Es curioso que algunos que exigen reconciliación entre catalanes, algunos de los que acusan de odio solo a los independentistas, suelen ser los mismos que, a la mínima, te hacen de improvisados psicólogos o de psicoanalistas vicarios. Al menor descuido, zas, con gran solemnidad, se ponen graves y paternalistas, y proclaman desolados que la sociedad catalana está enferma. Se hace un silencio. Sí, sí, incluso que está muy enferma. Te acompañan en el sentimiento y ponen gesto trágico. O rebaten tus opiniones por Twitter pretendiendo que, solo de un simple vistazo, solo porque han leído una frase tuya, o dos, enseguida han visto lo que te pasa, qué es lo que te está carcomiendo por dentro y pueden diagnosticarte cuál es tu enfermedad, qué problema de salud ataca a tus neuronas. Si eso fuera cierto, evidentemente constituiría un gran avance tanto para la ciencia y como para el bolsillo. Ya no necesitaríamos costosos y largos exámenes médicos, interminables exploraciones psicológicas de los profesionales que pueden durar semanas y meses. Sería un formidable avance si no fuera que la ignorancia siempre es muy atrevida y que hay charlatanes en cualquier esquina. “¿Estáis enfermos de odio”, te escupen. O “destilas odio”, como si te dedicaras a trabajar con alambiques y probetas. O “rezumas, segregas odio”, como si te derramaras por una herida y ellos fueran especialistas clarividentes, expertos en fluidos. Aquí, gracias al proceso independentista, quien ha querido ha podido ejercer de politólogo de urgencias, de jurista en todas las leyes y lo que es más importante, se ha doctorado en medicina y en psiquiatría. Con esa alegría.
Lo cierto es que, precisamente ahora, ha aparecido una encuesta del CIS, del señor Centro de Investigaciones Sociológicas de España, que se ha atrevido a dar algunos datos pretendidamente serios. Según esta reputada institución los electores de nuestro Estado tienen una base neuroquímica diferenciada entre otros hechos diferenciales. Parece ser que los votantes que están menos deprimidos o tristes, es decir, que los que están más contentos son los de Esquerra Republicana, ya que solo el 1,3% se declaran muy a menudo deprimidos y solo el 2,6% ocasionalmente deprimidos. Además son los que duermen mejor porque solo el 2,6% duerme a menudo mal y un 7,9% solo alguna vez no puede dormir. Tienen, por lo tanto, y siguiendo la lógica más evidente, la nota más alta de felicidad, todo un 7,83 sobre 10. ¿Es gracias a la posibilidad real de independencia de Catalunya? Pudiera ser, porque los votantes del PDeCat, según el CIS, como digo, tampoco es que estén muy mal. Solo están tristes el 6,5% y duermen mal un escaso 9,7%. Con una nota final de felicidad de 7,74. Nada que ver con los españolistas que, con razón, se les ve tan mal. Algunos indicadores negativos duplican o, incluso, triplican los de los separatistas. Los que votan socialista están deprimidos entre el 6,6% y el 11,7%, duermen mal entre el 8,9% y el 16,6%, y tienen una nota de felicidad del 7,45. Los del PP también están más fastidiados porque, según esta encuesta, están deprimidos entre el 7,2% y el 8,7%, duermen mal entre el 8,4% y el 14,5% y la nota de felicidad es un 7,65, más alta que la de los socialistas pero tampoco para echar las campanas al vuelo. Los electores de Ciudadanos, por su parte, están mejor que los anteriores pero bastante lejos de los independentistas, puesto que se sienten deprimidos entre el 6,2% que lo están a menudo y el 5,8% que solo lo están a veces. Duermen a menudo mal el 8,5% y solo a veces mal el 10,7%. Y tienen una nota de felicidad casi igual que los del PP, como puede parecer lógico, un 7,64, una centésima menos. Los de Podemos son, por último, los que tienen la peor nota de felicidad, un 7,42, con un porcentaje de tristeza o de depresión de entre el 5,0% y el 9,9%, y no concilian el sueño del 9,5% al 10,8%. Nos deberíamos hacer reconocer todos. Es extraordinario a qué se dedican los presupuestos públicos, a hacer encuestas como ésta.
No me sorprende tampoco que, según estas informaciones del CIS, los que más van al médico cuando tienen un problema leve de salud son los del PP (21,9%) y los que menos son los de Ciudadanos (7,6%), mientras que los del PSOE van al médico más o menos como los del partido de M. Rajoy, un 21,8%. Los de Podemos van a que los reconozcan el 11,7%, los del PDeCat el 19,4% y los de Esquerra Republicana, sanos como manzanas, van solo al médico el 9,2%. Los republicanos son los grandes ganadores. Insisto en que estamos hablando solo de problemas de salud leves. Imposible dejar de recordar la conocida sentencia de Joan Capri cuando comprobamos, por último, que los que toman más hierbas o infusiones son los del PDeCat (19,4%) y los de ERC (17,1%) mientras que los alternativos de Podemos solo las utilizan el 9,9%, los socialistas el 8,7%, los de Ciudadanos el 8,5% y los del PP un raquítico 6,5%. La sentencia del gran humorista catalán es ésta: “Sistema català, si et fa mal, posa-t’hi fulles” (si te duele, te jodes).