Primero fue Cristina Cifuentes con su famoso máster de la Juan Carlos I. Y ahora llega el de Pablo Casado, vicesecretario general de comunicación del PP, en dos partes: primero con otro máster de la misma universidad, y ahora se ciernen sobre él sospechas de cómo obtuvo la licenciatura en Derecho en un centro adscrito a la prestigiosa Universidad Complutense de Madrid.

Parece mentira que aquella derecha liberal amante de la meritocracia y que deja al individualismo el campo libre como modelo social, ahora fulmine el prestigio de la universidad con impunidad.

En nuestros centros superiores, los alumnos hacen verdaderos esfuerzos diarios para estudiar: en Catalunya especialmente, con unas tasas desorbitadas, unos horarios imposibles de combinar con el trabajo y un futuro incierto. Allí conviven con un profesorado doblemente víctima de los recortes. Han sufrido disminuciones salariales a la vez que ven, impotentes, como la precariedad ya es estructural en los centros. Donde antes los asociados eran un complemento, hoy hacen un papel nuclear en la docencia convirtiéndose en falsos asociados o falsos interinos asociados. Además, todo el colectivo de investigadores predoctorales, posdoctorales, colaboradores, lectores y agregados interinos sufren una fuerte incertidumbre.

Pero los males son endémicos. Con problemas de transferencia y de conexión con la empresa, con graves dificultades para atraer talento.

Parece que ha habido estudiantes de primera y de segunda. Personas que no duermen para pasar exámenes y otros que con una llamada lo aprueban todo

Y a pesar de todos los pesares, la universidad, orgullosa, ha resistido. Gracias al trabajo del profesorado, alumnos, PAS... es decir, de todo el colectivo que ha salido adelante con un modelo infrafinanciado e infradotado de personal.

Y toda esta gente no se merece que la sospecha se cierna sobre la universidad. Estas personas forman parte de una comunidad cuyo prestigio reside, en buena parte, en hacer que la sociedad avance. Y de ninguna de las maneras puede haber sombra de sospecha de que unos alumnos tienen privilegios y que no se tienen que esforzar tanto como los otros. Porque en el fondo, devaluamos la institución. Y una sociedad con una universidad sin prestigio es una sociedad sin alma.

En los próximos días habrá que estar atentos.

Durante toda la semana el sector de la enseñanza universitaria vivirá movilizaciones y huelgas para pedir que se regularice de una vez por todas la figura de los asociados, que se ponga fin a la contratación fraudulenta y para reclamar que se reabra una mesa de diálogo "efectivo".

También tendremos que ver cómo se desarrollan las investigaciones sobre el caso de los máster y la carrera. Ojalá todo fuera una confusión, pero no será así. Parece que ha habido estudiantes de primera y de segunda. Personas que no duermen para pasar exámenes y otros que con una llamada lo aprueban todo. Y lo peor que podría pasar es que estos casos quedaran resueltos con impunidad.

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