Aquí estamos, aquí, todos, y somos tal y como la madre que nos parió, tú, Aznar ridículo, tú, Aznar-Escorial, Escorial que quiere decir que viene de escoria, indeseable individuo, por siempre cabalgando a la derecha de Atila, perdido completamente en tu espiral de arrogancia y de avaricia, de engaño y de mentira, de estupidez sin límites. Ciertamente hemos conocido a asesinos más humanos que tú, incluso a ladrones más fraternales que tú, y sin duda a enemigos terribles más dignos de consideración. Afortunadamente nos recuerdas cada día que pasa la banalidad del mal, el ridículo permanente de España, la profunda vergüenza que nos produces tú y el totalitarismo que representas, el franquismo, el imperialismo desbocado, la guerra y el saqueo que tú encarnas mejor que nadie, falangista. Aquí estamos, y estamos en el lado correcto de la historia, afortunadamente no tenemos nada que ver contigo porque no creemos en la tiranía de la represión, ni en la violencia de la imposición, ni en el secuestro permanente al que sometes a la democracia. Tú y el grupo de gentecilla que ha convertido España en una nave pirata, una nave en la que no se respeta el derecho internacional, ni hay justicia ni ley, donde los seres humanos no son libres e iguales entre ellos.

Han pasado cuatro años y ninguno de los nuestros ha cambiado de bando. De hecho, cada vez que nos contamos y nos volvemos a contar somos más en el grupo, y estamos aquí, todos, nosotros, los partidarios de la independencia, los partidarios de perderte de vista, ya que uno de los grandes atractivos de marcharse de España es éste, poder olvidarte para siempre, a ti y a los que son como tú, dirigentes políticos enchufados por las eléctricas, privilegiados por el grandísimo capital, políticos del egoísmo político más obsceno, del clasismo más desvergonzado, de la inmoralidad más sincera, que ya no se puede disimular ni se mantiene en pie. Tú como Felipe González, como M punto Rajoy, como José Luis Rodríguez Zapatero, como Pedro Farsánchez, como Juan Carlos de Borbón, sois un grupo de vividores y de maltratadores, y nos habéis enseñado el verdadero motivo por el que va tan mal el mundo, nos habéis demostrado que sois un peso muerto, el gran estorbo, que necesitamos deshacernos de vosotros para que la vida continúe, para que Catalunya continúe, porque no hay futuro posible con esta casta parásita, con una aristocracia colonial, los más nítidos enemigos del pueblo. Sois siniestros.

Aquí estamos, somos la mayoría de Catalunya, somos la nación catalana que queréis eliminar, pero por eso mismo aún estamos más determinados y más decididos: no os lo permitiremos. Primero deberéis matarnos para poder derrotarnos. Somos todo el país latiendo por la libertad y que os escupe a la cara. Han pasado cuatro años y ahora ya nos conocemos todos mejor, ahora os será infinitamente más difícil volver a engañarnos con vuestras treguas trampa y vuestras palabras vacías, ahora ya sabemos el gran secreto que los políticos catalanes tampoco nos quieren confesar. Que no tenéis remedio. Que España nunca detendrá su represión ni la persecución de los catalanes, que nunca volveremos a la placidez de la autonomía porque ya hemos entendido quiénes sois y lo que queréis. No dejaréis de perseguirnos porque el día que España deje de reprimirnos se acabará España, porque el día que España deje de zurrarnos, abriremos la puerta de par en par, dignamente, y nos marcharemos para siempre, sin mirar atrás. Aquí estamos, como la madre que nos parió. En vuestra contra tenemos un lema bastante eficaz, de tres sílabas, que sabemos que os derrota y os encabrona bastante. Os diré cuál es: Puig-De-Mont.

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