España, a velocidad supersónica, se convertirá —de mucho— en el estado con menos competencia bancaria de entre las grandes economías europeas (Alemania, Reino Unido, Francia, Italia). Cuando las dos grandes fusiones en marcha (CaixaBank-Bankia y BBVA-Sabadell) lleguen a buen puerto, las entidades resultantes más el Santander tendrán en sus manos el 70 por ciento del mercado.

El hecho de que, para salvar la economía, el BCE haya situado el precio del dinero por los suelos ha causado una brutal reducción de los márgenes y está empujando a una situación complicada gran parte de la banca europea. Ante eso, la receta que el mismo BCE o el Banco de España les da es más eficiencia, lo que quiere decir fusiones, es decir, despedir empleados y cerrar oficinas. De hecho, el Banco de España ha dejado claro que dará palmas si hay más fusiones.

Menos empleados, menos oficinas. Así está pasando con CaixaBank. Lo comunicaban no hace mucho a un abuelo delante de mí. El hombre había ido a su oficina de Sitges para interesarse por un móvil Samsung —ahora las oficinas venden toda clase de cosas— para regalárselo a su nieto por Navidad: "Nos cierran en pocas semanas. Le asignarán una nueva oficina, ya le avisarán de cuál es". No pueden ser muchas, ya que en Sitges quedarán tan sólo dos oficinas de La Caixa en toda la población. Eso sí, son de estas que llman stores, que tienen aspecto de pisito posmoderno. El señor no lo acaba de entender, está un poco aturdido. No es sólo que ahora tendrá que andar bastante más, sino que se tendrá que entender con un extraño, cuando ya se ha acostumbrado a tratar —fundamentalmente para poner la libreta al día— con la chica que tiene en frente, la que le acaba de comunicar la mala noticia.

Peor es en otros sitios, fundamentalmente en muchos pueblos de Catalunya y de España, donde mucha gente tendrá que coger el coche y hacer un montón de kilómetros para llegar a la oficina más próxima.

La última noticia de fusión, que en realidad será absorción, tiene el Sabadell como protagonista. El Sabadell, tengo la impresión, llega tarde y mal. Hay que tener en cuenta que, cada día que pasa, los números de los bancos son más inquietantes, y que, cuanto más avanzamos hacia el epicentro de la crisis brutal en que ya nos encontramos, peor.

Menos bancos quiere decir menos oferta, menos competencia, lo que desemboca en un servicio peor y más caro. Al reducirse la oferta, los bancos que quedan en el mercado multiplican su poder y ganan capacidad para imponer sus reglas a los usuarios

En estas fusiones se puede jugar uno de dos papeles: el de pez gordo o el de pez pequeño. La Caixa se adelantó y consiguió que Bankia fuera su pareja de baile. Con eso, se aseguraba hacer de pez gordo. En cambio, el Sabadell tendrá que hacer de pez pequeño, cosa que, naturalmente, es un papel mucho peor, a menudo triste.

Cuando uno es el pez pequeño a punto para ser engullido, el primer y obsesivo problema de los altos directivos de un banco es salvar su cabeza. O asegurarse de que, si la pierden, la pierdan a cambio de un dineral. Frente a eso, la suerte de los empleados pasa a un segundo plano. Y no digamos ya la de los clientes, claro. La esperanza de los empleados del Sabadell es que el BBVA (que un día fue un banco vasco y hoy es un banco madrileño) ha hecho tradicionalmente despidos no traumáticos y bastante bien pagados.

El caso del Sabadell es delicado, porque el solapamiento con el BBVA es grande. De hecho, muy grande. El BBVA tiene muchos empleados y oficinas en Catalunya (se quedó un puñado de las antiguas cajas). Y además, como el Sabadell, en buena parte también se dedica a dar servicio a las empresas. El peso sumado de las dos entidades en el Principado estremece (unos 12.000 empleados y unas 1.100 oficinas).

Para no ahogarse y seguir flotando, los bancos se fusionan, despiden y clausuran oficinas. Eso entusiasma a los accionistas, que hacen subir las acciones. Contrariamente, angustia a los trabajadores, que temen, lógicamente, por su trabajo.

¿Y los clientes? Pues los clientes salen perjudicados sí o sí. Menos bancos quiere decir menos oferta. Menos competencia, lo que desemboca —es casi una ley física— en un servicio peor y más caro. Al reducirse la oferta, los bancos que quedan en el mercado multiplican su poder y ganan capacidad para imponer sus reglas a los usuarios, reglas que pueden pasar, por ejemplo, por acribillarlos a base de comisiones, subir las existentes y sacarse nuevas de la manga.

Sobra decir que el hecho de que el Sabadell se fusione con el BBVA es una mala noticia para Catalunya. Habría sido mejor, desde muchos puntos de vista, una pareja de baile formada por CaixaBank y Banc de Sabadell. Por desgracia, no ha sido así.

Acabo invitándolos a tirar atrás y recordar la situación anterior a la gran crisis del 2008. Había en Catalunya 62 entidades de un cierto volumen —lo leo en el Ara—, mientras que hoy sólo son nueve. La escabechina en Catalunya ha sido colosal. También desconcertante, todavía más para aquellos que, como yo, recordamos perfectamente con qué orgullo inflado discurseaban nuestros políticos sobre el llamado "modelo catalán de cajas".

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