Pedro Sánchez está en su momentum justo cuando el frente de izquierdas más necesita el suyo. Sin la disrupción de la agenda judicial y la derecha enredada en sus pactos, domina el espacio político, el dialéctico y el electoral de la izquierda. Supo aprovechar la coyuntura y adelantarse con un posicionamiento contra la guerra de Irán que, aun con matices, ya es dominante en Europa y fuera de ella. El resultado del 30% de voto en Castilla y León con la desaparición de IU y Podemos le ha dado un respiro, aun no siendo representativo de la foto nacional y aunque allá por donde pasan las urnas no sean alternativa de gobierno. Pero este es el contexto donde Gabriel Rufián, Irene Montero, Yolanda Díaz y Antonio Maillo tienen que hacerse hueco. En dos meses debería estar resuelto el liderazgo y el formato, pero no hay síntomas de que el frente de unidad coja cuerpo. A los pistoletazos de salida de finales de febrero llega el de Rufián-Montero de este fin de semana.
Aun con la retirada de Yolanda Díaz, Podemos pretende construir el espacio de unidad desde la humillación a Sumar
La principal fortaleza es el hueco natural de la alianza electoral. Las últimas referencias son el 12-13% de 2019 con Podemos, IU y las confluencias y el 12,3% de Movimiento Sumar en 2023. Un porcentaje muy similar pero menor en escaños —35 frente a 31—, por cómo se distribuyó el voto territorialmente. El resto son debilidades y se acumulan. Yolanda Díaz salvó los muebles de la primera coalición en su transición a la segunda. Pero el sangrado de Magariños —el Vistalegre de Pablo Iglesias— y el fratricidio de Podemos desde el Grupo Mixto les han traído hasta aquí en estas condiciones. Aun con la retirada de Yolanda Díaz, Podemos pretende construir el espacio de unidad desde la humillación a Sumar. Irene Montero, en su video subido a X, señala que le “encantaría hacer equipo”. No habló de Sumar, IU, Comuns o Más Madrid, los cuatro partidos de la coalición, presentes en el Consejo de Ministros, que ya lanzaron su alianza para las generales el pasado 21 de febrero. Señalar a Rufián y no al resto es una declaración de intenciones. O de guerra. Y no arroja claridad a la pregunta fundamental: ¿qué va a hacer Podemos? Los morados estarían cómodos en el bloque plurinacional de ERC, Bildu y BNG. Pero ese bloque no existe y sus líderes orgánicos lo han descartado. Igual Montero necesita una pista de aterrizaje al bloque después de los resultados autonómicos, pero los mensajes en redes de Pablo Echenique contra Sumar van en sentido contrario.
Casi todo está en IU y los nacionalistas. No hay más fuerza orgánica que la del partido histórico con su mayor granero en Andalucía. Alrededor hay demasiados fuegos de artificio y el bloque ERC-Bildu-BNG no tiene encaje electoral. La vía Rufián apoyada por el PSOE, el excel por provincias que amplifique la representación —todas las de cuatro escaños, por ejemplo— es independiente de la papeleta que necesitan los electorales para saber a quién votan.
En Podemos no son del todo conscientes de su pérdida de pegada electoral y son la mínima expresión en parlamentos autonómicos y el Congreso. IU tiene la estructura orgánica pero no tiene líderes reseñables que puedan marcar el camino al resto. Y hay mucho descarte y pocos nombres con tirón. Antonio Maillo (IU) ya se ha descartado, al igual que Pablo Bustunduy (Sumar). Más Madrid tiene a Mónica García, enfrentada a Podemos. Y los Comuns, descartados para armar el frente estatal. El sueño de Podemos pasaba por la venganza dulce de matar a Díaz y colocar a Montero. Esa coyuntura es hoy tan tóxica que —aun dándose— no tendría el apoyo de la alianza de izquierdas.
Pero aun sin líder, Sumar no va a ceder. La batalla y su escenificación con el decreto de alquileres tuvo un primer round en el Consejo de Ministros y el segundo con la llamada a la movilización ciudadana. No va a salir. Junts no se va a mover. Y es posible que tenga un cierto desgaste la constatación de que el socio minoritario no tiene capacidad de aprobar sus medidas. Pero también ha conseguido sacar la cabeza y, en este momento de toma de posiciones dentro del Gobierno y fuera, les va bien.
Junts no va a aprobar el Real Decreto de Sumar. La llamada a la movilización ciudadana por los alquileres es el segundo round de Yolanda Díaz para marcar agenda