Los hay que no son catalanes como nosotros. Son los que tienen algo escondido en un país extranjero, algo de dinero que es suyo de verdad y que lo tiene fuera porque se lo ha ganado honradamente, hoy sólo hablo de los honrados, que unos cuantos sí quedan. Y tienen el peculio fuera por si acaso, por si un día se te mete la txakurrada en casa y te dejan a ti y a tus retoños en la calle, los pequeños en pañales y tu en calzoncillos, dando pena, como una mesita de noche esperando ese último reciclaje, coja de un pie, a la intempérie. Los hay que si tienen que irse tienen claro un destino, pueden irse a Senegal, por ejemplo, porque ya les conocen allí, o a Bélgica, o a Suiza, que allí conocemos a  amigos. Hay quienes tienen muchos amigos en el mundo y que, además, estos amigos son premios Nobel y eso es formidable y bueno, muy bueno. Porque quien tiene un amigo tiene un tesoro y si es un tesoro con premio Nobel ya es el rien-ne-va-plus de la hermandad. Ciertamente el independentismo no es cosa de cuatro escogidos, de cuatro agrarios, de cuatro universitarios subvencionados. La mayoría somos pobres como en todas las revueltas, pero también los hay ricos, bien situados, notables, personas de la más alta consideración. Al fin y al cabo las grandes revoluciones las han hecho los burgueses, empezando por Washington y acabando con Lenin. Aunque se haya dicho y repetido que la revolución de los catalanes va de abajo hasta arriba, lo cierto es que cada vez hay más protagonismo de los de arriba, cada vez pesan más y son más pesados. Sobre todo cuando los de arriba se han subido para decir hoy, ahora, lo mismo que dijeron entonces, antes del primero de octubre, encima de un coche. Que no nos pase algo, que todo el mundo se vaya a casita, que se está muy bien allí. Que se pretendía únicamente asustar a los españoles, pero que ahora el miedo ha cambiado de bando, he aquí que estos dirigentes nuestros ya no quieren hacer el camino con el pueblo, porque al final se ve que no creen que la política se deba hacer de abajo hasta arriba. Por los actos que van haciendo los conoceréis. Aquí nos conocemos todos y cada vez mejor.

Yo he visto cosas que no las creeríais jamás. El primero de octubre he visto paramilitares de la Guardia Civil apaleando a gente desarmada en Sant Julià de Ramis, ante la urna presidencial donde debía votar el Muy Honorable Puigdemont. He visto a la Medusa Álvarez de Toledo rondando por allí, echando rayos por los ojos contra la multitud popular que luchó para que no se la tragara la oscuridad de la Puerta de Tannhäuser. Mientras esté vivo recordaré como si fuera ahora la determinación de los vecinos, escondiendo las urnas, las papeletas, determinados, dispuestos a defender a muerte, si hubiera sido necesario, a la persona de Carles el Grande, la integridad de la figura presidencial. Aquel día no tuvimos difuntos ya que nuestro capitán consiguió escapar y votar en otro lugar, rehuyendo la confrontación abierta de los armados contra los desarmados, evitando un baño de sangre que parecía seguro. Pero ahora la buena gente de Sant Julià de Ramis, la buena gente de Cataluña y del país entero ve como una vez liberados los nueve presos políticos más conocidos, nos hemos quedado prisioneros todo el resto del país. Vemos que con chantajes, que con homenajes y celebraciones a los ex presos, con buenas palabras, los políticos profesionales, los flautistas de Hamelín que nos iban a llevar a la independencia parece que nos estén llevando hacia la Transición de 1978. Vemos que, para los medios de comunicación, unos medios de comunicación pagados por todos estos políticos, no ha sido igual el martirio de la consejera Bassa que el de Tamara Carrasco, esa humilde heroína de Viladecans que no tiene ningún partido político detrás, pero que es una mujer admirable. Que no es igual la prisión del madrileño Dani Gallardo que la de Raül Romeva. ¿Me pueden decir si Dani Gallardo está todavía en prisión como sabemos que Romeva ya ha sido indultado? Según me informan unos amigos actualmente tenemos en prisión a los siguientes presos políticos: Mohcine El Mesbahy, en Puig de les Basses, Pablo Hasel, en la prisión de Ponent, y seis anarquistas italianos y franceses que continúan encarcelados y que se manifestaron a favor de Pablo Hasel.

En Catalunya siguen habiendo presos políticos porque Oriol Junqueras no ha sido el último en cerrar la puerta y apagar la luz. Porque si primero les inspeccionamos el carnet político que llevan es que aún no somos una sociedad madura, aún somos una sociedad que quiere seguir teniendo presos políticos. Y sobre todo porque con las acusaciones sobre más de tres mil represaliados catalanes, en los próximos meses, se traducirán en condenas de prisión en firme. La justicia europea parece que ha decidido proteger a los nueve presos políticos liberados, a los políticos exiliados, a Valtònyc y a algún otro más, pero, en general, se lavará las manos. Los otros no son nadie para la clase política europea. Estos presos políticos que aún están en la sombra no tienen ningún partido político detrás, ni protectores económicos, porque en esto de las revueltas también hay clases y a los unos se les pagan las multas y a los otros no. Unos salen cada día en los periódicos y los otros no. Existe una prensa que todo esto no os lo cuenta, ¿verdad?

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