración fehaciente de que el madridismo no sabe ni perder ni ganar, convencido de que, históricamente, la Liga es suya por derecho de conquista. A lo mejor ya iría siendo hora de que estos valientes periodistas se atrevieran a investigar la corrupción de diversa índole —pruebas las hay— que ha acompañado al Real Madrid a lo largo de su historia como equipo convertido en el mascarón de la España franquista entonces, ayusista ahora. Debe de ser fácil disparar contra el Barça, y muy difícil destapar el fútbol de despacho que tantas glorias dio al equipo dirigido ahora por el Ser Supremo.
¿Sería posible que el caso Negreira escondiera un caso de corrupción dentro del propio club ejercida por algunos directivos para desviar dinero y engordar cuentas privadas? Es una posibilidad. Como también sería posible que fuera un simple caso de "cliente paga por un informe", pero el "Què t’hi jugues!" quiso llenarse el pecho de medallas y ejercer el “más periodismo”, término puesto de moda por Antonio García Farreras. Y, como sucede habitualmente con los garciafarreristas de turno, el Barça es culpable, cuando la presunción de inocencia es un derecho fundamental que garantiza que toda persona o entidad investigada penalmente sea tratada como inocente hasta que una sentencia firme demuestre que es culpable. Había ganas desde la capital de debilitar a un club que representa la España federalista que detestan, y el "Què t’hi jugues!" les puso en bandeja de plata la posibilidad de asediar y derribar el prestigio de un club al que llevan tiempo sin poder derrotar futbolísticamente, a pesar de haber fichado a antídotos contra Guardiola, Messi y, ahora, Hansi Flick, y que han fracasado una y otra vez.
Si el Real Madrid hubiera arrasado futbolísticamente desde que estalló el caso Negreira, el asunto se habría guardado en un cajón por falta de pruebas acusatorias palmarias
De Antonio García Farreras todo el mundo sabe que es uno de los que ha avivado desacomplejadamente el fuego del caso Negreira, y nadie le reprocha que sea uno de los periodistas favoritos de Florentino Pérez desde que lo nombró director de comunicación del Real Madrid en 2004 y, una vez convertido en uno de los cabecillas de La Sexta, un submarino merengue dentro de una cadena tan supuestamente neutral como supuestamente progresista, como supuestamente nutrida por las cloacas del Estado.
Como barcelonista irredento, considero la relación del Barça con Negreira como una de las cagadas más surrealistas de la historia del club. Y espero que la justicia española, si logra deshacerse de la sombra de la prevaricación, haga tapar muchas bocas. Si el Barça es culpable, que pague, pero la verdad es que ningún dinero ha ido a parar a los bolsillos de ningún árbitro. Y si no hay caso, deseo que los que han ensuciado con blasfemias la historia del club pasen al banquillo de los acusados por corrupción periodística. De no ser así, no pararán, y si tienen que expirar, morirán matando.
Si el Real Madrid hubiera arrasado futbolísticamente desde que estalló el caso Negreira, el asunto se habría guardado en un cajón por falta de pruebas acusatorias palmarias. Pero el Ser Supremo necesita, como el titán Crono, comerse todo lo que le hace peligrar el control del universo galáctico. Y el Real Madrid no necesita pedir nada a los Negreira de turno, porque —haciendo un símil cinematográfico— sería como si Don Corleone le pidiera un informe a Peter Clemenza.
De cara al futuro, lo que me preocupa es la pax romana que ha sellado Florentino Pérez con los máximos mandatarios de la UEFA y la FIFA después del gatillazo sufrido con la Superliga. Florentino ha vuelto al feudo continental fundado por el padre Santiago Bernabéu, y se ha reunido varias veces con Infantino y Ceferin para tratar algunos temas, entre otros, el caso Negreira. El poder del presidente del Real Madrid y de la institución que representa es evidente. Se autoregalaron las primeras cinco copas de Europa, y de las otras diez, seis las ganaron con escándalos arbitrales, como consecuencia de su poder intimidatorio. Si Florentino quiere complicar la situación del Barça en la UEFA, le basta con acariciar al gato.
El futuro del caso Negreira todavía no está claro, pero algo huele a podrido en Dinamarca. Lo que desearía, como una carta dirigida a los Reyes Magos, es que hubiera un "¡Qué te juegas!" hecho en la SER de Madrid, pero los Reyes Magos no existen, y los deseos suelen estar controlados por el lawfare de un Estado donde el Real Madrid ejerce un enorme poder en la sombra.
