Se atribuye esta frase al ministro franquista Pío Cabanillas Gallas, que sabía muy bien cómo son por dentro los partidos políticos. En los partidos políticos no hay amigos que valgan, y las únicas relaciones sentimentales permitidas son las de tirria profunda, las de odio encendido y caníbal, que no hay peor enemigo en el mundo que un buen compañero de partido, que un competidor, que un camarada que te purgará al modo de Stalin, que abrirá fuego de improviso y no bastará con agacharte —en los partidos uno se agacha a menudo—, deberás quedarte tirado en el suelo como lo que, en catalán, llamamos una alfombra. Joan Puigcercós, el antiguo presidente de Esquerra Republicana de Catalunya, tiene una frase bastante similar que suelta a sus aliados de partido cuando se dirige a ellos en una conversación privada: “Compañero y, sin embargo, amigo”.

Dentro de la formación republicana parece que la figura de Oriol Junqueras, respetabilísima, es cada vez más venerada como la de un ausente mitológico, y se ha acabado convirtiendo en una especie de José Antonio Primo de Rivera dentro del Movimiento franquista

Nunca se puede decir a ciencia cierta lo que ocurre dentro de las estructuras políticas ultrasecretas, cerradas a cal y canto por la ley del silencio, ayer en el Kremlin, siempre en el Vaticano o hoy en ERC, pero todo hace pensar que ha comenzado la lucha abierta por la sucesión, por la toma indisimulada del poder. Ya se ha empezado a abandonar al líder nominal y las adhesiones buscan otro eje al que engancharse. Dentro de la formación republicana parece que la figura de Oriol Junqueras, respetabilísima, es cada vez más venerada como la de un ausente mitológico, y se ha acabado convirtiendo en una especie de José Antonio Primo de Rivera dentro del Movimiento franquista, salvando todas las distancias, que son unas cuantas. Se le reverencia pero no se cuenta con él, ya que desde una prisión no se pueden hacer demasiadas cosas. Y a Junqueras ya le halaga ese papel semidivino, espectral, de holograma místico. Lo mismo se puede decir de la figura de la secretaria general, Marta Rovira. Una persona que como Anna Gabriel, incomprensiblemente para el común de los mortales, escogió Ginebra como destino del exilio, una ciudad que no permite mucho activismo político, por no decir ninguno. A veces parece que quien esté en la cárcel sea Rovira y no Junqueras, y hete aquí que sus movimientos han sido tímidos, sus comunicados políticos breves y extraordinarios. Así, provista de una nueva monarquía simbólica, como de un Jesús y de una Virgen María inesperados, ERC camina hacia su nuevo congreso de pasadas las vacaciones, un encuentro que escenificará lo que ahora se está batallando a toda castaña, medio en secreto, en este nuestro tiempo de africana canícula.

Probablemente Joan Tardà y Gabriel Rufián tendrán un papel decisivo en la nueva dirección de ERC. Rufián se puede decir que se ha convertido en la auténtica estrella de las redes, el político republicano más notorio, siempre protagonizando polémicas con más o menos sentido, corrigiendo y aumentando el modelo o principio de confrontación activa de Inés Arrimadas. A Joan Tardà, lo vi presentado, en un reciente cartel de ERC, como “símbolo del partido”, o lo que es lo mismo, como la bandera que represente un nuevo independentismo, místico, lejano, simbólico, etéreo e inalcanzable para los catalanes de hoy pero que, sin duda, verán nuestros hijos. O nuestros nietos. Cada día la política parece más paralizada, más simbólica y menos activa. Cada día que pasa parece que el dogma espiritual quiera imponerse sobre el pragmatismo de los electores.

Jordi Galves
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