En Cotlliure (Catalunya Norte) está la tumba de Machado, un republicano español que el 14 de abril de 1931 izó la bandera republicana en el Ayuntamiento de Segovia. Los presidentes Torra y Puigdemont aprovecharon el encuentro para ir a hacerse la foto, tal vez para pactar la fecha de las nuevas elecciones, aquellas que enseguida anunciaron para después desdecirse. Cómo no, a hacerse la foto a pesar de una praxis política que, precisamente, ha repudiado lo que representaba Machado. No diré qué habrían dicho si la misma foto se la hace un republicano de firmes convicciones como Joan Tardà. Las terminales de Waterloo —siempre prestas a escupir fuego por la boca— le habrían dicho de todo.
Digo Joan Tardà porque si hay un hombre que se ha distinguido por su militancia republicana y que ha batallado en solitario para recuperar el legado republicano y cuestionar a la Monarquía es, precisamente Joan Tardà, víctima del odio feroz, enfermizo, de los de la Casa de la República. Tras cada campaña de descalificación chapucera e insultos (sí, insultos directos a destajo) están los tentáculos de los del Avenue de l'Avocat y sus terminales mediáticas. Una actitud de animadversión que no es nueva. El mismo Puigdemont (abnegado militante convergente) ya le dedicaba tuits hace quince años. Mientras los suyos vivían cómodamente instalados en el régimen monárquico, él ya arremetía contra Tardà.
Tiene narices que se hagan una foto en la tumba de Machado cuando su legado político bien poco —o nada— ha hecho para recuperar la memoria republicana sino que representan exactamente lo contrario. Su semilla es la de los catalanistas que recibieron a los franquistas con los brazos abiertos. ¿O no fue así? Pero siendo esta cuestión indicativa, lo injustificable es que en su trayectoria no sólo no han hecho nada para reivindicar la memoria republicana, sino que lo han pisado y vilipendiado. Sólo hay que recordar cómo elogiaron un libro financiado por una fundación convergente para escarnecer la memoria de Lluís Companys y lo dejaron a la altura del betún.
No se puede ser tan frívolo ni tener tan poco respeto. Ahora corren a hacerse la foto con Machado (republicano de la tricolor) y de aquí cuatro días correrán a hacer tuits para honrar a la memoria de Lluís Companys, asesinado por aquellos que sus tradiciones políticas (e incluso familias) salieron a recibir a pie de calle. No es que nunca hayan hecho nada por la memoria republicana, es que ahora sólo se hacen fotos para sacar rédito político.
Este país fue fuerte cuando supo conjurar, en una misma organización, sensibilidades como la de Francesc Macià y Lluís Companys, independentistas y soberanistas, republicanos todos. Justamente lo que combaten ambos dirigentes que ahora reparten carnés de catalanidad e impulsan reyertas fratricidas. Nada que ver con la trayectoria y oficio de personas como Raül Romeva, que lideró la recuperación de la memoria histórica, con el desinterés más absoluto de Puigdemont, que tampoco hizo nada de nada para cuadrar a su gente que defendía mantener el monumento de enaltecimiento fascista en Tortosa.
Tortosa es el claro ejemplo de esta desmemoria política, de esta "memoria selectiva": los primeros en querer sacar todos los honores al rey emérito pero a la vez convivir con el franquismo con una naturalidad que da pavor. ¡Ver para creer!
Las políticas públicas de memoria tienen que ser un pilar transversal para recuperar la identidad de la Catalunya que resistió a la dictadura franquista. Unas políticas de país y un pilar democrático de lucha contra el fascismo y contra el revisionismo que está utilizando la extrema derecha.
Por sus obras los conoceréis, no por sus fotos.