En las redes sociales ha habido un gran fenómeno catalanista que se llama Montserrat Pujol. Montserrat Pujol es —supuestamente— una mujer de más de cincuenta años —parecería por la foto—, rubia —no sé si natural—, con flequillo y que lleva gafas, que se dio a conocer en TikTok (@montserrat.pujol4) y que últimamente también ha asomado la nariz —nunca mejor dicho; si veis su inconfundible foto de perfil entenderéis por qué (un primerísimo primer plano)— en Instagram (supongo que por la fama que ha conseguido entre los influenciadores de TikTok) y le han aparecido un par de hermanos (Josep y Pere Pujol). Digo que supuestamente es una mujer porque podría ser perfectamente —por la foto pixelada con la que se presenta, y teniendo en cuenta el avance de la tecnología y lo fácil que es crear una cuenta falsa— un chico de veinte años o un señor con bigote y pelo en el pecho que ama la lengua catalana o que cobra alguna subvención por hacer crecer el catalán en las redes (como ha insinuado algún influenciador, que no se cree que una catalana pueda defender su lengua sin ganar dinero con ello). Pero, ahora mismo, eso es lo que menos me preocupa y me importa; lo que realmente me interesa son las reacciones que ha provocado y la repercusión que ha tenido el hecho de que una persona haya mostrado el amor que siente por el catalán (teóricamente, su lengua). Que, recordemos, es una lengua minorizada que corre un gran peligro de desaparecer.
No quieren ofender a los castellanohablantes, pero les importa un bledo ofender a los catalanohablantes, la gente de "su tierra"
Todo empezó de una manera, teóricamente, inocente. Montserrat Pujol empezó a enviar comentarios a TODOS los vídeos de TODOS los influenciadores que hacían vídeos en castellano para decirles que sería fantástico que hicieran un vídeo en catalán; que los vídeos eran muy bonitos, pero que en catalán aún lo serían más. Y los influenciadores —hipnotizados con la ternura de aquel primerísimo primer plano de Montserrat Pujol (un nombre muy pujolista y patriótico, hay que decir) y viendo la posibilidad de hacer negocio con ello, y que al mismo tiempo podrían expiar un poco de la culpa que se acumula cuando eres catalán y prefieres hacer todos los vídeos en castellano para llegar a más gente (es decir, para ganar más dinerito)— no dudaron ni un segundo en hacer un vídeo —o mejor dicho, casi todo un vídeo— en catalán. Algunos de ellos, incluso, para que no los llamaran catalanófobos y renegados, quisieron aclarar que, si hacían los vídeos en castellano, era por un motivo muy noble: para llegar a más gente, porque hay mucha más gente en el mundo que habla castellano que catalán (¡ostras!, ¡nunca lo hubiera dicho!), y para no ofenderlos hablando una lengua que —pobrecitos— no entienden. Es decir, que no quieren ofender a los castellanohablantes, pero que les importa un bledo ofender a los catalanohablantes (es decir, a la gente de “su tierra”).
Pero dejemos también esto a un lado. Hay dos cosas que me sorprenden especialmente. La primera es ¿por qué los influenciadores de TikTok han hecho tanto caso a Montserrat? Hay cientos de cuentas en la plataforma que les envían comentarios y no han recibido ni un 0,1% de su atención. Supondré que debe ser por su insistencia obsesiva, por no perder el coraje en ningún momento y por comentar absolutamente TODOS los vídeos de los influenciadores —catalanes y no catalanes— que hacen los vídeos en castellano. La segunda es que a los influenciadores catalanes (me centro en los catalanes porque, teniendo en cuenta la situación de minorización letal que vive el catalán actualmente, sería un milagro que un ciudadano de otra comunidad autónoma de las Españas hubiera querido aprender a hablar catalán por amor a las lenguas minorizadas), entusiasmados con el trend ('la tendencia') que se ha extendido por todo TikTok, y mostrando un súbito orgullo de ser catalanes —que antes de aparecer Montserrat era prácticamente inexistente—, les haya supuesto un esfuerzo hacer un vídeo en catalán (o casi todo en catalán, porque es un gran esfuerzo y muy arriesgado para un catalán hacer un vídeo entero en su lengua, podría perder muchos seguidores catalanófobos) y que lo presenten como un favor que hacen a Montserrat (porque la quieren mucho, como muy bien puntualizan). Incluso he visto algún influenciador de otra comunidad autónoma —en una gran muestra de generosidad hacia Montserrat y los catalanes— que ha hecho el esfuerzo de hacer el vídeo en catalán (ha memorizado cuatro palabras catalanas —como t’estimo, que siempre nos enternece— o ha traducido cuatro frases con la IA y las ha leído). Hay que decir que este esfuerzo se ha visto recompensado con muchos me gusta y muchas visualizaciones. Que no sea por eso. No estoy insinuando que el dinero los ciegue, ¡Dios me libre!; solo pongo todas las cartas sobre la mesa, que no se diga luego que solo explico lo que me interesa y que mi artículo es tendencioso.
Pero qué triste que el hecho de que una persona ame la lengua catalana y la defienda con uñas y dientes se convierta en un fenómeno curioso en las redes, una manera de aumentar un poco más los ingresos y el abanico de seguidores de los influenciadores —sobre todo— catalanes, e incluso de alguno que no lo es, ¿verdad? Es cierto que hay muchos jóvenes catalanes que están orgullosos de su lengua y que la usan siempre en las redes, pero también es cierto que hay muchos otros que —o bien porque se sienten más españoles que catalanes, o bien porque el dinerito pasa por delante de cualquier lengua o valor (cosa que ya me dice mucho de cómo es aquella persona y de lo poco fiable que es)— han echado el catalán al váter y han tirado de la cadena sin que les temblara ni un poco el pulso.
