Es decepcionante constatar el apagón informativo que ha habido en todo el mundo occidental en torno a lo que ocurre en Irán. Una revuelta popular sin precedentes amenaza la pervivencia del régimen teocrático de los ayatolás, cuna del fundamentalismo islámico que ha sembrado el pánico en el conjunto de los países civilizados, y aquí —Europa, España, Catalunya— la partitocracia controlada por la izquierda pavisosa y la derecha acomplejada y las respectivas antenas comunicativas han decidido que no interesaba que se supiera nada, porque en el momento en que se conociera realmente lo que sucede quedaría al descubierto el juego sucio que han llevado a cabo durante todo este tiempo.

Y es que los que compraron a ciegas el relato de Hamás en los dos años que ha durado la guerra con Israel ahora están atados de pies y manos y no les queda más remedio que respaldar la dictadura islámica de Irán, que es precisamente quien ha creado y amparado la organización terrorista palestina. Sea como sea, hagan lo que hagan, lo que en ningún caso no podrán evitar, por mucho que lo intenten, es que se les vea el paño del engaño en que viven instalados y en el que pretenden hacer caer a todos. Si la revuelta prospera, el mundo podría estar ante un cambio geoestratégico de la magnitud de la caída del muro de Berlín en 1989 y el hundimiento del bloque soviético y, según cómo, incluso mayor. El caso es que unas protestas cuyo detonante fueron motivos económicos se han extendido en cuestión de días como una mancha de aceite por todo el país y se han convertido en una enmienda a la totalidad al régimen que dirige el ayatolá Ali Jameneí, que sucedió al ayatolá Ruhollah Jomeini cuando este falleció curiosamente también en el mismo 1989.

Ambos estuvieron al frente de la revolución islámica que en 1979 derrocó, si no con el apoyo explícito de Occidente, sí con la complicidad moral, la monarquía absolutista de Mohammad Reza Pahlavi, el último sha de Persia, casado con Farah Diba, que llenaban portadas y páginas y páginas de las revistas del corazón de la época. La imagen del retorno triunfal de Ruhollah Jomeini a Teherán desde el exilio dorado de París cautivó al planeta y abrió la esperanza en un Estado golpeado por los problemas de corrupción que con los años había acumulado la monarquía imperial. La alegría, sin embargo, duró muy poco y pronto el nuevo régimen mostró la cara más oscura del integrismo islámico al aplicar con mano de hierro la sharía, revertir la política de modernización y secularización que había aplicado el sha de Persia, prohibir todas las libertades, esclavizar a la mujer y sembrar el terror en el mundo entero. Todo esto pasó con el mutismo de las izquierdas europeas, que son las que ahora han intentado minimizar otra vez, si no silenciar, lo que sucede en Irán.

¿Por qué todos han enmudecido de golpe? ¿Quizá porque se han dado cuenta de que condenar a Irán es tener que dar la razón a Estados Unidos, pero, sobre todo, a Israel?

Es vergonzoso que de entrada nadie moviera un dedo, ni los partidos, ni los gobiernos, ni los organismos internacionales, ni otras instituciones, ni los grandes medios de comunicación, ni las oenegés que siempre están preparadas para liderar cualquier causa por banal que sea, pero que ante la avalancha de muertes que ya se ha producido —algunas fuentes las cifran en decenas de miles en las tres semanas que hace que dura el conflicto—,  con ejecuciones sumarísimas incluidas, hayan permanecido todos impasibles. ¿Dónde están las manifestaciones continuadas en las principales capitales de Europa? ¿Dónde está la voz de la Unión Europea (UE)? ¿Dónde están las protestas en las universidades de Estados Unidos? ¿Dónde están las denuncias de genocidio? ¿Dónde están las condenas de los sindicatos y de la tropa izquierdista en general? ¿Dónde está el postureo de los gobiernos de España, de Irlanda, de los Países Bajos, de Francia o del Reino Unido? ¿Dónde están las flotillas? ¿Dónde está el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que no se reunió de urgencia (sic) hasta el jueves de la pasada semana? ¿Dónde está el secretario general de la ONU aleccionando al mundo? ¿Dónde está Greta Thunberg? ¿Dónde están los propalestinos de todo el planeta que reclaman justicia del río (el antiguo Pasitigris, el actual Karun) hasta el mar (el Caspio)? ¿Por qué todos han enmudecido de golpe? ¿Quizá porque se han dado cuenta de que condenar a Irán es tener que dar la razón a Estados Unidos, pero, sobre todo, a Israel?

La información, a pesar de todas las trabas, ha acabado llegando a Occidente, pero solo a través de las redes sociales, aquellas que los medios de comunicación tradicionales tanto han denigrado, pero que ahora los han dejado en evidencia, porque gracias a ellas el mundo ha sabido realmente qué se cocía en Irán. Un golpe duro del que les costará rehacerse, en especial si, además, se compara con la actitud beligerante que todos estos agentes han mantenido precisamente contra Israel a raíz del ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023, y ahora, en cambio, todos se han callado descaradamente y han dejado al pueblo iraní solo a su suerte mientras es masacrado por el régimen islamofascista de los ayatolás. A pesar de la represión brutal y feroz de la guardia revolucionaria y del ejército, los iraníes, sin embargo, lejos de abandonar, cada vez se han hecho oír más, y, en este escenario, cada minuto que ha pasado sin ningún tipo de ayuda del exterior se ha hecho más notorio y clamoroso el vergonzoso silencio cómplice que ha mantenido parte de la sociedad occidental.

Solo los avisos de intervención militar de Donald Trump dan una brizna de esperanza a unos ciudadanos que se están dejando la vida por la libertad de su país. Como se la dejó en septiembre de 2022 la joven Mahsa Amini, detenida y asesinada por la llamada policía de la moral por no llevar el velo islámico como tocaba, y otras jóvenes que siguieron su ejemplo, mientras aquí —Europa, España, Catalunya— se sacralizaba la indumentaria en cuestión como un elemento distintivo del mundo musulmán que la mujer lleva porque quiere. Ahora el presidente de Estados Unidos los ha alentado a resistir y a aumentar si cabe la presión contra el régimen, como hace tiempo que hace también el hijo del último sha de Persia, Reza Ciro Pahlavi, que desde 1979 vive exiliado precisamente en los propios Estados Unidos [ver "Retorno a Persia" de ElNacional.cat, del 21-1-2025]. Desde aquí ha buscado complicidades internas y externas justamente para canalizar una revuelta que permita la liberación de Irán de los integristas islámicos y el retorno del país a los iraníes, y se ha ofrecido a liderar el proceso de transición, con el compromiso personal de trabajar por la democracia en su patria y por la paz en la región.

Si el hijo del sha de Persia es la solución que necesita Irán, ya lo decidirán los iraníes, pero de momento lo que está claro es que les hace falta unidad máxima para poder derrocar de una vez al régimen autoritario, misógino, homófobo y antioccidental de los ayatolás. Y si finalmente lo hacen caer, será el primer pueblo que se liberará del totalitarismo islámico, y eso supondrá un cambio de paradigma en el mundo entero. De entrada, en el Próximo Oriente, donde, a diferencia de cómo se han desarrollado los acontecimientos hasta ahora y una vez cortada la cabeza —no la única, pero sí la principal— de la serpiente que alimentaba a Hamás, Hezbolá, los houthis del Yemen y otras milicias armadas en Siria e Irak, por primera vez será posible que Israel viva en paz con los vecinos árabes y establezca relaciones de todo tipo, diplomáticas y comerciales muy especialmente. Y luego en el conjunto de Occidente, donde el relato woke que durante todo este tiempo ha vendido el islam como una religión de paz, amor y libertad, en contraste con el imperialismo norteamericano y europeo que es el malo de la película, quedará completamente desfasado y superado y obligará a quienes lo han mantenido y ahora callan miserablemente o a rehacerlo o a no abrir jamás la boca.

Si además todo ello contribuye a superar el antagonismo que ha habido históricamente entre Occidente y el mundo árabe y a mejorar la convivencia entre ellos, es una incógnita que solo el tiempo se ocupará de despejar.