Hablemos claro de entrada: durante las últimas semanas es obvio y es público que el Gobierno ha sufrido disfunciones y que algunas actuaciones eran claramente mejorables. Seguramente el caso más evidente ha sido la ayuda a los trabajadores autónomos, uno de los colectivos más castigados por la crisis de la Covid, que no se merecen el trato recibido por un sistema que favorecía al más rápido y al mejor conectado, y no aquel que más lo necesitaba. En tiempos de incertidumbre, como los actuales, la ciudadanía debe poder tener confianza en la Administración y en sus decisiones. Y de la misma manera que hay que reconocer estos errores, también hay que recordar que los responsables gubernamentales de estos hechos se han disculpado.

La injusta inhabilitación del presidente Quim Torra ha dejado el gobierno sin liderazgo en plena pandemia y no se ha sabido estar a la altura de las circunstancias en una situación que requiere más cohesión, más lealtad y más unidad que nunca. Esperemos que los hechos de la última semana lo cambien todo. Hace falta tener en cuenta, sin embargo, que la emergencia a la que se enfrenta Catalunya, como el resto del mundo, es inédita y, por lo tanto, nadie tiene una hoja de ruta inmaculada y precisa, sin errores. Igual que los sistemas sanitarios de todo el mundo, el nuestro está sufriendo una prueba de estrés sin precedentes y los profesionales de la salud, a pesar de sufrir una grave carencia de personal y de financiación, dedican todas las horas del mundo a salvar vidas, nuestras vidas. No tengo ninguna duda de que todo el mundo hace todo lo que puede y más, con un gran esfuerzo y con la mejor voluntad y dedicación.

Nuestro país sufre un espolio fiscal crónico y tiene unas competencias limitadas que dificultan todavía más el combate contra la pandemia

Con todo, también hay que denunciar claramente que Catalunya no lucha contra la Covid con las mismas herramientas que los estados europeos. Nuestro país sufre un espolio fiscal crónico y tiene unas competencias limitadas que dificultan todavía más el combate contra la pandemia. Con los 20.000 millones de euros que cada año los catalanes pagamos a Madrid y después no vuelven a Catalunya, podríamos garantizar las ayudas a todos los sectores afectados y habríamos resuelto las carencias de nuestro sistema sanitario y del bienestar. El segundo estado de alarma decretado por el Gobierno es un corsé más, que dificulta la gestión eficaz contra la pandemia y la grave crisis social y económica que se ha derivado de ella. Un decreto de alarma que no incluye ninguna medida de apoyo a las familias ni a las pymes ni a los autónomos. Podría poner muchos ejemplos, pero pondré uno de bien concreto y visible: a diferencia de la primera ola, el gobierno del Estado no ha querido dictar una moratoria de desahucios o de corte de suministros básicos durante esta segunda ola, como tampoco ha aprobado ayudas directas a los más afectados. A pesar de las peticiones recibidas, entre ellas la de Junts per Catalunya en el Congreso, el mismo gobierno que se vanagloria públicamente de ser el más progresista de la historia, ha dado la espalda a las personas más vulnerables y se ha negado en redondo a fijar moratorias y ayudas.

A diferencia de la primera ola, el gobierno del Estado no ha querido dictar una moratoria de desahucios o de corte de suministros básicos

A pesar de todas las limitaciones, el Govern de Catalunya ha sabido encontrar un camino en la lucha contra la triple crisis. Los malos augurios no se han cumplido y el sistema sanitario catalán no se ha colapsado, se han tomado medidas contundentes que han parado y revertido la propagación de la pandemia y se han reabierto las escuelas con seguridad y garantías. En esta segunda ola, además, la Generalitat ha fijado unas condiciones de reapertura predictibles y acordadas con los sectores que aliviará el impacto inevitable que las restricciones han provocado en la actividad económica y los puestos de trabajo.

En este sentido, quiero agradecer y poner en valor el trabajo hecho por las conselleres Meritxell Budó y Àngels Ponsa, y por el conseller Ramon Tremosa, que han trabajado como interlocutores incansablemente con los respectivos sectores afectados (los deportes, el mundo de la cultura y el sector de la restauración, el comercio y el turismo) para encontrar el mejor plan de reapertura y soluciones para paliar los efectos de las restricciones. Un contacto permanente para atender, acompañar e informar en cada momento de la situación. Me consta que a menudo no han sido encuentros fáciles, porque la fatiga y la frustración se vive inevitablemente con angustia en todos estos ámbitos. El cierre de negocios y la pérdida de puestos de trabajo es una realidad para muchos y una amenaza para el resto. Salvar los puestos de trabajo y el tejido económico es también una prioridad.

 

Elsa Artadi, portavoz de JUNTS

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