Agosto es un mes en que, aprovechando la canícula del verano, los dueños del universo se reúnen al fresco para tomar el pulso al desasosegado mundo. Poco antes de setiembre se encontrarán en Jackson Hole (Kansas City) los banqueros centrales invitados por la Reserva Federal. Ahora les toca a los líderes del Politburó, máximo órgano de poder chino, que empiezan a llegar Beidaihe, una localidad turística a 300 kilómetros de Pekín. Allí, Mao creó una "oficina de verano" donde revisar los retos y problemas candentes a los que deberá responder el Partido Comunista Chino (PCC).

En esta ocasión, el temario es intenso, especialmente tras la decisión de Donald Trump de extender los aranceles a la totalidad de las importaciones chinas en EE. UU., a lo que Pekín ha respondido con una devaluación de su moneda, hasta 7 yuanes por dólar, frente a los 6 previos, lo que hace temer una guerra de divisas.

Los disturbios de Hong Kong podrían disputar el encabezamiento de la agenda informal de Beidaihe

La desaceleración de la economía china a sólo el 6,2% en el segundo trimestre es un asunto de máxima prioridad dado que aún podría caer más en un entorno de incipiente guerra de divisas dada la devaluación del yuan. Pero, más allá de este ajuste coyuntural, se ha abierto un dilema más hondo: la necesaria revisión del modelo económico dirigido por el Estado y su capacidad de asegurar un crecimiento sostenido.

Los disturbios de Hong Kong podrían disputar el encabezamiento de la agenda informal de Beidaihe. La máxima autoridad china sobre Asuntos Exteriores en el Politburó, Yang Jiechi, acusó el 1 de agosto a EE. UU. y otros países de "avivar los incendios" al apoyar a "radicales violentos".

Las próximas elecciones en Taiwán, donde compiten partidarios de Pekín y Washington, es otro de los puntos de la agenda política próxima, que se amplía además con la estrategia del Indopacífico de Estados Unidos.

La interminable guerra comercial ha dañado la credibilidad interna de Donald Trump y Xi Jinping. En el Politburó se ha criticado en varias ocasiones la propaganda inflada del poder de China en el escenario mundial, estableciendo fechas sobre su superioridad, como la de 2049 como el inicio de su dominio global.

Las cuestiones tecnológicas —entre ellas las relacionadas con el caso Huawei— también serán abordadas, de la misma manera que la futura guerra del espacio y la evolución del armamento.

Casi en el  último momento ha surgido un nuevo dilema: ¿Qué hará Boris Johnson, que hasta ahora se mostraba admirador de las Nuevas Rutas de la Seda? ¿Por quién se inclinará el excéntrico brexista? ¿Por China o por Estados Unidos, con el que Gran Bretaña mantiene una "relación especial"? Ese será probablemente uno de los  asuntos calientes que presidirán las "tranquilas" reuniones en la histórica playa del Gran Timonel.

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