Las "dos sesiones" celebradas el viernes en el Gran Salón del Pueblo de Pekín con los delegados de la Legislatura (una especie de Parlamento dirigido) y la plana mayor del Partido Comunista (PCC) concluyeron, por un lado, con una impresión de incertidumbre y temor por el crecimiento económico y, por otro, con la aplicación de mano dura con Hong Kong y Taiwán. Juzgado por la ambición de Xi Jinping de convertir China en el país líder mundial, los observadores calificaron el acto político (el más importante del año en el imperio del centro) como algo ya visto hace años, una combinación estratégica de dar un paso adelante y dos pasos atrás.

Los desafíos de la economía china se describieron como "sin precedentes" en el ejercicio de 2020. Por primer vez, el Gobierno abandonó el objetivo de crecimiento anual tras contraerse un 6,8% en el primer trimestre y temer los expertos una segunda contracción en el segundo, lo que daría como resultado la primera recesión desde 1976. Hay varios cientos de millones de trabajadores con empleos flexibles, dijo en su discurso el primer ministro Li Keqiang, con lo que el empleo se ha transformado en el objetivo principal. Los esfuerzos más importantes se destinarán a persuadir al público chino de la eficacia de Pekín antes que a los extranjeros, que exigen más información sobre los orígenes de la pandemia y piden una investigación internacional.

Para estimular la economía, el presidente de la Academia de Ciencias Sociales ha propuesto la emisión de 5 billones de yuanes (700.500 millones de dólares) en bonos del tesoro especiales, que el Banco Central compraría a un tipo de interés cero. El exgobernador del Banco Central, Wu Xiaoling, dijo que debe haber restricciones en el gasto gubernamental para garantizar su eficiencia. Al final el Gobierno hará una emisión de 1 billón de yuanes, a los que se sumarán las emisiones que hagan los gobiernos locales.

Con ese encaje financiero y declarando que China cumplirá a partir de enero el acuerdo fase 1 firmado con Estados Unidos para no bloquear el comercio internacional, y promete abrir (con excepciones) su mercado interno a los extranjeros. 

En cuanto al orden interno, Pekín introducirá una ley de seguridad nacional en Hong Kong. La ciudad conocía desde 2019 una crisis mayor tras el proyecto de ley autorizando la extradición de sospechosos a China continental, lo que puso a medio millón de manifestantes en las calles. La decisión actual afecta el compromiso de la Declaración Conjunta Sino-Británica que garantizaba un "alto grado de autonomía" para Hong Kong hasta al menos 2047. El último gobernador británico de la antigua colonia, Chris Patten, calificó la decisión de "asalto integral". El índice Han Seng, la bolsa hongkonesa, se hundió el viernes a 1.259 puntos, tras sufrir la mayor caída desde 2015.

En el caso de Taiwán, aparte de los sobrevuelos de aviones militares chinos sobre la isla, la Organizacion Mundial de la Salud (OMS) le ha impedido asistir como observadora a Tsai Ing-wen en la asamblea anual de la organización iniciada el lunes. El balance ejemplar de la antigua Formosa, que con una población de 23 millones de personas, que solo ha tenido 440 casos de contagio y solo 7 muertos. La isla fue, desde el 31 de diciembre, la primera en reaccionar al coronavirus pidiendo "informaciones" a la OMS, que no ofreció ninguna respuesta, lo que condujo a Taipéi (su capital) a tomar inmediatamente medidas de filtración de los pasajeros procedentes de Hubei, tres meses antes de que China admitiese que el virus se transmitía de persona a persona. Un rival demasiado adelantado para que la OMS, en manos de China, la aceptara en sus filas.

Otro punto crucial para Pekín en las "dos sesiones" es la financiación del Ejército, donde los líderes militares luchan por una aumento sustancial de su presupuesto. Conflictos como los que se repiten en el mar del Sur de China imponen su actualización, toda vez que el gasto en defensa de China es de 261.000 millones de dólares frente a los 732.000 millones de los estadounidenses.

Aparte de la necesidad de mantener disciplina en el gasto, la posibilidad de un conflicto militar en la zona se considera baja.

La orden de Xi Jinping de "prepárate para ganar guerras" emitida en 2017, la estrategia de "rejuvenecimiento" del Ejército en una fuerza de combate de primer nivel está prevista para 2050, un año después del centenario de la fundación de la República Popular China por Mao. Cita histórica para que China, según dijo en 2017 Xi, mire al resto del mundo "desde las alturas". Probablemente, para entonces el nuevo emperador ya estará programando su estancia en la Ciudad Prohibida, varias veces destruida. 

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