Los ministros de finanzas de las naciones del G-7 (EE.UU., Reino Unido, Canadá, Japón, Alemania, Francia e Italia) cerraron el 4 de junio un acuerdo para poner en marcha un impuesto de "al menos" el 15% aplicable a los negocios internacionales. Este pacto supone el fin de décadas en que las grandes compañías y empresas competían entre sí para reducir el pago de impuestos.

Aparentemente, el acuerdo firmado supone obligar a las grandes tecnológicas a pagar al fisco en los países donde obtienen grandes beneficios en vez de escabullirse en los paraísos fiscales. 

Pero el asunto va más allá. "El acuerdo cambiará verdaderamente el mundo", afirmó el ministro de Economía alemán, Olaf Scholz. Más explícito fue su colega francés, Bruno Le Maire, según el cual lo alcanzado otorga "a los países occidentales la facultad de definir las reglas para el siglo XXI". La ausencia de un consenso en el seno del G-7 habría permitido a China imponer su voz en la cumbre del G-20 que tendrá lugar en octubre.

Desde Washington, la secretaria del Tesoro americano, Janes Yellen, señaló que EE.UU. necesita trabajar con sus homólogos internacionales para evitar que se enfrenten entre sí por empresas que buscan obligaciones fiscales más bajas. Otro objetivo a lograr, según dijo, sería "garantizar la equidad para la clase media y los trabajadores de Estados Unidos, y en todo el mundo".

Dada la naturaleza altamente sensible de la fiscalidad, que afecta a la competitividad, que es asunto de soberanía nacional, las reuniones del G-20 se prevén conflictivas

El acuerdo del G-7 sobre los impuestos de las empresas aportará ingresos extras para los estados, que hacen frente a una montaña de deudas acumuladas por la Covid. 

Siendo eso así, los observadores han destacado la elevada cifra total del gasto público aprobado por el presidente americano, Joe Biden, que en su primer presupuesto asciende a 6 billones de dólares. Con tal ingente cantidad de recursos, los sectores públicos de EE.UU. y de China se situarán en primera línea de ataque por la primacía global. Según Biden, China no mandará en el mundo mientras él esté en su puesto, en la Casa Blanca. 

Washington ha multiplicado los gestos destinados a hacer de Europa su principal aliado. A su vez, Pekín, Rusia e Irán caminarán en otra dirección. Los dos bloques se reafirman. 

Dada la naturaleza altamente sensible de la fiscalidad, que afecta a la competitividad, que es asunto de soberanía nacional, las reuniones del G-20 se prevén conflictivas. "El combate será muy difícil", reconoce Bruno Le Maire (un potencial candidato a la presidencia francesa).

Por su parte, Xinhua, un diario portavoz del Partido Comunista de China, ha calificado el pacto del G-7 de "acuerdo estético". Y agregó que "las nuevas medidas aprobadas no tendrán ninguna efectividad en el 98% del planeta".

Para aliviar la tensión, los primeros ministros de los países del G-7 se comprometerán a entregar "al menos" (de nuevo la coletilla adjunta a los impuestos) mil millones de dosis adicionales de vacunas durante el próximo año para cubrir el 80% de la población mundial, según un borrador del comunicado, conocido el jueves.

A su vez, el ministro de Comercio chino, Wang Wentao, y la ministra de Comercio americano, Gina Raimondo, "tuvieron un intercambio de opiniones sincero y pragmático sobre temas relevantes y preocupaciones mutuas en el campo empresarial entre China y EE.UU.", según un comunicado del Ministerio de Comercio chino, igualmente hecho público el jueves.

Los nuevos tiempos que se preparan van a pasar distintos tipos de test, incluso a corto plazo. Lo que está en juego es muy fuerte.

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