Lucetta quiere decir "lucecita". En el Vaticano sólo hay una, de "Lucetta", y ahora ha decidido dejar de dar la luz que desde hace 7 años irradiaba. No es una metáfora ni una necrológica: la Lucetta, mujer culta, de carácter y determinación, está y seguirá dando guerra. Anunciando que deja el cargo de directora del suplemento mensual femenino "Mujer, Iglesia, Mundo" del diario Osservatore Romano de la Santa Sede, evidencia un mar de fondo muy turbio. Ya había avisado de que en Roma encuentra resistencia, clericalismo y machismo, pero ahora el gesto es un perfecto corte con navaja fina.

La historiadora Lucetta Scaraffia (Turín, 1948) es especialista en historia de las mujeres y en historia religiosa. Ha sido una claridad muy diáfana en el pontificado de Benedicto XVI y especialmente en el actual pontificado. Pero es una luz que ahora se puede apagar. Ella misma, cansada de lo que considera un machismo exagerado y de una "auto-referencialidad" creciente en el seno de la estructura eclesial, ha decidido tirar la toalla. Esta profesora de la Universidad La Sapienza es la artífice de la visibilización del papel de la mujer en la Iglesia, no sólo en la pastoral o la teología, sino en todos los ámbitos. La suya fue una apuesta del exdirector del diario Gian Maria Vian, también historiador y hombre de cultura enciclopédica y larga mirada, ahora sustituido por Andrea Monda. Ya hace años que Lucetta Scaraffia escribía artículos de opinión en el diario vaticano y que llevó a mujeres, algunas incluso no creyentes o de otras religiones.

La dimisión de Lucetta Scaraffia es un episodio más en la ya agitada reforma vaticana de las comunicaciones. A algunos no les ha gustado que una de las voces más críticas haya surgido precisamente desde dentro de los muros vaticanos.

Sin las mujeres, la Iglesia está mutilada. La Iglesia no se puede permitir omitir la vida femenina

Hace poco estuve con los alumnos en el Osservatore Romano. En la sala donde se hace el suplemento de las mujeres no había luz. Era un viernes de una tarde de enero. Pero había una ventana muy grande y pensé que era maravilloso que precisamente desde allí dentro hubiera un grupo de mujeres que intentara hacer ver la realidad desde otra mirada. Sin las mujeres, la Iglesia está mutilada. La Iglesia no se puede permitir omitir la vida femenina. Tiene mujeres, pero no se ven y cuentan poco.

La Lucetta Scaraffia vino hace un año a Barcelona, y en una entrevista en Catalunya Religió, Alba Sabaté le preguntó si la mujer todavía está en el último banco de la Iglesia. La historiadora italiana fue contundente: sí, y no podrá ir al primer banco si no se alza y reconoce la propia fuerza, la propia identidad y la propia importancia en la tradición.

Lo que desde fuera puede parecer una lucha de gallos a la italiana, es en realidad la manifestación de un malestar que desde hace meses sobrevuela Roma. Scaraffia, que a pesar de ser feminista, es una fiel mujer católica, apostólica y romana, no ha querido callar ante lo que considera abusos de poder por parte del clericato, sea no dejando opinar a las mujeres en algunos órganos consultivos, sea ante situaciones lamentables, como los abusos. El suplemento que ella dirigía sacó un artículo anunciando que los abusos a religiosas será el gran tema espinoso de la Iglesia. Ilusión no ha generado, esta noticia. Pero Lucetta no ha dimitido porque ha publicado inconveniencias. Ella dice que se va, con su equipo (en bloque), por dignidad. No sabemos qué efecto tendrá sobre el Papa esta nueva dimisión. La Lucetta era una aliada suya. Parece evidente que no se han entendido con la nueva dirección. Es muy necesario que haya mujeres que digan las cosas, y más al Papa. La Lucetta no sabemos hacia dónde quiere enfocar ahora su luz. Lo que hay que evitar es que nadie se instale en la oscuridad. Que cuesta mucho salir de ella.

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