“Quien vota a los corruptos los legitima, los justifica y es tan responsable como ellos.”
Julio Anguita
Terminada la procesión de tronos, comienza la de reos. El Cautivo llega a sus tribunales. Pareciera que hay para todos, cuando, en realidad, el gran marrón es el que tiene el PSOE en los próximos meses. Que de Ábalos y Koldo pasamos al hermanísimo, y aún nos quedan las sorpresas de la instrucción de Begoña Gómez, la pieza secreta de Plus Ultra y los pagos a Zapatero, la investigación de la financiación irregular del PSOE, Hidrocarburos y las adjudicaciones. De ahí, supongo, el afán desesperado de la propaganda y las extensiones jurídicas socialistas y gubernamentales en los últimos instantes.
De ahí el empeño por darle más relevancia política al juicio de Kitchen que a todo lo demás. Han salido en estampida a proclamarlo. De ahí el tú más y el hay para todos. Y lo cierto es que lo del ministro Fernández Díaz utilizando los resortes del Estado, la propia policía, para entorpecer a la justicia y salvar los trastos del PP de sus propias miserias es gravísimo. De aquel nefando ministerio y de aquellos usos corrompidos, ¿qué le voy a explicar a los catalanes? Como corrupción de los llamados a perseguirla es paradigmática, y como escuela para cometer delitos policiales que intenten tapar otros no tiene parangón. Solo que de esto llevamos hablando años, y yo en mi cita con ustedes también (Operación corromper la democracia).
Así que ahora veremos a cuánto les sale de condena, pero el peaje político ya lo pagaron. Lo pagó Rajoy en la moción de censura, lo pagaron ellos siendo apartados de cualquier posible resurrección política y lo pagó el partido con una larga travesía que incluyó las dolientes primarias, de las que se cayeron también Cospedal y Soraya, las sucesoras in pectore, para recaer en el barbilampiño Casado que, a su vez, fue laminado. Aun así, oigo pedir responsabilidades a Feijoó, exigirle que se pronuncie, que se distancie, que los condene y los arroje a los leones con más ímpetu del que ha usado. No digo que no pudiera demandarse mayor penitencia, pero es que a los que se la piden hay que echarles de comer aparte. ¡Que están diciendo que es imposible que una operación para ocultar la corrupción del PP urdida por un ministro la desconociera Rajoy! ¡Los mismos que dicen que Sánchez ya ha hecho suficiente con apartar y renegar de sus manos derechas porque él, por supuesto, no sabía ni podía saber nada de nada! De coherencia y objetividad, bien, gracias.
¿Tenemos que creernos que en este país ha habido ministros que han creado organizaciones criminales de todo tipo sin que sus presidentes se enteraran de nada?
La diferencia es que Sánchez se llama andana. Seamos serios. Sánchez sigue gobernando exclusivamente porque las diferencias reales o electorales entre PP y Junts y el estigma de Vox impiden que se lleve a cabo una moción de censura como la que se le hizo a Rajoy y defendió con tanto ímpetu el acusado Ábalos. La famosa moción para convocar elecciones. Súmenle a esa reacción alérgica la del PNV, que no solo es ideológica con Vox, sino que es de anafilaxia, al tener el PSOE el detonante para quitarles la lehendakaritza y dársela a Bildu. Si Sánchez y el PSOE no tuvieran enfrente esta red de incompatibilidades, estarían ya fuera, porque motivos y vergüenzas para ello han dado y seguirán dando más que suficientes.
Así que han pasado a los juegos malabares. El primero, ya lo hemos visto, poner a todos sus afines a mirar hacia el juicio de Kitchen en la Audiencia Nacional y, por mera posición física, a dar la espalda al Supremo y el viacrucis de su exsecretario de Organización. El segundo, apurar con excéntricas peticiones procesales en ambos juicios por ver de lograr el titular o, al menos, dar la excusa para el punto en las tertulias. Así han pretendido que se impute a Cospedal como cuestión previa en un juicio oral en marcha, algo sin pies ni cabeza, y, a la par, han intentado que la Abogacía del Estado fuera aceptada, también con el juicio en marcha, como acusación en el caso de Ábalos. Ambas cosas han sido rechazadas, pero ya han dado para alguna cortina de humo.
Y más allá de los apuros de los socialistas, que sólo pueden ir a más, y que ni la más fiera propaganda —que incluye pretender justo en ese momento que vas a blindar falsamente el aborto en la Constitución— va a poder detener, yo entiendo la frustración de la sociedad. Aquí el marrón siempre se lo come el último escalón detectado, pero no subimos ni un peldaño más. Las equis son el baldón arrastrado de toda la democracia. La justicia ha tenido imposible escalar más allá de Barrionuevo, de Bárcenas, de Fernández Díaz, de Ábalos… y eso no solo debe llevar a interrogarse por la Justicia, sino también por los justiciables. ¿Por qué no hablan? ¿Tenemos que creernos, en efecto, que en este país ha habido ministros que han creado organizaciones criminales de todo tipo sin que sus presidentes se enteraran de nada? ¿Hay una epidemia por la que deciden financiar irregularmente a sus formaciones por arrojo propio? Ya veo el gesto de mano del César: "Haz lo preciso y no me lo cuentes".
A mí lo que me corroe es saber por qué, ya con la soga al cuello, siguen todos el camino disciplinado que lleva a prisión. ¿Por qué se comen todos el marrón solitos y no hacen como Aldama, que, dándole al juez esto y lo otro, consigue rebajar la petición de pena por colaborar? ¿Qué mantuvo y mantiene callados a todos los hombres de todos los presidentes? ¿Qué esperan o qué reciben a cambio de no despejar jamás la X?
