Ni sexo, ni política, ni religión. Son temas que en un conocido espacio de eventos tecnológicos del centro de Barcelona no se pueden tocar. No puedes alquilar el espacio para hablar de estos temas vetados. Y, a pesar de todo, son aspectos nucleares y que marcan la vida de miles de personas. La religión no es una esfera sectorial como pueden ser la educación o la salud. El periodista experto en religión Jordi Llisterri afirma que "los partidos políticos no tienen relato sobre el hecho religioso". La religión aparece indirectamente y "no ha muerto", sino que "atraviesa múltiples dimensiones de la sociedad catalana", añade.

Los candidatos Ada Colau, Joaquim Forn, Manuel Valls, Ernest Maragall, Jaume Collboni y Josep Bou se han destapado y han hablado de religión en el marco de las próximas elecciones municipales. Quizás ellos tienen poca o nada de fe. Pero no ignoran que sus ciudadanos pueden ser fervorosos creyentes.

Los candidatos y candidatas a la alcaldía de Barcelona han respondido sobre qué piensan sobre el hecho religioso, sobre mezquitas, la Sagrada Familia, el modelo de integración que tienen... El libro Déu a Barcelona. Sis alcaldables i el fet religiós, editado por Claret, lanza respuestas sobre cómo gestionarían el hecho religioso los candidatos en un panorama que, solo en Barcelona, consiste en 23 confesiones religiosas y 563 centros de culto: 242 católicos, 200 evangélicos, 29 de musulmanes, 27 budistas, 16 de Testigos de Jehová y otros, según datos de la Oficina de Asuntos Religiosos de Barcelona. La Generalitat ofrece un cuadro de Catalunya consistente en un 58% de población que se considera católica, un 16% atea, un 11'9% agnóstica, un 4'8% musulmana y un 3% evangélica. Un 46% de los catalanes se consideran "mucho" o "bastante" espirituales.

Los candidatos Ada Colau, Joaquim Forn, Manuel Valls, Ernest Maragall, Jaume Collboni y Josep Bou se han destapado y han hablado de religión en el marco de las próximas elecciones municipales. Quizás ellos tienen poca o nada de fe. Pero no ignoran que sus ciudadanos pueden ser fervorosos creyentes

En el libro de Paris Grau y Jordi Roigé, Ada Colau afirma que "se tiene que ser valiente" y hacer "políticas públicas en relación con la diversidad religiosa" y aplicaría la "neutralidad compensatoria" de Holanda. Según este modelo, el Estado tiene que ser neutral y aconfesional con respecto a las religiones, pero como la religión es importante, los poderes públicos tendrían que tender hacia la equiparación del trato hacia todas las confesiones religiosas, compensar las desigualdades y garantizar el ejercicio efectivo de la libertad religiosa. Joaquim Forn, por ejemplo, desde Soto del Real, cree que "La Monumental no es el sitio ni el espacio para la mezquita de Barcelona", y después de afirmar "yo soy católico", ve en la fe "una manera de encontrar el sentido a la vida". Manuel Valls, con el bagaje francés, ve que el "laicismo no es contra la religión, sino que es una manera de proteger la libertad de conciencia de todos los miembros de la sociedad". Ernest Maragall considera que es el momento que el Ayuntamiento de Barcelona "repiense" qué relación "quiere tener" con la Iglesia y Jaume Collboni es de la opinión de que "no hace falta" una gran mezquita en Barcelona y confesa que él es de "Navidad" y no de "fiesta de invierno". Josep Bou es tajante y defiende que la única religión que tiene que tener financiación pública es la católica, porque "es una inversión extraordinaria en edificios, educación, hospitales...".

En política se debe tener estómago, cintura, pero también fe, fe y confianza en un sistema que cada vez está más desacreditado y genera recelo. Aparte de esta fe en la misma política, los mismos políticos que se presentan para ser alcaldes de las ciudades como Barcelona no pueden prescindir del factor religioso. Es igual si ellos son ateos. Sus votantes, muchos, no. La fe es, por lo tanto, una protagonista más de la campaña. Según como enfoquen algunos aspectos sobre laicidad, diversidad religiosa o convivencia, algunos electores votarán a unos o a otros.

Míriam Díez
Opinión Ecojusticia y abrazar árboles Míriam Díez