Gabriel Rufián debería haber abandonado la política por lo de “estaré solo dieciocho meses en Madrid”. Hasta que Catalunya fuera independiente, como prometía su partido. Vista la tomadura de pelo que acabó siendo todo aquello, debería haber abandonado la política él y, por supuesto, Oriol Junqueras el día en que salió de la cárcel, donde nunca debería haber entrado. De la misma manera que debe hacerlo Carles Puigdemont cuando pueda regresar del exilio, donde nunca debería haber tenido que irse.

Ahora bien, como Rufián no se ha ido, me veo obligado a decir que a día de hoy es quizá el mejor parlamentario que hay y quien mejor lee el momento político. Junto a Pedro Sánchez. Es verdad que, como todo buen político que ya es Rufián y que ya era Sánchez, barren para casa. Y aquí para casa significa hacia su domicilio personal, para entendernos, no hacia el de sus partidos en Calabria y Ferraz. Pero, vamos, la política también va de eso. Y digo que leen el momento mejor que nadie porque saben que, más allá de las siglas, la elección es entre democracia o involución. Lo estamos viendo en Extremadura, Aragón y el mundo entero.

La realidad es que un presidente como Pedro Sánchez es, en estos momentos, un lujo. En España, en Europa y en el mundo. Y el futuro le reconocerá muchas de las decisiones tomadas

A ver, leerlo, lo lee todo el mundo; lo que ocurre es que Rufián le pone imaginación y propone otras soluciones, aunque no acabe de definirlas del todo. Es verdad que la propuesta de unificar la izquierda a la izquierda del PSOE suena un poco a Podemos. Y que si de verdad quieren un frente común contra un gobierno de la ultraderecha en España, esa unidad que proclama Rufián debería incluir al PSOE e, incluso, a Junts. Pero la lectura y, sobre todo, el mensaje son los correctos. Basta con escuchar a Felipe González, el expresidente que peor ha envejecido. No en España. En el mundo mundial y parte del extranjero.

En unos años, habrá que estudiar la campaña de desprestigio e intoxicación sin precedentes que ha sufrido Pedro Sánchez por tierra, mar y aire. Que significa política —incluidos los teóricamente suyos—, mediática, económica y judicial. Ya veréis. Siempre acaba saliendo alguien que admite cómo se pasaron y que todo aquello fue una campaña orquestada. Porque la realidad es que un presidente como Pedro Sánchez es, en estos momentos, un lujo. En España, en Europa y en el mundo. Y el futuro le reconocerá muchas de las decisiones tomadas. Y algunas batallas iniciadas contra Trump y su tecnocracia imperial. ¿Electoralistas? Sí. ¿Acertadas? También.

El problema, nuevamente, basta con escuchar a Felipe, es que Sánchez ha pactado —¡anatema!— con ERC, Junts y Bildu. Los independentistas y los etarras. Bueno, en realidad ha pactado con lo que se llama la España plural, que es, en realidad, la España real. La que el PSOE de los GAL nunca reconocerá. Ni el PP, huelga decirlo. Y eso, claro, hace que buena parte de la opinión pública nunca cambie de opinión. ¿A quién odian más españoles, según Acción Contra el Odio? A los inmigrantes —o, peor, a los menores no acompañados— y a los catalanes. Bueno, puntualicemos. Los —y nos— odia el bloque ideológico de la derecha y la ultraderecha. Y puntualicemos también. Confiesan que odian a los inmigrantes un 3% de los encuestados. Y a los catalanes, un 2%. Pero, vamos, que incluso el colectivo al que llamamos intelectuales españoles pide liberar a presos políticos. Eso sí, si son palestinos. Que vuelva un president de la Generalitat del exilio para normalizar la vida —la suya y la política—, eso no nos lo planteamos.