En la red social Instagram se ha puesto de moda escribir la palabra "blessed", que equivale a "bendecido o bendito". Hay una imagen de una playa paradisiaca (yo nunca he imaginado el Edén como una playa con palmeras, pero eso lo dejamos para otro día) y debajo leemos "bendito", que quiere decir "qué suerte que tengo de estar aquí". Afortunado. Privilegiado. Otro ejemplo puede ser una foto de una pareja recién casada y debajo el "blessed" también como sinónimo de "qué suerte que tenemos de estar aquí". El concepto se extiende a situaciones muy diversas: a menudo se asocia con el lujo, el bienestar, la compañía o también el privilegio (de estar solo en un lugar impresionante, por ejemplo). En catalán, curiosamente bendito (beneït) y simplón (beneit) sólo difieren en la diéresis, y mientras uno tiene esta connotación de privilegiado, el otro es directamente un sinónimo de tonto, incauto, duro de mollera o loco.

Cuando era pequeña no entendía qué decía cuándo recitaba el Avemaría y decía, muy concentrada, que María "era bendita tú eres entre todas las mujeres". De mayor, cuando estudiaba teología, seguía sin comprenderlo del todo pero ya lo situaba en el plano del misterio y de la alta teología. Cuando en Instagram veo a tanta gente bendita, lo asocio a la Virgen y constato el contraste. Mientras en todo el mundo todavía ahora mismo hay millones de personas recitando el Avemaría, en las redes sociales la gente se autodefine como bendita en un concepto muy distante del original. También hay personas creyentes que piden "blessings" a mosenes, y agachan la cabeza para recibir una bendición. En Italia es habitual bendecir la casa una vez al año por Pascua, y bendecir los locales nuevos de una empresa, o un coche nuevo. No hay que decir que es todavía una costumbre social y religiosa bendecir la mesa en muchos casos. El concepto de bendición comporta sentirse privilegiado, y reconocer esta suerte. Una sociedad que reclame y reconozca esta suerte –suerte es una palabra que no agota la riqueza de la bendición– es un colectivo que sabe darse cuenta de las enormes posibilidades que le ha brindado la vida. A veces se puede sentir que es un mérito (me lo he ganado, te lo mereces, tú lo vales) o también que es totalmente impropio e inmerecido. Un caso claro de bendición es la de un padre o una madre ante el don de un hijo.

De entrada, bendito comporta que alguien o algo te bendice. No eres un bendito tú solo. Celebro que se esté imponiendo el acto y la noción de bendecir porque lo leo como una capacidad humana que todavía tenemos de ser agradecidos y de reconocer aquello bueno que, o bien tenemos, o nos ha sido dado, o bien anhelamos conseguir.

Míriam Díez
opinión Religiones nocturnas Míriam Díez
Marta Roqueta
opinión Tsunami de verdades Marta Roqueta