Hong Kong era un buen ejemplo de cómo combatir la propagación del coronavirus porque tiene tantos habitantes como Catalunya, 7,5 millones, y, a pesar a estar situado sólo a mil kilómetros del primer brote de Wuhan, las medidas drásticas e inmediatas de confinamiento permitieron reducir el número de infectados a 100, de los cuales sólo 2 murieron. El dato es de fecha 2 de marzo. Fue cuando el gobierno de Hong Kong cantó victoria y relajó las medidas de confinamiento. Los funcionarios y los trabajadores del sector privado volvieron a la oficina y el metro volvío a registrar las aglomeraciones habituales. Las cifras se mantuvieron bajas con la reanudación de la actividad, pero de pronto, esta última semana, los infectados se han duplicado. El gobierno que preside Carrie Lam ha vuelto a restringir la circulación de personas e incluso ha ordenado expulsar del país a todos los no residentes. En Hong Kong, los muertos a causa de la pandemia son ahora mismo 4. Esta cifra en Catalunya está a punto de multiplicarse por 100. La referencia de Hong Kong demuestra que la batalla contra la pandemia en Occidente será mucho más larga de lo que ahora nos podemos imaginar. Quizá se pueda doblegar la curva de la propagación del virus de aquí a un mes, pero las medidas de confinamiento no se podrán levantar durante mucho tiempo...

Finalmente, esta hermandad de avariciosos plutócratas que integran el Comité Olímpico Internacional no ha tenido más remedio que rendirse a la evidencia y dejar los Juegos de Tokio para no se sabe cuándo. Sabe mal por los japoneses. Imaginemos el daño que nos habría causado que aquella ilusión olímpica de Barcelona se hubiera frustrado por una epidemia. Pues no habrá Juegos Olímpicos, que estaban previstos… para finales de julio. Tampoco habrá Roland Garros, ni Tour de Francia, ni Wimbledon a pesar de las obsesiones de Boris Johnson. Y todo esto era para el verano. Así que habría que empezar a hacer planes al menos de cara a otoño.

Los mismos profetas de la austeridad comienzan a admitir que los estados tendrán que endeudarse y que incluso habrá que repartir dinero entre la gente. La renta mínima de ciudadanía la proponen ahora no los anticapitalistas sino los poderosos

Por supuesto tampoco habrá Champions League ni se reanudará la Liga, pero la agenda deportiva siendo como es muy ilustrativa obviamente no es lo más importante. A lo mejor en otoño se podrá comenzar a recuperar lo que llamamos "la vida normal", pero ya será otro tipo de vida porque el planeta habrá cambiado. Las fábricas que, como la Seat o la Nissan aquí o la General Motors y la Chrysler en Estados Unidos, han parado la producción la reanudarán pero no al mismo ritmo, teniendo en cuenta que no todos los proveedores —miles para cada vehículo— habrán resistido, y sobre todo porque el mercado caerá en picado. Difícilmente la demanda subirá cuando algunos informes financieros que circulan prevén, por ejemplo en España, una escalada del paro hasta el 24%.

Sin duda, el sistema saltará por los aires. Hasta ahora la ortodoxia económica que imponían los países dominantes obligaba a restringir el gasto y ahora los mismos profetas de la austeridad comienzan a admitir que los estados tendrán que endeudarse y que incluso habrá que repartir dinero entre la gente. Conceptos como la renta mínima garantizada o la renta de ciudadanía está ahora sobre la mesa no porque los colectivos anticapitalistas hayan conquistado el poder, sino porque los poderosos no ven otro remedio para mantenerse. Milton Friedmann, líder intelectual de los ultraliberales Chicago Boys, o sea, la derecha más pura y más dura, popularizó la teoría del helicopter money. En el sentido de que en una determinada situación de falta de liquidez, para evitar la deflación, los bancos centrales deberán repartir dinero no sólo entre las empresas, también entre la gente empobrecida para que pueda gastar. El nombre del concepto viene a sugerir un helicóptero tirando billetes a la gente. Efectivamente, el mundo será otro. Y me gustaría vivir para verlo.