El anuncio por parte de Volkswagen de su intención de invertir una gran suma de dinero para producir coches eléctricos en la Seat, es una noticia por sí sola excelente que, al mismo tiempo, plantea algunos retos de altos vuelos.

Ni más ni menos que 5.000 millones de euros de inversión en los próximos cinco años, concentrados en el coche eléctrico, que tendría que empezar a salir de las líneas de fabricación de la empresa en Martorell en 2025. La noticia hay que enmarcarla en la apuesta decidida por el vehículo eléctrico por parte de este líder mundial del sector del automóvil a resultas de convicciones propias y, sobre todo, a remolque de la apuesta de la UE por este tipo de vehículos.

A diferencia de Nissan, que se va, Volkswagen confirma que cuenta con Martorell, no para ir tirando, sino para situar la planta en punta de lanza de lo que parece que será la movilidad del futuro. Buena noticia. Seat ya iba bien, y con el coche eléctrico a la vista, su futuro se ve más claro, justamente en unos momentos en que, a la sombra del cierre de Nissan, había quien se ponía nervioso sobre qué pensaba hacer el fabricante alemán.

Aclarada la incógnita y propuesto un norte para la planta, hay que esperar a ver las concreciones de un proyecto que, sin lugar a dudas, tendría que ilusionar no sólo al sector del automóvil, sino al conjunto de un sector industrial sobre el cual hay más voluntad política de potenciarlo que acciones decididas para hacerlo. La del proyecto de Volkswagen puede ser una oportunidad de oro a lo largo de los próximos años.

El anuncio de Volkswagen viene a concretar, en una empresa específica y con una fecha, algo que se avistaba en el horizonte y que ahora ya no es ciencia-ficción, sino un proyecto de realidad, para la cual hay que prepararse si se quiere (y se puede) continuar en el sector

Para hacer un anuncio como el que ha hecho, la empresa alemana tiene que tener un proyecto bien definido sobre qué y cuándo lo quiere hacer. Es un asunto interno que se irá viendo cómo se concreta y sobre el cual podemos decir poca cosa mientras la empresa no actúe. Quien lo notará tan pronto como se pongan en marcha las inversiones serán los proveedores de la empresa. La industria auxiliar del automóvil que abastece Martorell será necesario que se transforme de acuerdo con el cambio tecnológico que comporta el paso a un tipo de vehículo tecnológicamente diferente. El anuncio de Volkswagen viene a concretar, en una empresa específica y con una fecha, algo que se avistaba en el horizonte y que ahora ya no es ciencia-ficción, sino un proyecto de realidad para el cual hay que prepararse si se quiere (y se puede) continuar en el sector. No dudo de que la industria auxiliar hará como siempre, se adaptará a los requerimientos del cliente, y la que no lo haga tendrá que buscar un nuevo norte. Sin embargo, en el contexto de Seat, el principal reto lo tienen las administraciones públicas.

Volkswagen lo dice claro: las administraciones tienen un papel decisivo en el despliegue de puntos de carga del vehículo eléctrico. Si los nuevos coches no se pueden cargar, es evidente que no se venderán, por mucha voluntad que pongan fabricantes y compradores, o se venderán sólo a aquellas personas que tengan una vivienda unifamiliar. La empresa alemana no está pensando en minorías, sino que piensa en grandes mercados, como el que tiene actualmente el coche de combustión interna, que es el que a la larga se tendrá que sustituir completamente, sea con coches eléctricos o con otros tipos de energía.

El Gobierno es quien tiene más recursos económicos y tiene también la capacidad normativa última para emprender un macroproyecto como el que supone impulsar el despliegue extensivo de puntos de carga. De momento, el actual gobierno del Estado ha dado muestras de sensibilidad en relación a la electrificación de la movilidad, con unos apoyos considerables a la compra de vehículos eléctricos y al impulso de las energías renovables. Una cosa y la otra son ingredientes del proyecto colosal de luchar contra el cambio climático que parece que finalmente Europa se ha planteado seriamente. La crisis económica provocada por el coronavirus ha acentuado la necesidad de encontrar nuevas actividades, y las asociadas a la lucha contra el cambio climático lo son.

El despliegue de puntos de carga es cosa también, por no decir sobre todo, de las administraciones arraigadas en el territorio, como la Generalitat y las administraciones locales, como veremos en el próximo artículo.

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